México a partir de la conquista en adelante, se transforman los valores éticos, organización política, sistema económico y preservación del medio ambiente. La familia, la comunidad, la religión, el pensamiento se ven modificados por la nueva cultura y forma de administrar un virreinato sujeto al reino ultramarino. Esto tiene su historia, que en este artículo me veo imposibilitado de abordarlo, por lo que me limitaré a lo contemporáneo, a lo actual, lo cual no es más que la prolongación y la acentuación de lo ocurrido en sus inicios. Sin embargo, a pesar y en contra de lo mencionado, un mínimo porcentaje del universo demográfico trata de sobrevivir y de fomentar en sus familias, los principios y valores jalados desde sus comienzos. Cuántas veces se ha escuchado en el diálogo familiar, padres a hijas e hijos: “Pórtate bien, respeta a tus maestros y compañeros, modera tu vocabulario, piensa bien lo que vas a decir, no sea que caigas en tu propia trampa, respeta a tu novio para que sea recíproco el trato; preceptos y más preceptos, los cuales en el andar cotidiano, chocan con las actitudes de los demás: maestros, condiscípulos, vecinos y políticos. Contradicciones y conflictos de la ética familiar con la moral pervertida de los demás congéneres.
Cuando nuestra generación estaba en la edad infantil (década de los cincuenta del siglo pasado), cantábamos el siguiente estribillo: “El patio de mi casa/ como es particular/ se barre y se riega/ como los demás”. Una banqueta y la mitad de la acera enfrente de nuestra casa, limpias y libre de basura, refleja y proyecta la imagen de una familia digna de encomio; pero qué pasa en la actualidad, calles de las colonias llenas de basura, refleja tristeza, amargura, se siente el desánimo a la alegría de vivir. Y dirán los vecinos entre sí, si ellos no barren, ¿por qué lo he de hacer? O bien, escuchamos este diálogo familiar: “hijo si te pegan, o te rayan la madre, contéstales con una bofetada para que sepan quién eres tú, o regrésales la mentada, no te quedes callado como menso”. Acción – reacción, si te provocan encáralos; violencia tras violencia; es el mundo de todos contra todos. Y esto lo observamos en nuestra sociedad, entre naciones, entre religiones, estamos frente a una cultura de violencia a nivel global. ¿Qué ética permea en la familia con esa conducta? ¿Qué política del buen vecino a nivel transfronterizo se fomenta? ¿Qué principios ambientalistas promovemos?
Desde la conquista, el trabajo no se encaminó para dignificar al indígena, sino para expoliarlo y explotarlo, en las minas, en el campo y en las fincas, y esto se extendió hasta poco después de la postrevolución con los hacendados. Trabajar de sol a sol. Resultado, el trabajo se concibe como un castigo. Sin embargo, el Reparto Agrario abrió otra cosmovisión en el campesinado: el fruto de su trabajo se destina para la subsistencia de su familia. Se abrió otra perspectiva en la ética, en la política pública, se comprendió que el permear éstas en la sociedad, como lo hizo Lázaro Cárdenas, se dignificaba al campesino y al obrero, y el bruto de la producción para beneficio social de México. El gobierno al aplicar recursos al campo, generar empleos en la industria petrolera nacionalizada y demás manufactureras, observaba y aplicaba una ética y una política pública, capaz de mejorar las condiciones precarias a que estaba sujeta la población rural y urbana. Se emprendieron programas de organización social del ejido: créditos, técnicas e infraestructura hidráulica, se organizó al obrero vía sindicalismo, para defender su materia de trabajo a través del contrato colectivo que la ley laboral establecía, hoy desgraciadamente transformada a beneficio del patrón.
El gobierno, el empresario, el trabajador, al emprender cualquier actividad estará presente la ética, la política, la economía y la sustentabilidad de las mismas. ¿Qué se va a emprender? ¿Qué proceso tecnológico se va a emplear? ¿Qué recursos humanos, materiales y financieros se utilizarán? El impacto al medio ambiente ¿será positivo o negativo? ¿Qué fines se persiguen? Estos cuestionamientos deben estar presentes al emprender una pequeña, mediana o gran empresa; y el gobierno debe estar preparado con una serie de normativas fiscales y ambientales; si los trabajadores son contratados con sus prestaciones de acuerdo a la ley, si el espacio a ocupar por la empresa no afectará a terceros. Es decir, tiene que emplear una serie de normas que no contradiga los preceptos constitucionales; en este tenor, las dependencias responsables actuarán a su vez, con ética y en congruencia con la programación y presupuesto de la política pública, así mismo, el respeto a la normatividad de la ley sustentable para la operatividad sana de cualquier empresa nacional y sobre todo si es multinacional. Los fines de lucro, el establecer una empresa en determinado lugar atractivo al perfil del negocio, no importa que afecte el ecosistema y obtener la autorización oficial, da al traste con lo mencionado arriba.
