"Algunos autores señalan que el avance en estas áreas está configurando una nueva era en el ser humano, “el transhumanismo”, paso previo a la era poshumana. Etapa donde el ser humano estaría constituido con tecnología integrada a su cuerpo".

En artículos anteriores en este medio, advertíamos sobre el riesgo que representa la pérdida de la privacidad debido al estado de vigilancia a que está sujeto el ciudadano con el avance tecnológico. Voces especialistas en la materia lo advirtieron en el pasado Foro Económico Mundial. En esta ocasión, abordaremos –en dos partes- otro peligro latente en esta sociedad del siglo XXI: la pérdida de la identidad del ciudadano.

En esta primera parte se presenta, de manera periférica, el contexto del análisis. Que bien pudiera ser considerado –hay que decirlo- como un escenario de ciencia ficción –como igualmente se expuso en el artículo anterior-, o una condición de la cual, por el espacio geográfico que habitamos –una ciudad pequeña, con problemas muy particulares, ajena a las dinámicas globales y más proclive a la tradición y la cultura regional- es irrelevante para la situación de nuestra existencia. Sin embargo, los cambios que tienen lugar a escala global, tienen impacto directo en cada rincón del planeta. Nunca antes en la historia de la humanidad, lo local había estado tan vinculado a lo global. Nunca. No obstante, lo interesante de esta dinámica global es analizar precisamente: a) Cuáles son esos tipos de cambios globales; b) Qué actores intervienen en la gestación de estos cambios; y sobre todo, c) Qué escenarios configuran esas transformaciones sociales.

La primera pregunta es de suma compleja. Implica pasar revista a las transformaciones que están teniendo lugar a nivel global en diversos ámbitos; por ejemplo, en materia científica con las revoluciones en la Física Cuántica, la informática, la biotecnología y la nanotecnología. Algunos autores señalan que el avance en estas áreas está configurando una nueva era en el ser humano, “el transhumanismo”, paso previo a la era poshumana. Etapa donde el ser humano estaría constituido con tecnología integrada a su cuerpo.

Al mismo tiempo, la pregunta implica analizar los efectos colaterales que estas transformaciones representan para la humanidad. Y aquí la pregunta se torna más compleja, luego de que lo que tenemos en este caso son previsiones nada más. No sabemos a ciencia cierta, hacia dónde nos conduce esta coyuntura histórica ni cuáles son los escenarios que habremos de enfrentar como especie. Vivimos un conjunto de transformaciones –como diría Immanuel Wallerstein- que no podremos ver sus dimensiones hasta ciento cincuenta años después. Cuando se vive el momento histórico, las transformaciones son casi imperceptibles en su dimensión. Eso cobra magnitud hasta siglos después.

Lo que sí sabemos, es que cuando se viven periodos de transición histórica –como el que actualmente nos ocupa- estos vienen acompañados de inestabilidad política, económica, social y cultural. Y para muestra lo que tenemos con esta grave crisis económica que nos acompaña desde octubre del 2008, seguida de inestabilidad política en varias regiones del planeta (Rusia-Ucrania; China-Japón; EEUU y Unión Europea-Rusia y China) que ponen en entredicho la delgada línea del equilibrio internacional. Es en estas condiciones donde la incertidumbre se instala porque contamos con un sistema internacional donde ninguno de los actores preponderantes puede ejercer el dominio unilateral y la multiplicidad de actores nos sitúa en tensiones permanentes y la posibilidad de guerra es una realidad más que latente.

Las siguientes dos preguntas nos sitúan en la perspectiva que más nos interesa en este artículo. Veamos la primera: ¿Cuáles son los actores que intervienen en la configuración de estas transformaciones de la realidad social? En una primera aproximación, bien podríamos señalar actores desde una perspectiva macro, y desde este enfoque nos detendríamos a señalar a las potencias internacionales en concreto. Y en este sentido, ubicaríamos a EEUU, China, Alemania, Francia, Inglaterra, Rusia y quizás India en menor medida e Israel. Sin embargo, si nos detenemos en las potencias, estaríamos asumiendo la preeminencia todavía del Estado-nación, y en este sistema capitalista, el Estado-nación ha sido sobrepasado por el capital y el mercado. Los que dirigen la economía –y con ella a todo el sistema- son esa élite internacional que concentra más del 80% del PIB mundial. Es ese 1 por ciento de la población que tiene dominio de las áreas estratégicas en materia de energía, medios de comunicación, sistema financiero, y producción de armamento. Es esa élite que entiende a la economía mundial como un mercado en su conjunto y que no distingue fronteras ni intereses nacionales.

No obstante, dentro de ese 1 por ciento se tiene todavía a una élite más selecta. Misma que a decir de algunos autores –Daniel Estulin y John Coleman- organizan sus intereses económicos y financieros en organizaciones secretas como el Club Bilderberg. Esta organización que data desde 1954 –año en que se efectuó la primera reunión en una localidad holandesa en el Hotel Bilderberg, nombre que terminaría asumiendo esta organización- se reúne cada año de forma secreta en el mes de mayo en alguna localidad europea y en esa reunión se discuten y consensan las líneas de la política y la economía internacional.

Esta organización en cierta forma es un gobierno invisible y omnipotente, que tira los hilos –nos dice Daniel Estulin- desde las sombras. “Un gobierno que controla los hilos y los gobiernos de EEUU, la Unión Europea, la OMS, la ONU, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la OTAN”. (El Club de Bilderberg, Daniel Estulin). ¿Qué objetivos persigue esta organización? A decir del autor, el objetivo oscuro y tenebroso de esta organización se orienta a:

“Crear un futuro que transformará la Tierra en un planeta-prisión mediante un Mercado Único Globalizado, controlado por un gobierno mundial único, vigilado por un ejército mundial regulado económicamente por un Banco Mundial y habitado por una población controlada por microchips, cuyas necesidades se habrán reducido al materialismo y a la supervivencia: trabajar, comprar, procrear, dormir, todo conectado a un ordenador global que supervisará cada uno de los movimientos”. (El Club de Bilderberg, Daniel Estulin).

Desde la perspectiva de Daniel Estulin, el Club Bilderberg es el Gran Hermano del siglo XXI; pero los alcances que persiguen superan las peores pesadillas de Orwell.

El dominio del hombre no es un tema nuevo en la historia de la humanidad; por el contrario, ha sido una de las grandes aspiraciones del ser humano. Sin embargo, en otros tiempos el dominio se pretendía a través de la conquista y el uso de la fuerza (Alejandro Magno, Julio César, Napoleón y Hitler son un ejemplo de ello). Hoy se realiza a través de la manipulación y el miedo. Y para ello se tiene en la televisión a una aliada imprescindible.

Respecto a la tercera pregunta (los escenarios que conllevan estas transformaciones sociales) habrá que decir que sobre esos escenarios futuros se trabaja desde la secrecía y la sombra. En las reuniones del Club Bilderberg se conspira contra el individuo y se diseña el mundo y la concepción del mismo desde la altura del penthouse que habita la Élite.

Sobre esto último abundaremos en la próxima entrega.