"Muchos hombres comentan con cierto reproche que las mujeres fingen con mucha facilidad sus sentimientos durante el acto para que ellos puedan sentirse bien"

Es en verdad triste enterarse que la mayoría de las mujeres no viven relaciones sexuales plenamente satisfactorias con su pareja.
Esta circunstancia ha orillado a muchas a mentir, y afirman que sí se sienten muy bien, sin que esto sea cierto; a otras, penosamente las obliga a fingir durante el coito.

En general, todos aquellos individuos cuya vida sexual con su pareja no es lo que esperaban, imaginaban o soñaban, no se atreven a enfrentar la realidad. En primer lugar consigo mismos y, después, con su pareja. Temen que al decir abiertamente a su compañero la verdad, éste se incomode y pueda terminar la relación culpándola a ella, o que, con esa actitud sincera, él se sienta lastimado en lo más sensible y delicado de su persona, como es la intimidad sexual.

Entonces, estas mujeres, prefieren sacrificarse, a veces para siempre, y se encadenan perpetuamente a una vida sexual que, además de ser insatisfactoria, puede tornarse insoportable.
Lamentablemente, estas mujeres no están conscientes de que ese “sacrificio” las puede conducir a una depresión y, peor aún, a una insatisfacción con ellas que repercutirá en sus relaciones con su pareja, con sus familiares y con el mundo que las rodea.

No hay nada peor que tener un encuentro sexual cuando no se desea, o con alguien para quien sólo se es objeto de satisfacción. A menudo se escucha a mujeres de ciertos niveles sociales decir: Anoche mi marido me usó.

Muchos hombres comentan con cierto reproche que las mujeres fingen con mucha facilidad sus sentimientos durante el acto para que ellos puedan sentirse bien. Pero esto no tiene bases ciertas, es muy sencillo reconocer cuando una mujer está verdaderamente excitada; los signos claros son, entre otros: elevación notoria de la temperatura corporal, aumento de volumen de los senos, erección del clítoris, dilatación de las pupilas, aceleración del ritmo cardiaco, sudoración en las axilas o en todo el cuerpo, humedecimiento notable de la vagina, enrojecimiento de la piel con la posibilidad de presentar puntos rojos en algunas zonas delicadas.

Además de estos cambios físicos, que son respuesta a la estimulación, existen cambios y movimientos internos en las paredes de la vagina, en el cuello del útero y en el útero.
Toda esta cadena de respuesta sensorial no puede fingirse. Solo se siente, y el papel más importante del hombre es hacer sentir bien a la mujer, pero es indispensable que él también sienta y le inspira a su pareja la confianza plena para que así ella le exprese su insatisfacción, en caso de haberla, y juntos puedan buscar soluciones, no culpables.

Las diferentes disfunciones, en relación al deseo sexual son tratables, solo hay que decidirse a buscar ayuda, existen medicamentos y terapia sexual que pueden resolverlas.
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