"El desarrollo económico autóctono en La Laguna complementó el impulso dado por las inversiones regiomontanas y extranjeras en la región, la dinámica de acumulación interna fue un elemento fundamental para el fortalecimiento de la economía algodonera"

El Dr. José Luis Solís siguiendo un enfoque histórico crítico al analizar el desarrollo capitalista de la Región Lagunera, plantea que la región ha pasado por diferentes fases que sintetiza de esta manera: “En forma global, este proceso presenta tres etapas, que pueden caracterizarse como sigue: a) una primera etapa de destrucción/disolución de la economía “natural” o comunal anterior y la penetración y difusión de la economía mercantil, que se opera en los años de la conquista de estos territorios y las primeras décadas de la colonización (alrededor de 1596 a 1700); b) una segunda etapa de concentración de la tierra y de acumulación originaria de capital que tiene lugar en el último siglo de vida colonial española y durante las primeras tres décadas del México Independiente (1700-1830 aproximadamente); y finalmente, c) una tercera etapa definida por un desarrollo propiamente capitalista basada no solamente en la extensión de las relaciones mercantiles y monetarias sino también en la relación salarial como forma social dominante aunque no excluyente. Esta última etapa contempla, a partir del flujo hacia la región de inversiones extranjeras, la expansión del cultivo comercial del algodón perfilándose en forma definitiva las características regionales principales de la Comarca Lagunera a lo largo del periodo que va de 1830 a 1910 aproximadamente”. (José Luis Solís, Antecedentes históricos, pág. XI, en: Mazcorro V., Elvira, et al, La producción agropecuaria en la Comarca Lagunera (1960- 1990), Edit., UACH, 1991)

Manuel Plana, estudioso de la historia lagunera en su célebre texto “El reino del algodón en México”, nos aclara las bases del surgimiento de la economía algodonera, así como las relaciones económicas entre Monterrey y La Laguna. Plana nos dice: “Entre los comerciantes de Monterrey, Evaristo Madero fue el primero que estableció sólidas relaciones con La Laguna, ya que a fines de 1869 adquirió la hacienda Rosario, en las cercanías de la Villa Colonial de Parras, con la fábrica textil anexa que modernizó en pocos años, y donde traslado su residencia, no obstante que Monterrey siguió siendo el centro de su actividad comercial. Si bien La Laguna ya había gravitado en la órbita de Monterrey durante la época de Vidaurri, a partir de ese momento sufrió la influencia económica de Monterrey como principal línea de desarrollo, principalmente porque los estratos mercantiles locales proveyeron los capitales para su transformación agrícola; de área ganadera en región monoproductora de algodón. El surgimiento de la economía algodonera de La Laguna fue el resultado de un doble proceso originado por complejas motivaciones sociales y políticas: la fragmentación del latifundio, por un lado, y el repliegue de la frontera, por el otro, que llevó a los sectores autóctonos a buscar nuevas opciones de inversión en el ámbito regional. Además en estos años de crisis generalizada de la frontera se consolidó ese nexo dominante que ligó la transformación de La Laguna a los estratos mercantiles de Monterrey, hecho que dependía de las circunstancias creadas a partir de las perturbaciones políticas externas e internas que en aquel ámbito se combinaron en modo contrastante”. (Manuel Plana, El reino del algodón en México, la estructura agraria de La Laguna (1855-1910), págs. 56-57, Serie Ayuntamiento 1991-1993, edit. R. Ayuntamiento de Torreón, 1991).

