"Trasmitimos un mensaje con palabras dándole el énfasis exacto pero con los ojos trasmitimos emociones. Y es que los ojos, como parte del lenguaje facial, expresan lo que el mensaje muchas veces calla. No puedes evitar no mirar, porque el contacto visual es el principal elemento de conexión con el oyente".

Los humanos somos seres biopsicosociales, por lo mismo, para poder explicar nuestra naturaleza es necesario acudir a diferentes enfoques: el aspecto fisiológico, nuestra psique y la influencia del medio social que se ejerce sobre nosotros. Por lo mismo es complicado determinar la personalidad como la suma del temperamento más el carácter, es decir, lo endógeno y lo exógeno; de tal manera que nuestro comportamiento cotidiano no nos define la personalidad, son sólo rasgos de ella.

Hay actividades que requieren, o más bien, comprometen un autoestudio de nuestro lenguaje silencioso para comunicar mejor un mensaje especifico, como disertar un discurso, exponer ante una audiencia un proyecto con el fin de convencer, conmover, persuadir o deleitar, contar un cuento o un chiste, actuar en una obra de teatro, por citar algunos ejemplos donde se busca hacerlo bien.

Si no observamos nuestro lenguaje corporal como lo es los gestos de la cara, los movimientos de los ojos y del cuerpo, la forma de sonreír, la gesticulación, todo lo que se llama el lenguaje no verbal, corremos el riesgo de que broten nuestros hábitos inconscientes y se tergiverse lo que realmente queremos decir o no nos dispensen la atención necesaria. Además, se trata de lograr nuestro objetivo en el arte de la comunicación especializada, estudiándolo y perfeccionando según nuestros fines. En pocas palabras, saber actuar para expresarnos mejor ante un auditorio.

Es común ver a los jóvenes aprendices de oradores y de actores, incluso de los declamadores y narradores, que acuden a mi taller, como la inseguridad los pone tensos y lo primero que se nota son sus ojos extraviados, desvían su mirada del interlocutor, y vaya que los ojos son la principal herramienta al actuar o al dirigir un discurso a un público, esta falta de dominio del lenguaje no verbal denota falta de control y en su rostro o máscara escénica se refleja que no hay dominio de si, menos lo habrá del público.
“La psicología nos dice que la mirada está íntimamente relacionada con nuestro estado de ánimo. En nuestro contacto con el público, participamos de un desafío en el que se enfrentan dos miradas y la nuestra casi siempre vive atrapada por el miedo y la sensación de ridículo constante. No puedes evitar no mirar, porque el contacto visual es el principal elemento de conexión con el oyente. Es la vía más directa para hacerle partícipe, para involucrarlo en tu intervención. Un mal control de la mirada hará que exportemos incomodidad y malestar a quien nos escuche; un dominio pleno de ella nos convertirá en ganadores escénicos del momento.”

Trasmitimos un mensaje con palabras dándole el énfasis exacto pero con los ojos trasmitimos emociones. Y es que los ojos, como parte del lenguaje facial, expresan lo que el mensaje muchas veces calla. No puedes evitar no mirar, porque el contacto visual es el principal elemento de conexión con el oyente. La mirada es el hilo conductor del mensaje. Los ojos contagian al auditorio cuando le hablamos de frente, cuando fijamos la vista en un espectador y luego la fijamos en varios, lentamente, uno a la vez para luego barrer a toda la audiencia mientras exponemos el asunto. Si la palabra requiere velocidad para motivar mejor, los ojos se suman a esa velocidad, como en el efecto ‘cascada’ para luego bajar la velocidad en la medida que colocamos la palabra y le damos una intensión psicológica, al igual, la forma de mirar fluye lentamente para causar un efecto especial en el auditorio. Nuestra mirada debe contagiar, ‘hipnotizar’ al oyente adecuándola a los tonos de voz.

Como vemos, la mirada no debe ser huidiza, debe tener control para gestionar lo que nos proponemos, tampoco debe incomodar manteniéndola fijamente durante mucho tiempo, debe ser sutil; debe ser repartida entre el auditorio, pues cuando el conferenciante u orador nos ve, nos hace sentir que se interesa en nosotros, que hay empatía, por otro lado, cuando nos dirigimos a toda la audiencia la mirada fluye como una ‘escoba’ lentamente de lado a lado, de abajo a arriba, dándole importancia a todos los asistentes para implicarlos en nuestro discurso, apoyados por los gestos de la cara adecuados, por el ritmo de las manos (mímica), por la expresión corporal en su conjunto. Los ojos son como las riendas del caballo, conducen la velocidad de las palabras, aceleran y van frenando con ritmo hasta llegar al alto total para luego soltar la rienda y trotar o correr. El público siente la conducción de su emoción y nos acompaña en el discurso, conferencia o actuación con atención, se implica, hay una ambivalencia: lo motivamos y nos motiva con su interés por que hay un hilo sentimental al lograr la conexión.

Los ojos tienen un poder que debemos aprender a utilizar. Si la mirada logra interpretar el contenido del mensaje y apoyarlo se logra una unidad escénica, de otra manera resultará ‘recitado’, falto de fuerza y concentración, alejado de su propia realidad.

Hay ejercicios que nos ayudan conocer y educar nuestra manera de mirar. Se puede practicar frente al espejo contigo mismo; en tu recamara con los cuadros, muebles, retratos y demás enseres colocándoles la mirada mientras improvisas un pequeño mensaje, narrar una película que viste, platicar lo que hiciste durante el día, en la escuela, el trabajo o con los amigos; luego trasladas tu practica con las personas que te rodean mirándolos mientras les hablas de algo. Juega con tus ojos así como amas al mirar al ser querido. Obsérvate y conoce tu cuerpo, descubre tus hábitos inconscientes, aquellos que tienes sin darte cuenta que los tienes, como ladear la cabeza al hablar, fruncir el entrecejo, endurecer el rostro, intimidarte, hacer muecas ante la inseguridad, hacer visajes (gestos) para reprobar lo que alguien dijo. A veces es bueno decirle a un familiar o amigo de confianza que te diga esos hábitos inconscientes que tienes para cobrar consciencia de ello.