"No pretendo entrar en ese aspecto del proceso descentralizador de la SEP, porque no es el objetivo de este artículo, simplemente mencionarlo y comentar que ello, contribuyó a legitimar la nueva organización del SEM, trasladarla a los estados, y que cada uno organice a su interior las nuevas reglamentaciones académicas y normativas, pero orgánicamente la SEP, sería la principal cabeza para impulsar las nuevas alternativas que serían adoptadas tácitamente por cada entidad federativa".

Con las dos reformas profundas al SEM mencionadas en el artículo anterior de esta revista prestigiada, México elevó su desarrollo social y económico, con el petróleo nacionalizado, una industria que empezaba a crecer, la agricultura campesina se le consideraba su producción dentro de la economía nacional (producción de alimentos baratos), consumo nacional y excedente a la agroindustria. Con alimentos económicos, fácil de adquirirse, se podían tener excedentes en los salarios de los trabajadores para emplearse al consumo de la producción industrial; la economía nacional estaba en equilibrio; los currículum de los diferentes niveles educativos se aplicaban para contribuir al desarrollo nacional a su interior. Pero al paso del tiempo, la SEP con su aparato burocrático, convertía el proceso educativo en obsoleto en relación a las nuevas exigencias internacionales.

Se debatía la organización del SEM entre la centralización y la descentralización, la calidad educativa centraba su enfoque a la eficiencia y la competitividad, no nada más en el proceso formador, sino también en la organización, operación y evaluación del nuevo modelo educativo. Habría que tomar una decisión para entrar al tobogán dinámico que la economía global requería. Para poder impulsar la nueva reforma educativa, el gobierno mexicano (Salinas de Gortari), necesitaba la alianza con el aparato corporativo del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que en ese momento era un poder dentro del poder. Había que destronar ese poder, y en su lugar, dar impulso a la disidencia con un nuevo poder cupular, que contribuyera a la decisión gubernamental de organizar la descentralización del SEM.
No pretendo entrar en ese aspecto del proceso descentralizador de la SEP, porque no es el objetivo de este artículo, simplemente mencionarlo y comentar que ello, contribuyó a legitimar la nueva organización del SEM, trasladarla a los estados, y que cada uno organice a su interior las nuevas reglamentaciones académicas y normativas, pero orgánicamente la SEP, sería la principal cabeza para impulsar las nuevas alternativas que serían adoptadas tácitamente por cada entidad federativa. Pues “la centralización se convertía en un obstáculo para el progreso, cuando tiende a deprimir la iniciativa local” cita de Gregorio Torres Quintero 1911, quien ya vislumbraba la federalización del sistema para un mejor desempeño del acto educativo, que tomara en cuenta la realidad y condiciones regionales del país.

Desde entonces se veían los inconvenientes del poder centralizador de la SEP; de cualquier manera, la descentralización conservaba intacta los criterios de no tomar en cuenta la parte activa de los maestros, sólo en forma indirecta a través del poder monopólico del SNTE. Se logra el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, el 18 de mayo de 1992, entre el secretario de educación pública, la dirigente del SNTE y los gobernadores de los 31 estados de la República. “La descentralización del SEM es un hecho en sus aspectos operativos; sin embargo, el gobierno central mantiene parte importante y funciones sustantivas para que no se interrumpa el proceso educativo” (Carlos Ornelas 2011, p. 285).
se abren nuevas perspectivas en la visión y misión en el sistema educativo mexicano; una tendencia es enfocar los instrumentos (currículum) hacia los criterios que sugiere el neoliberalismo, otra, el de enfocarlo a una mayor democratización social. Se debate la educación entre la formación del ser mexicano a ser más competente, eficiente y eficaz para ingresa al mercado laboral, cuyas competencias técnicas y profesionales, sean útiles a las exigencias que demandan las empresas multinacionales, en menoscabo, a las necesidades reales que requiere el país, y la de retomar los fines que Vasconcelos y Narciso Bassols proponían: preparar al mexicano desde la educación básica el acento en los valores de la ciudadanía; en la educación media superior se haga la transmisión de los valores a las cualidades instrumentales, y en la superior hacer hincapié en preparar a los productores para la economía abierta, insertar a la educación con un proyecto democrático y equitativo (Ornelas, 2011, p. 327).