El desarrollo de la economía algodonera, desplaza la vieja estructura productiva basada en producción minera, asociada a la agricultura productora de básicos y a la economía ganadera de ovinos y caprinos. Elvira Mazcorro y su equipo de investigación de la UACH nos dicen: “El establecimiento y posterior expansión del algodón, significa una nueva etapa en el desarrollo regional en donde la agricultura se constituye en la actividad más importante de la zona. Las tierras agrícolas son cultivadas en su mayor parte con la fibra y cuando las condiciones climatológicas lo permiten se siembra trigo. Para los años treinta de este siglo el algodón de La Laguna representa la mitad del producido a nivel nacional (…) Los cambios que se observan en la tenencia de la tierra y de la región, están en relación directa con la forma de manejo del cultivo. Así a mediados del siglo pasado solo tres propietarios (Leonardo Zuluaga, Juan Ignacio Jiménez y Juan Nepomuceno Flores) son dueños de la mayor parte de las tierras laguneras; para 1848 se logran cultivar 4 900 has., como resultado de la realización de las primeras obras de riego”. (Mazcorro V., Elvira, et al, La producción agropecuaria en la Comarca Lagunera (1960- 1990), pág. 20.)

Carlos Castañón nos explica el proceso de modernización del riego de los agricultores laguneros como una forma de incrementar la rentabilidad del algodonero, y de superación de las imprevisibles vicisitudes de las avenidas del Nazas. Castañón nos dice: “Diversos cambios transformaron la fisonomía, y por lo tanto, la percepción del Nazas. En la época de la economía algodonera, del siglo XIX a las primeras décadas del XX, el río Nazas imponía, con sus avenidas, los límites a esa economía por la sencilla razón de que no se podía regar más tierra de lo que el río permitía cubrir. A pesar de la enorme competencia y los conflictos por las aguas del Nazas los agricultores tenían que arreglárselas con las aguas que trajera el río. Con la revolución hidrológica de los años veinte (las norias) y los treinta (la gran presa), los usos del agua se transformaron radicalmente. El poder que cobró el Estado mexicano a través de la federalización (centralización) terminó por imponerse a los agricultores. La construcción y operación del sistema de presas sobre el río Nazas controló las imprevisibles avenidas (del río). Por otro lado, la innovación tecnológica de las norias permitió trastocar los límites de riego que había impuesto el Nazas, A partir de la década de los treinta se incrementó la operación de pozos a 770”. (Carlos Castañón Cuadros, Una perspectiva… pág. 25).

El desarrollo económico autóctono en La Laguna complementó el impulso dado por las inversiones regiomontanas y extranjeras en la región, la dinámica de acumulación interna fue un elemento fundamental para el fortalecimiento de la economía algodonera. Plana nos dice: “Si bien las inversiones extranjeras en el Norte determinaron su rápida expansión durante los últimos veinte años del siglo XIX, el desarrollo agrícola e industrial del noroeste dependió también, en parte, de este sector mercantil autóctono que, en los años críticos de la década de 1866 a 1876, supo aprovechar las posibilidades que le brindaba la coyuntura política y supo crear las bases de un futuro fortalecimiento en el ámbito regional. La economía algodonera de La Laguna constituyó un ejemplo significativo, porque permitió a los comerciantes de Monterrey iniciar una nueva fase de acumulación sin la cual la industrialización del Noreste desde inicios del siglo XX habría sido más lenta e incierta. El ritmo y la localización de los diversos fenómenos que tuvieron lugar no fue uniforme, pero el conjunto de cambios ocurridos en el noreste durante la segunda mitad del siglo XIX dependió en gran parte de cómo se ejerció en aquel ámbito la influencia contrastante de la frontera en el terreno político, económico y social”. (Manuel Plana, El reino del algodón en México…, pág. 63).

Los latifundios en el Norte de México fueron una fuente de poder y de prestigio social y político desde mediados del siglo XVIII. De acuerdo a Francisco Cepeda, el índice de latifundismo en la Comarca iba de 70% en la zona de Lerdo a 90% en la de Torreón. La Liga de Agrónomos Socialistas, señalaba que en 1930 en La Laguna había 130 haciendas, 93 ranchos, 10 ejidos, 77 parcelas y 21 fraccionistas divididos entre 221 propietarios. (Francisco Cepeda, Cuarta parte, Un siglo de modernización, en Breve historia de Coahuila, Edit. FCE, pág., 306). Poco a poco el latifundio se fue dividiendo en haciendas destinadas a la ganadería, el pastoreo, la agricultura más o menos diversificada y ciertas actividades artesanales. No obstante, existían grandes extensiones de tierras ociosas. Manuel Plana nos dice: “Tal estructura, tendiendo a la autosuficiencia, implicaba la existencia de un régimen de sujeción servil de la mano de obra que, en la situación de sequía y de inseguridad general del Norte, alimentaba continuas crisis productivas y sociales”. (Manuel Plana, El reino del algodón…, pág. 65)

