"Fue un éxito la conferencia, nos emocionó conocer la experiencia de aquel reconocido mundialmente artista, sobre todo cuando nos habló de la igualdad entre los seres humanos, de la explotación del capital sobre la clase trabajadora, en fin nos habló de lo que queríamos oír y de las ideas apostólicas de redimir al oprimido que todos teníamos en la juventud".

¿Que por qué me gusta la poesía?

Porque hace medio siglo, siendo estudiante de preparatoria en Saltillo, y además presidente de la sociedad de alumnos, tuve la idea de invitar a un orador a que nos expusiera la doctrina comunista en aquella época tan de moda.

Aproveché que visitaba la ciudad un conocido artista de ideas izquierdistas y como todo un aventado estudiante, fui a buscarlo y le corrí la invitación a que hablara ante los quinientos estudiantes de la Escuela Preparatoria Nocturna en la cual todos los estudiantes trabajábamos durante el día y estudiábamos por la noche.

Fue un éxito la conferencia, nos emocionó conocer la experiencia de aquel reconocido mundialmente artista, sobre todo cuando nos habló de la igualdad entre los seres humanos, de la explotación del capital sobre la clase trabajadora, en fin nos habló de lo que queríamos oír y de
las ideas apostólicas de redimir al oprimido que todos teníamos en la juventud.

Al salir de la charla, ya como a las 11 de la noche, de un mes de octubre, salimos a las calles de mi ciudad acompañando al artista hacia su hotel, emocionados por haber conocido a
tan gran hombre.

Era una noche fría en la que la neblina, característica de la ciudad y de la temporada, desdibujaba los contornos de las casas y ponía un halo resplandeciente en las farolas que intentaban alumbrar la noche.

Al pasar por la plaza de armas, frente a la añeja catedral, el artista hizo un alto y quedó repentinamente callado, sin más ni más, ante el silencio atónito de la docena de estudiantes que
lo acompañábamos, se quedó mirando al hacia el cielo y con voz potente, sin embargo suave, casi
íntima, dijo:

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir por ejemplo: La noche está estrellada,
Y tiritan, azules, los astros a lo lejos”
“El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche,
Yo la quise, y a veces ella también me quiso”.
El hombrón, gordo, feo, casi un sapo-rana como acostumbraba firmar las cartas que
escribía a sus amadas, se transformó y quedó solamente su voz y sentimiento que a todos nos cautivó.
Cuando terminó:
“Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
Y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.”
Volteó a su alrededor y con una mirada circular miró a su reducida audiencia y dijo:
– “Poema 20 de Pablo Neruda”.
El nombre inolvidable del sapo-rana: Diego Rivera