He visto momentos de humanidad, de amor, de sufrimiento mutuo y de festejos con sonrisas cansadas.

Puedes ver miles de cosas en un hospital.
Personas sufriendo alguna enfermedad terminal o personas festejando su éxito ante la lucha, después de haber permanecido contables días postrados en una cama hospitalaria.
Pero, te has fijado en las familias que hacen guardia a su lado? El simple hecho de saber que hay alguien querido junto a ti es una mechita de salud. Que lo tomen de la mano cuando se siente la persona enferma perdido y confundido.
He visto momentos de humanidad, de amor, de sufrimiento mutuo y de festejos con sonrisas cansadas.
La otra noche, no cesaba mi admiración por aquella anciana que después de varios días no se separó nunca de su viejito. Sentada con tremendo edema en sus pies que le dificultaban sus pasos y el cabeceo con la boca abierta. Siempre al pendiente…
Es bello tener a alguien a tu lado, ese amor tan verdadero, tanto en las buenas como en las malas.

Puede ser terrible esa soledad, cuando miras a la puerta del cubículo en espera de que llegue alguien que pueda darte la mano, cuando la vejiga está completamente ocupada y sin poder bajar de la cama para ir al baño, cuando con pena pides a tu compañero de habitación un poco de papel sanitario o simplemente, cuando tienes tantas cosas que decir y la silla a la que volteas está vacía.
A veces es más fuerte ese dolor que la misma enfermedad.
Dicen que en vida pagas todo lo malo que has hecho, pero un paciente olvidado no debería de ser un castigo, no es un paquete más en un supermercado, de esos que dejas en paquetería y por olvido te da flojera ir a recogerlo.
El compromiso de tener una familia, de tener amigos, el compromiso de humanidad comprende todos los momentos. Cuando se es feliz y cuando se es infeliz.
Las lágrimas que salen de soledad, en la oscuridad y bajo la sábana en la cama incómoda de un hospital, nunca se borran.
Dios no inventó los castigos, que no sea una maldición, que no sea algo así como un mal que duele en el pecho.
Tener un amor sincero y un espíritu hermoso, que acaricie mi pelo y me regale una sonrisa cuando todo duele, cuando esté postrada en una cama… eso es lo que más ansío.