"Su análisis rebasa la esfera de lo espiritual y teológico, nadie puede negar la importancia de la preservación del medio ambiente y su directa correlación con la sobrevivencia la raza humana y de todas las demás especies. Sin embargo, desde su pontificado nos muestra una gran capacidad para inferir en la agenda mundial sin tapujos y abiertamente".

Recientemente el Papa Francisco envió una Encíclica que en la que puso en el centro del debate la sobrevivencia de la especie humana en correlación con el equilibrio entre la racional explotación de los recursos naturales y la preservación del medio ambiente. Esta Encíclica llamada “Verde” es un llamado de atención a Estados, gobernantes y gobernados para repensar la forma en la que construimos el futuro y con éste, nuestra sobrevivencia o extinción.

Pero empecemos por aclarar que una “Encíclica” es un comunicado o circular papal que es dirigido principalmente a los obispos católicos, teniendo el carácter doctrinal sobre un tema en específico. El origen de la palabra “Encíclica” proviene del latín Encyclia que significa envolver en círculo. En el catolicismo, la “Encíclica” tiene uno de los mayores grados de importancia de todos los documentos emitidos por el Papa, entre los cuatro más importante para ser precisos, sólo después de la Constitución Apostólica, las Bulas y los Apostolados.

En esta ocasión el Papa Francisco diserta sobre el cambio climático y la directa intervención del ser humano en éste, cuestiona la forma actual del consumo irracional de los recursos naturales y su efecto en el medio ambiente; pone sobre relieve la simbiosis implícita entre la crisis ambiental y la crisis social, producto de la ambición de unos cuantos e ignorancia de muchos. Conjuga sabiamente los complejos problemas sociales como la pobreza, la explotación humana y la riqueza con paradigmas económicos que fundamentan políticas públicas tecnócratas en detrimento del medio ambiente, los recursos no renovables y la preservación del ser humano.

Su análisis rebasa la esfera de lo espiritual y teológico, nadie puede negar la importancia de la preservación del medio ambiente y su directa correlación con la sobrevivencia la raza humana y de todas las demás especies. Sin embargo, desde su pontificado nos muestra una gran capacidad para inferir en la agenda mundial sin tapujos y abiertamente. Pone al descubierto el fracaso de las Cumbres Mundiales Ecológicas, las cuales están llenas de buenas intenciones pero muy pocos resultados; ya que pesan más los intereses económicos de unos cuantos que el bien común de muchos y la sobrevivencia de todos.

Mientras en México seguimos pensando en la explotación de los recursos petroleros que son altamente contaminantes, el Papa hace un llamado urgente al cambio de energías más limpias que afecten menos nuestros ecosistemas, como la energía solar y la fuerza del viento; energías cuyo impacto ambiental es prácticamente nulo y sus recursos prácticamente eternos. Sin embargo, existen muchos recursos invertidos en la actual forma de producción como industrias, fábricas, maquinaria, etc. que incentivan el uso de los recursos petroleros en lugar de aquellos más limpios.

Algunos esfuerzos pírricos se han hecho al respecto a nivel mundial; sin embargo, no ha sido suficiente. Actualmente existe un “Fondo Verde para el Clima” que es un órgano de subvenciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, a través del cual se han recaudado hasta el momento más de US$9,300 000 000.00 (nueve mil trescientos millones de dólares) para financiar proyectos de mitigación y adaptación al cambio climático en los países en vías de desarrollo con la meta de recaudar US$100 000 000 000.00 (cien mil millones de dólares) anuales hasta 2020. Estados Unidos ha comprometido US$3 000 000 000.00 (tres mil millones de dólares; China por su parte lo ha hecho con US$1 500 000 000.00 (mil quinientos millones de dólares) y Gran Bretaña con US$1 000 000 000.00 (mil millones de dólares); México ha comprometido US$10 000 000.00 (diez millones de dólares). Sin embargo, especialistas en la materia aseguran que los US$100 000 000 000.00 (cien mil millones de dólares) no son suficientes sino que por lo menos se ocupan US$10 millones de millones de dólares anuales para hacer frente al cambio climático producto de la intervención del hombre en su deterioro.

Pero el Papa Francisco va más allá de la tecnocracia y apela a la conciencia ética del ser humano para su preservación, hace un llamado a la “sociedad del consumo”, a la industria, al capitalismo voraz, a la tecnocracia insensible y al irreflexivo ser más contaminante del planeta, el ser humano. Su llamado no es un llamado que importe sólo a cristianos o católicos, no es un llamado sólo a creyentes; es un llamado a la cordura, a la razón, al ser pensante y consciente de sí mismo y de lo que lo rodea y complementa.

La “Encíclica Verde” del Papa Francisco nos conmina a la reflexión sobre nuestra forma de vida y consumo; nos advierte no de un mundo apocalíptico místico sino de un deterioro ambiental severo y real que pone en peligro nuestra propia existencia más allá de lo espiritual, aquí y ahora en el mundo terrenal.

De acuerdo con los datos del Inventario Nacional de Emisiones, ya desde hace 15 años, los mexicanos emitíamos 40.5 millones de toneladas de contaminantes a la atmósfera, de los cuales 58% fueron emitidos por fuentes naturales (suelo, vegetación y actividad volcánica), y 42% por actividades humanas. La mayor parte de las emisiones por actividades humanas fueron generadas por los vehículos y otros usos de combustibles y por las plantas de generación de electricidad. Se calcula que cada mexicano emite en promedio alrededor de 170 kilogramos de contaminantes atmosféricos al año, lo que equivale al peso de dos personas adultas. Estos datos sólo son de los contaminantes hacia la atmósfera, por lo que ha esto hay que agregar la contaminación del agua y la vegetación, que tampoco son cifras satisfactorias.

La “Encíclica Verde” del Papa Francisco, un digno y oportuno llamado a nuestra consciencia y acción como seres racionales y pensantes que somos.