La reforma agraria cardenista intentó transformar el viejo sistema latifundista que concentraba la tierra y los recursos, y obstaculizaba el proceso de modernización del campo. El reparto agrario en la Laguna fue de 146 mil has, beneficiando a cerca de 35 mil campesinos agrupados en 300 ejidos, cambiando drásticamente la estructura de la tenencia de la tierra. El Ejido se constituyó en uno de los ejes fundamentales de transformación de los procesos productivos en el campo. Elvira Mazcorro nos dice: “No obstante este importante cambio en la estructura de tenencia de la tierra, el sistema de producción del algodón, así como su orientación hacia el mercado externo se mantienen prácticamente sin modificaciones. Ello en virtud de haber demostrado ser un sistema eficiente, moderno y muy rentable, además de generador de divisas para el país. Incluso en años de alta rentabilidad de la fibra, los propietarios privados llegan a cultivar una superficie mayor que los ejidatarios como sucede en 1941 y 1946”. (Mazcorro V., Elvira, et al, La producción…, pág. 21).

Sin embargo, la dinámica de la región lagunera basada en la economía algodonera estuvo permanentemente ligada a las fluctuaciones del mercado internacional. La demanda creciente del algodón lo colocó durante varias décadas en uno de los principales productos de exportación, y por consiguiente en un generador neto de divisas necesarias para financiar el proceso de industrialización, que mediante la sustitución de importaciones se inicia en nuestro país a principios de los cuarenta. La drástica caída de los precios internacionales de la fibra a mediados de los cincuenta, resultado de la introducción creciente de fibras sintéticas en la industria textil, así como de la sobreoferta de algodón en el mercado mundial, generó una crisis profunda en el ámbito regional que implico una reestructuración productiva, ocasionando un descenso de las superficies de cultivo del algodonero.

Rolando García nos señala: “Cuando el sector privado deja masivamente el cultivo del algodón pasa a engrosar el sector ganadero constituido por un reducido grupo de propietarios que venían trabajando en la producción lechera desde años anteriores. La cuenca lechera cobra un gran impulso, contando con el decisivo apoyo de la Secretaría de Agricultura y Ganadería, del Banco de Crédito Ejidal y del Banco de México. Recibe además la ayuda de la Alianza para el progreso, y préstamos del Banco Interamericano de Desarrollo y del Eximbank avalado por el gobierno. Los créditos son destinados en la primera etapa a la compra de ganado y a la producción de forrajes”. (Rolando García B. et. al., Deterioro ambiental y pobreza en la abundancia productiva, Edit. IFIAS, pág. 49).

Esta reorientación del sistema agro productivo en La Laguna, se va complementando posteriormente con las nuevas inversiones en la producción de carne y en los derivados lácteos. La cuenca lechera se fortalece. Aunado a lo anterior y a partir de la década de los ochenta se empieza a perfilar un modelo secundario exportador, con la llegada de empresas maquiladoras que se consolidan a partir de los noventa en el sexenio salinista. Las reformas al Art. 27 Constitucional en 1992, generaron en La Laguna una especie de neo latifundismo, como resultado de la privatización de las tierras ejidales, con el consiguiente proceso de descomposición social de las comunidades, y por tanto, de la proletarización creciente de los campesinos que se van integrando sin remedio a la industria maquiladora de exportación, al ejercito industrial de reserva, o de plano a la emigración a los Estados Unidos. Pronto, el sueño primermundista se terminó, y la región fue entrando de lleno a la pesadilla de la inseguridad, violencia, desempleo y deterioro ambiental que padecemos.