Como un ejemplo del poder centralizador y enfoque neoliberal, pondré el caso del nivel medio superior en lo que respecta al bachillerato tecnológico (agropecuario y los industriales y de servicios), fragmentan sus currículos con varias carreras técnicas con el fin de dispersarlos en sus demandas laborales al egresar, y que sean nuevos emprendedores de su autoempleo a través de las competencias establecidas en los programas de estudio. La ética se pierde, pues lo más importante es competir individualmente, cada quien con sus armas entablará la lucha en el escenario que la realidad le ofrece, todos contra todos, para obtener un puesto en lo privado o en lo público, pero nada a favor de la colectividad.

Estas disputas entre las fuerzas fácticas tanto del gobierno como de la sociedad civil, dispersan la razón de ser del sistema educativo mexicano: a los fines sustentados en el Artículo 3ro. Constitucional; a los maestros como el eje importante del acto educativo; a los alumnos como los actores potenciales a transformar a la nación; a los contenidos y métodos educativos; a los materiales (libros de texto, bibliografía extra), combinados todos en la convergencia del proceso formador del estudiante. Aunado a lo anterior, los impactos negativos proporcionados por los resultados de la evaluación nacional: Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares (ENLACE) y del Examen para la Calidad y el Logro educativo (EXCALE),y la prueba internacional (PISA), pruebas que preparan para aprobar, exámenes que no tienen repercusión en el currículo. Y el único pagano de esos resultados es el maestro. Como si los nuevos cambios en la educación impulsaran el proceso que potencia al sistema educativo en su totalidad.

Todas estas discusiones que se dan en las alturas, distraen de manera concreta los análisis en las causas radicales. Los efectos, cambios remediales: Coordinación Nacional del Servicio Profesional; Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial; Conferencia Nacional del Sistema Nacional de Evaluación Educativa y la puesta en marcha los concursos de oposición de educación básica, no van a trascender el acto educativo. ¿Por qué? Simple y sencillamente porque no se ha hecho una evaluación auténtica y holística del SEM. Existen otros factores de mayor envergadura que rodean al fenómeno; la falla no está en los maestros únicamente, ni tampoco se le dé otro peso a la responsabilidad a la familia, esto no es más que soslayar la responsabilidad política y social del Estado.

El maestro frente a grupo al iniciar la clase, se encuentra con la realidad tal cual es: alumnos mal nutridos, porque la mayoría de los padres son desempleados o padres pertenecientes al sector campesino, cuya cosecha no es rentable por la comercialización despiadada de acaparadores, y las autoridades del ramo, soslayan su responsabilidad en atención al campo. Los niños a la media hora de clase están bostezando ¡tienen hambre señor secretario de educación! Los útiles escolares con precios elevados, todo ello influye en el proceso de aprendizaje. Existe asimetría en la eficiencia terminal (adquisición de conocimientos) de un grado a otro, de un nivel a otro, ¿qué estamos produciendo? ¿Qué hace el maestro? Promoverlos en relación a su asistencia, aunque en lo académico no se justifique, es como arrastrar al tren con dos mulas famélicas.

Existen varias respuestas al fenómeno educativo: unos, que el problema es originado por el contexto socioeconómico; otros, que se debe a la estructura del modelo educativo; unos más, achacan la responsabilidad al trabajo docente; y otros, la descomposición o desestructuración de las familias. Axel Didrikson propone: “una política de Estado en educación superior que deseche la idea que se debe privilegiar sólo el acceso a los niveles básicos y media superior mediante políticas de corte asistencial como las becas, y desmenuza una estrategia de transformación orgánica de las estructuras estatales que articulan el sistema educativo, cultural y científico” (citado por Márquez Covarrubias, Jornada Zacatecas 12 enero 2015, p. 16).

Se requiere una revolución educativa que transforme realmente las estructuras orgánicas estatales que limitan, obstaculizan el fluir del sistema educativo mexicano, Una revolución que trastoque no nada más lo educativo, que cimbre y destruya la organización y funcionalidad como están desempeñándose las instituciones, las cuales están trabajando acorde a los intereses personales y mafias en cada secretaría, en cada una de las direcciones correspondiente a la dependencia; las cuales han sido atrapadas en la corrupción, mediocridad, impunidad, dirigidas por grupúsculos ungidos como sanguijuelas en todos y en cada uno de los sectores públicos desde hace varios sexenios, pues nadie los ha removido de sus puestos, ya que controlan desde oficinas centrales el poder político, venta de plazas, directores de escuelas eternizados, cuyo sustento es el autoritarismo para infundir temor y derivar docentes sumisos favorecidos con tiempos completos, entre otras cosas. ¡No más por favor! Entrémosle a una nueva visión de nuestro ser nacional.