"Pasaron tres siglos de sometimiento y dominación en el Nuevo Mundo hasta que las ideas de libertad de la Ilustración permearon el ambiente en la Nueva España y las élites encargadas del gobierno en esta colonia del Imperio Español quisieran arrebatarle el poder a la Corona por la fuerza".

Desde los inicios de nuestra civilización la violencia y el poder han formado un binomio casi indisoluble, ya que si bien es cierto que hoy en día los sistemas democráticos nos permiten la solución de nuestros conflictos por la vía pacífica a través del diálogo y la negociación, no menos cierto es que no siempre ha sido así y en muchos de los casos es aun la violencia el medio para resolver algunos diferendos en nuestro país.

En el caso de México y su antigua civilización prehispánica muchos han sido los eventos violentos que han marcado y ensangrentado el territorio con la finalidad de apropiarse del poder y de sus instrumentos de sometimiento. El primero de esos grandes eventos violentos dio como resultado a la antigua civilización e Imperio Azteca, cuyos orígenes se remontan a la incursión de la tribu de Aztlán en la meseta central de lo que hoy es México.

En los registros de nuestra historia las diferentes culturas y civilizaciones han tenido en común la búsqueda por el poder a través de la violencia, es el caso, por ejemplo, del Imperio Azteca que se forma después de una etapa de conflictos bélicos entre las diferentes tribus establecidas en la meseta central del ahora valle de México. Recordemos que esta confederación de tribus estaba compuesta por los pueblos de Azcapotzalco, Texcoco, Culhuacán, Xochimilco, Xaltocan y los mexicas quienes fueron el último pueblo que se estableció en la cuenca entre los siglos XII y XIV; y quienes terminaron por imponerse en esta confederación para convertirla en un imperio que sometía a los pueblos aledaños para la satisfacción de sus necesidades como materias primas, insumos, esclavos y trabajo.

Para el infortunio de este gran Imperio Azteca; otro pueblo más avanzado, con conocimientos más sofisticados y más experimentado en las artes de la guerra; llegó en el siglo XV a las costas del Atlántico en la búsqueda también de nuevos territorios que explotar para la obtención de materias primas, insumos y metales preciosos para el mantenimiento de su economía. Nos referimos al pueblo español que en el siglo XVI al encontrarse en América a pueblos más atrasados con una gran riqueza natural, era inminente su sometimiento y dominación, la cual, inicialmente fue violenta con la ayuda de los Tlaxcaltecas y Totonacas, antiguos enemigos de los aztecas, hasta que el sometimiento cultural desplazó al bélico. Éste es el segundo gran evento violento que significó el cambio de poder en el territorio, hoy México.

Pasaron tres siglos de sometimiento y dominación en el Nuevo Mundo hasta que las ideas de libertad de la Ilustración permearon el ambiente en la Nueva España y las élites encargadas del gobierno en esta colonia del Imperio Español quisieran arrebatarle el poder a la Corona por la fuerza, esto es, a través de la violencia generada con la Independencia proclamada en nombre de Fernando VII. Este tercer gran evento violento que busca la emancipación por la fuerza, marca un hito en la historia nacional y lo convierte en el hecho fundador de una naciente nación mexicana, marcada por el sometimiento y la violencia desde su fundación. Este tercer gran evento violento tuvo por lo menos cuatro etapas, igualmente violentas, para llegar a la consumación de la Independencia de México en 1821 con la entrada del Ejército Trigarante o de las Tres Garantías (Blanco-religión católica, verde-independencia política de México y rojo-unión entre indígenas, mestizos, criollos y españoles) en 1821 dando origen a un fugaz gobierno monárquico a través del Imperio Mexicano en poder el Agustín de Iturbide.

Sin embargo, apenas dos años más tarde el Imperio se disolvía bajo la rebelión violenta y fratricida de Antonio López de Santa Anna y Vicente Guerrero quien había apoyado la coronación de Iturbide como emperador. Este cuarto gran evento violento produce un golpe de Estado que provoca a su vez la caída del Imperio y el establecimiento de una República Federal, la primera de México en 1824.

Apenas pasó una década, sin que cesasen las guerrillas en México, cuando en 1835 en el Estado de Zacatecas se lleva a cabo un movimiento revolucionario que busca resolver por la vía violenta la pugna entre el centralismo y el federalismo durante la gestión precisamente de Santa Anna; dando origen a unas Bases Constitucionales de corte centralista en 1835 que dieran paso a la promulgación de las Siete Leyes Constitucionales de 1836, terminando con el federalismo y estableciendo una dictadura centralista.

La Revolución de Ayutla, quinto evento violento que trasforma el panorama nacional es realizado en 1854 en el Estado de Guerrero y con la consigna de desconocer y derrocar al dictador Santa Anna, el nombramiento de un presidente provisional y el establecimiento de un Congreso Constituyente que terminara con las políticas centralistas y restableciera el orden a través de una Constitución de corte liberal. Así se redactó y promulgó la Constitución de 1857 de corte liberal en la cual se establecían artículos contrarios a los intereses del clero, como la enseñanza laica, la supresión de fueros institucionales y la enajenación de bienes eclesiásticos; por lo que el partido conservador, afín al clero, se opuso y propició el sexto evento violento que hoy llamamos “Guerra de Reforma”, misma que provoca la Segunda Intervención Francesa y el Segundo Imperio Mexicano en poder del Maximiliano de Habsburgo, quien fue abandonado en última instancia por los conflictos bélicos en Europa, situación que provocaría a la postre su ejecución y la restauración de la República de México en 1867 bajo el cobijo de la Constitución de 1857, misma que utilizó Juárez para mantenerse en el poder como Presidente de México; sin embargo, la ambición de uno de sus antiguos aliados, el General Porfirio Díaz, provoca la Revolución de la Noria en 1871 en la que convoca a todos los militares a luchar contra Juárez; sin embargo, este evento violento no prosperó pero sembró la semilla para que el propio Díaz se levantara nuevamente en 1876 a través de la Revolución de Tuxtepec, sexto y último evento violento en el siglo XIX en México.