"Al llegar a mi casa no dejo de gritar, pelear, y en resumen no sé lo que quiero, o necesito, en esos momentos reina en mi mente la confusión"

Todos experimentamos estrés, llega a nosotros cuando las expectativas son mayores a nuestra  capacidad, convirtiéndonos en personas irritables, ansiosas y con deterioro en nuestras relaciones familiares.

Se manifiesta con más facilidad teniendo cambios en el pensar, sentir, actuar, y  si no se controla, puede llegar a desarrollar actividad física no deseada; enfermedades como alta presión, infartos.
El estrés laboral, tiene mucho que ver en cuanto a cómo nos desarrollamos en el trabajo.
Siempre hemos demostrado que nos encanta nuestro trabajo, y por lo mismo estamos felices, nos empiezan a dar más responsabilidades, lógicamente nos lleva más tiempo llevarlas a cabo, y como en cadena, el tiempo que teníamos para cumplir con nuestras tareas en el hogar, se esfuma causando molestias e irritabilidad.

Es ahí donde me pregunto, ¿debo renunciar?. La idea se mueve en mi cabeza, solo que al reflexionar me doy cuenta que mi trabajo me encanta y que lo necesito para apoyar económicamente en mi hogar. A lo cual descarto.
Al paso de los días, entro a una oficina donde escuchan música, y me molesta, me empiezo a sentir irritable, no entiendo el por qué, si la música va incrustada en mí, me encanta, solo que en ese momento lo único que pasa por mi mente es huir de ese lugar.

Me doy cuenta que ya casi termina mi turno y ni siquiera pude probar bocado, ya que madrugué para terminar mi trabajo, y no sucedió, no tengo para cuando, aparte las condiciones ambientales no son las ideales y me he sentido muy mal, solo quiero irme de ahí.
Me manda llamar mi jefe para algunos comentarios y no le pongo atención, ya que voy molesta por todo lo anterior. En mi mente solo está el hecho que gracias a él estoy metida en un estrés constante y también me resiento con él.

Al llegar a mi casa no dejo de gritar, pelear, y en resumen no sé lo que quiero, o necesito, en esos momentos reina en mi mente la confusión.
Así siguen los días yo corriendo para hacer todo y quedar bien, mi jefe al ver lo eficiente que soy, me da más trabajo, pero con el mismo sueldo. Al paso del tiempo me enfermo, y  empiezo con gripa, decaimiento, dolor muscular, dolor de cabeza, sin ganas de hacer nada, así como si un tren me pasara por encima, y aun así como soy muy cumplida, hago todas mis tareas, trabajo, hogar, hijos.

Solo para caer en un estado de depresión que ahora si me tiene postrada en una cama, pues aparte del tren que siento me  ha arrollado, me siento culpable ya que no puedo trabajar, apoyar en mi hogar con los quehaceres domésticos, económicos, como madre, esposa, hija, sobrina, vecina, y más, en una palabra, no sirvo para nada. Lloro desconsoladamente y me sumo en esa depresión que cada día me hace verme más chiquita y  orejona.

Un día me visita una amiga de esas que siempre están al pendiente de ti y que no necesitan trabajar ya que tienen su vida resuelta, de esas que todo lo que a mí me ha tumbado a ella en su momento fue lo que la levantó, y me sugiere ir a terapia.

Me deja pensando, y al siguiente día no le digo a nadie, solo mi determinación de acabar con esto que me llevará a la tumba si no hago nada, visito centros para mujeres donde la ayuda es casi gratuita, tomo talleres y comparto mis experiencias con ellas, que están viviendo lo mismo que yo.
Empiezo a reevaluarme, a subir mi autoestima, a tomar las cosas con calma y hacer únicamente lo que puedo, no lo que me imponen,  con el tiempo indicado y con muchas ganas, con una sonrisa, sin enojos, sin presiones, sin culparme.

Ahí aprendí a ver mi vida y tomar le un sentido.
Existen dos clases de  estrés:
El positivo, es bueno para impulsar para hacer alguna tarea mejor, a corto plazo.
El negativo arriba mencionado, que puede causar problemas severos…