"Al subir al coche, la pareja se miró a los ojos, mientras el marido colocaba su mano sobre el vientre de la esposa, ambos sonrieron, y ella con dulzura dijo: “por fin, ahora sí seremos padres”, mientras el marido pisaba el acelerador hasta el fondo".

Dos años en el orfelinato llegaban a su fin. Elena arribó a la edad de tres años, aún recordaba las sensaciones que percibió aquella tarde lluviosa en la que arribó a la estancia, sus ojos inflamados por las desavenencias familiares le impedían ver con claridad, sin embrago sus oídos sintieron la suavidad de unas alentadoras y tiernas palabras que como terciopelo cobijaron su atemorizado espíritu, tembló de pánico al sentir sobre su espalda las manos de la asistente social, cuando se percató de que esas manos provenían de la voz confortante, dejó de temblar.

Durante dos años gozó del juego con sus compañeros y de las buenas atenciones de las encargadas del orfanato, sin embargo eso no era nada comparado con los extraordinarios relatos que comentaban sus compañeritos, respecto a lo que era vivir en una familia.

– “¿Te imaginas?, un papá y una mamá que te lleven a pasear, que te den muchos regalos y abrazos bien apretados”, comentaban sus compañeros. Elena entusiasmada con esas charlas, pasaba las tardes imaginándose envuelta entre los brazos de unos padres bien querendones sólo para ella.

Una tarde, sus ensueños fueron sacudidos por el grito de la directora, quien a la par la tomó repentinamente de la mano y la llevó a la dirección, ahí, un joven matrimonio la esperaba con ansias. Elena fue presentada ante quienes serían sus padres, con los ojos encharcados de lágrimas de regocijo la pequeña partió ese día con su nueva familia.

Quince días con su reciente familia no le eran suficientes para creer lo que estaba viviendo: recámara propia, juguetes, televisión diaria, atracones de comida… ¡era increíble!, pero aún no llegaban los paseos y los abrazos bien apretados.

Una calurosa tarde, sus padres le avisaron que irían por un gran helado, así que enseguida subieron al coche y emprendieron el camino.

-“Después del helado vendrán los abrazos apretados, estoy segura”, pensó Elena.
Cuando el auto se detuvo, la puerta del lado de la niña se abrió y con ternura la mano firme del papá tomo la suya para sacarla del carro, la niña se quedó desconcertada al verse nuevamente frente en la estancia infantil; caminó con su “padre” hasta la oficina, donde la directora salió para recibirla, en el rostro de la superiora, Elena pudo adivinar las intenciones de este viaje imprevisto; La directora tomó a la niña por el brazo, más esta de un fuerte jalón se desprendió de ella y corrió a las piernas del “papá”…

-“¡No me dejes!, comeré poquito…

La directora la tomó por la espalda y la separó con fuerza, mientras el “ex papá” se alejaba velozmente para no escuchar los alaridos de la niña.

Al subir al coche, la pareja se miró a los ojos, mientras el marido colocaba su mano sobre el vientre de la esposa, ambos sonrieron, y ella con dulzura dijo: “por fin, ahora sí seremos padres”, mientras el marido pisaba el acelerador hasta el fondo.