Marx y Piketty, desde posturas distintas, analizan los resultados del capitalismo y coinciden en la tendencia a la desigualdad social y a la concentración de la riqueza que el desenvolvimiento del sistema trae consigo, con sus consecuencias inevitables de exclusión y marginación social, donde solo un mínimo porcentaje de la población en el mundo acumula y centraliza el capital en detrimento de las mayorías. Slavo Zizek, en su ensayo La utopía de Piketty, nos advierte: <>.
(http://filosofiacr.tumblr.com/post/87511480180/slavoj-zizek-la-utopia-de-piketty)

Una de las ideas centrales de Piketty consiste en plantear que en el actual sistema económico capitalista, el patrimonio heredado tendrá permanentemente más valor que lo que los individuos puedan construir a lo largo de toda su vida. Siendo la desigualdad un elemento consustancial al desarrollo del capitalismo. Es necesario pues, de acuerdo a Piketty una redistribución de la riqueza mediante un impuesto mundial a la misma. Mundial porque de no hacerse así, los capitales fluirían a los países con menores cargas impositivas, perdiendo así la base fundamental de redistribución global de la riqueza. Antonio Quero nos ejemplifica de esta forma las argumentaciones de Piketty: <>
(http://www.eldiario.es/piedrasdepapel/Capitalismo-desigualdad-siglo_XXI_6_224737531.html)

En una entrevista a Piketty nos dice al ser cuestionado sobre la idea fundamental que recorre su libro: <<“Empecé investigando un problema muy concreto», dice en un inglés teñido de un elegante acento francés. «Hace unos años me pregunté dónde estaban los datos brutos que sostenían todas las teorías acerca de la desigualdad, desde David Ricardo y Marx hasta los pensadores más contemporáneos. Empecé buscando en Gran Bretaña y Estados Unidos y descubrí que no había gran cosa. Y luego descubrí que los datos existentes contradecían casi todas las teorías, incluidas las de Ricardo y Marx. Cuando me puse a estudiar otros países, vi que aparecía un patrón: que el capital, y el dinero producido por él, se acumula más deprisa que el crecimiento en las sociedades capitalistas. Y que ese patrón, observado en el siglo XIX, se hizo más predominante a partir de la década de 1980, cuando se eliminaron los controles sobre el capital en muchos países ricos.»>> Por lo cual Piketty sostiene: << Que el capitalismo es, por lo tanto, incompatible con la democracia y con la justicia social. Que los muy ricos deberían pagar un mínimo de un 80% de impuestos y que hablar del 1% contra el 99% no es cosa de estudiantes y exaltados del movimiento Occupy sino un hecho incontrovertible>> (http://www.lavanguardia.com/cultura/20140611/54409823263/capitalismo-piketty.html)

Algunos críticos desde un cierto progresismo keynesiano, defienden a Pikety y postulan la necesidad de redistribuir la riqueza patrimonial mediante la participación activa de los gobiernos de los países, implementando reformas fiscales que obliguen a pagar a los sectores más ricos de la sociedad mayores contribuciones. Mayores impuestos globales a escala mundial para que la redistribución sea efectiva. Piketty nos advierte que el problema de la desigualdad obstaculiza el propio desarrollo del capitalismo, y esto conduce también a la pérdida paulatina de los principios democráticos. Por lo cual los gobiernos tienen que sacarnos de la pesadilla neoliberal, que no ha sido capaz de hacernos salir del estancamiento y de la crisis, para volver a la senda del crecimiento con bienestar social.

Antonio Quero nos señala: “Los hechos son inapelables: el rendimiento del capital (r) ha sido sorprendentemente estable históricamente, en torno al 5 %, mientras que la tasa de crecimiento (g) ha oscilado entre el 1 y el 1,5 %. El crecimiento entre el 3 y el 5 % de las tres décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial es una excepción. En estas condiciones, donde r>g, los patrimonios tienden a acumularse a un ritmo mayor del efecto redistributivo del crecimiento por el aumento de la producción y los salarios, generándose desigualdades crecientes que, en los últimos años, han superado el pico de desigualdad que se produjo justo antes de la Primera Guerra Mundial, cuando el stock de capital equivalía a entre seis y ocho años de la renta nacional total. Hicieron falta dos guerras mundiales y “el suicidio de los rentistas” entre las dos guerras (es decir, vivieron por encima de sus posibilidades en el sentido de que el gasto anual que les generaba su ritmo de vida era mayor que la renta que percibían de su patrimonio) para redistribuir las cartas y empezar casi de cero. (http://www.eldiario.es/piedrasdepapel/Capitalismo-desigualdad-siglo_XXI_6_224737531.html)

Finalizamos este artículo sobre El Capital de Piketty, señalando algunas de las críticas más agudas hechas desde el campo marxista por el Maestro Argentino Rolando Astarita, quien nos señala algunas de las diferencias básicas sobre los análisis de Marx y los de Piketty: “Tal vez el primer aspecto, y central, en el que los enfoques de Marx y Piketty son opuestos, es la noción misma de capital. Es que Piketty escribe todo un libro sobre El capital en el siglo XXI a partir de una concepción del capital ahistórica y asocial. En su visión —como en toda la economía neoclásica— capital son “cosas” tales como máquinas, tierras, activos financieros, dinero, yacimientos mineros, y similares. “Cosas”, agrupadas bajo “K”, que rinden ganancias, rentas, intereses, dividendos e ingresos en las más diversas formas. En este enfoque, los ingresos derivados de “K” son abstraídos de toda relación con el trabajo y su explotación”. Por lo cual siguiendo a Astarita, que nos dice que en El Capital de Carlos Marx: “(…) Su mensaje central es que la sociedad moderna se basa en la explotación del trabajo, y esto permanece al margen de que aumente, o no, la desigualdad del ingreso. Su eje es la teoría de la explotación; la tendencia al aumento de la brecha en las desigualdades es un efecto de esa explotación. Pero este aspecto de la cuestión está por completo ausente del trabajo de Piketty (…)” (Rolando Astarita, Revista Migraña N° 9, pág.53)