¿Pero, por qué soslaya la ética, la política, el compromiso con el ecosistema, los administradores de nuestro país? La respuesta es muy compleja, unos dirán, la corrupción está a la mano son negocios jugosos para los funcionarios, ejemplos son numerosos, los más inmediatos, en cualquier ayuntamiento de una de sus direcciones que le oferte obra a un simple taller de herrería, le solicita discretamente: 10 por ciento para el encargado, 10 por ciento para el jefe y 10 por ciento para el de más arriba; si es que quiere mantenerse de proveedor; y como éstos, existen a nivel estatal y a nivel federal, y si no lean los diarios a nivel nacional e internacional o en las noticias con Carmen Arestigue, que desafortunadamente para la audiencia la acaban de cesar de MVS; otros comentarán, los más estudiosos, que los grandes intereses de los usureros internacionales (léase FMI, BM, Consenso de Washington, etc.), presionan a las economías subdesarrolladas como la nuestra, para que emprendan una serie de reformas estructurales, y se acomode las pretensiones depredadoras del gran capital. Las condiciones se prestan, pues está el sobreendeudamiento del país, depreciación de la moneda, bajo precio del crudo, inflación, venta de valores gubernamentales al mejor postor; todo esto hace tronar la economía, la ética, la política y ecología de nuestra nación; con la fachada de que a la sociedad mexicana le va ir mejor (en qué).
Las dependencias públicas con su sistema normativo, deben estar al pendiente de que la industria en su proceso de industrialización, los residuos tóxicos deben ser canalizados a los espacios acondicionados para su recepción, con el fin de prevenir y evitar alteraciones en los espacios aledaños. Pero desgraciadamente los funcionarios de las dependencias, sesgan su responsabilidad debido a los sobornos consentidos que les oferta la clase empresarial. Los sectores de la población que se ven afectados sus espacios, reclaman, protestan conforme a derecho, a través de movilizaciones porque la autoridad hace caso omiso, o retarda la respuesta con la finalidad de cansarlos y cese el hostigamiento a que se ven sometidos. Esta forma de protestar irrita al gobierno, y su reacción no se hace esperar, los reprime a sangre y fuego a través de la fuerza pública, paramilitares, narcos, y para justificar sus acciones utiliza a los anárquicos, grupos de choque pagados por el mismo gobierno. La clase gobernante debe entender que el Estado y sus instituciones, se organizaron para administrar adecuadamente los recursos en función del pueblo, no de una minoría que sostiene el poder económico.
Da la impresión de que nuestro gobierno está blindado para no ver, ni escuchar los reclamos de la ciudadanía. Desde hace seis sexenios que inició la serie de tropelías en contra de la nación; las personas incrustadas en el aparato burocrático, desde la presidencia de la república, hasta el más humilde presidente municipal ha abusado de su puesto, lo ha utilizado para incrementar su capital y engrosar el grupo de los nuevos ricos. Los partidos políticos han degrado a la ética y a la política, colocando a individuos faltos de escrúpulos en puestos públicos. La ética aprisionada, la política desprestigiada, la ecología estropeada y la economía derrumbada. Esto está peor que si México hubiera participado en algún conflicto bélico de gran envergadura, pero no, simple y sencillamente nuestros políticos y tecnócratas, a pesar de que algunos pasaron por Harvard y que “tienen muy avanzado aprendizaje”, no entendieron, ni entenderán, de que si se van a servir de las finanzas públicas, deben primeramente estudiar a Bentham, teórico del utilitarismo, quien establece en sus principios, de que el móvil del interés personal debe pasar juiciosamente al móvil del interés colectivo: “el mayor bien al mayor número”.
Un sector de la sociedad mexicana es crítica, realiza estudios, diagnostica y con datos duros, muestra la cruda realidad, magros resultados del PIB, por una mala y desarticulada planeación económica; una distribución desigual de los ingresos, una reforma financiera que favorece a los intereses del mercado internacional financiero; una reforma fiscal que decapita salvajemente al menor contribuyente; una reforma energética que favorece a las grandes mineras, y consorcios petroleros extranjeros, que invadirán y estropearán el suelo y subsuelo de la propiedad social (ejido y pequeña propiedad); una reforma laboral en detrimento de la clase trabajadora; una reforma educativa que privatizará a la educación; está en puerta la Ley general de Aguas, que privatizará el recurso a favor de los grandes consorcios y en detrimento de la población. Fueron y son nuevas iniciativas que el ejecutivo mandata, y nuestros legisladores, que sin pena ni gloria, sin debate, ni análisis aprueban al vapor lo que les instruye el que manda. Se pasa por el arco del triunfo, la normatividad constitucional de la división de poderes. ¿Qué poder en la historia nacional y mundial se ha comportado de esa manera? Poder que no respeta la vida, a la sociedad, a la naturaleza, es un poder criminal, vergonzoso, cruel y salvaje.
Nos vemos hasta la próxima.