"Al ver los buenos resultados que se han obtenido mediante la publicidad en todos los ramos de la economía, los encargados de manejar la imagen de los servidores públicos, han visto en este medio, una herramienta muy eficaz para posicionar sus productos (políticos) en las preferencias del electorado, electorado generalmente inculto, apático, manipulable y falto de iniciativa para investigar y formarse sus propios criterios".

Uno de los elementos básicos de la publicidad, es la manipulación. Manipular en nuestros tiempos se ha vuelto un arte, y desgraciadamente, el arte de manipular se ha infiltrado en todos los ámbitos de nuestra vida social, política, de negocios, mercadeo, deportes, familiar, vacacional y de gastronomía. Nos encontramos en medio de una guerra ferozmente combatida por empresas, compañías, grandes corporaciones, monopolios y partidos políticos en la cual, nadie se ocupa de los principios éticos y morales del ser humano que deben regir en el medio de la publicidad.
Ayer, pude por fin, definir lo que para mí significa “publicidad”. Publicidad: “Es el arte de manipular la consciencia colectiva para crear necesidades que no existen y distorsionar la realidad sobre mercancías y personas con la única finalidad de posicionar un producto”.
Por medio de la publicidad, se originan rivalidades entre equipos deportivos, atletas, automóviles, escuelas y universidades, nos inducen a desear lo más caro, no lo más adecuado, la publicidad nos impide actuar de acuerdo a nuestra capacidad intelectual y económica, nos nubla la conciencia y mediante frases pegajosas, gente corrupta se vuelve sin saber cómo, en ciudadanos ejemplares.
La publicidad acaba con nuestra personalidad y por lo tanto, con nuestra autoestima al “sugerirnos” como vestir, que comer, cuánto ejercicio debemos hacer y cuántos litros de agua tenemos que tomar si queremos vernos bien, la publicidad actual, juega y manipula el deseo y la vanidad de las personas a tal punto de vernos en la necesidad de sacrificar nuestra paz emocional por obtener bienes que al tenerlos, no nos darán lo que se nos ofreció.
Al ver los buenos resultados que se han obtenido mediante la publicidad en todos los ramos de la economía, los encargados de manejar la imagen de los servidores públicos, han visto en este medio, una herramienta muy eficaz para posicionar sus productos (políticos) en las preferencias del electorado, electorado generalmente inculto, apático, manipulable y falto de iniciativa para investigar y formarse sus propios criterios.
Así, se han desarrollado agencias de publicidad capaces de vender al peor de los políticos, posicionándolo como un servidor público ejemplar a base de repetir y repetir y repetir hasta el cansancio una mentira, pero nunca nos advierten de las nefastas consecuencias que un tipo de estos nos puede acarrear.
¿Por qué en la compra de un automóvil, no se nos advierte, (como en los cigarrillos) el daño que el uso del vehículo está causando al medio ambiente? ¿Por qué al vendernos la imagen de un político, no se incluye su currículo, su declaración patrimonial, cartas de recomendación y un comprobante de no antecedentes penales o nexos con el narcotráfico?
Vivimos en un ambiente regido por el consumismo, un ambiente extremadamente competitivo en el que nos están obligando a hacer a un lado los sentimientos, nos dicen que las decisiones hay que tomarlas con la razón y no con el corazón, pero la razón que los medios publicitarios nos presentan como ciertas y verdaderas al final, no lo son.
En esta cultura, nos inculcan la máxima de “ser el mejor”, y nos dicen también, que para ser el mejor, hay que vacacionar en el extranjero, utilizar lociones y perfumes, asistir regularmente a ciertos restaurantes, utilizar lentes oscuros y salir en las páginas de sociales, ¿algún día, alguien se ocupará en publicitar valores y sentimientos?