"La ciudad es un espacio público. Hacer ciudad es construir lugares para la gente, para andar y encontrarse. Las obras se empiezan y se acaban bien"

Una de las funciones principales de la política urbana en las ciudades consiste en organizar la heterogeneidad, ampliar la libertad, fomentar la comunicación entre los ciudadanos. Es decir, organizar, defender y fomentar la comunicación entre gente diferente. Disminuir las distancias sociales, la segregación, promover la solidaridad, es decir dar a cada uno la posibilidad de construir su proyecto personal de vida. La energía y el potencial de las ciudades están constituida por las sinergias que se producen entre las instituciones y los espacios culturales, entre los ciudadanos y su entorno, por lo cual la ciudad no es sólo un fenómeno urbanístico, sino que es un gran alma, un cuerpo que siente, que se mueve, espacio y un ambiente, un contexto global de vida y aprendizaje.
Una buena gestión de las ciudades permite favorecer la integración y la pluralidad, por lo cual, Jordi Borja y Manuel Castells, expertos en materia de gestión y desarrollo urbano han sintetizado su propuesta reflexiva sobre nuevas formas de gestión ciudadana y de proyectos urbanos que deberían tener siempre presente los próximos gestores del desarrollo urbano de nuestro alicaído municipio. Borja y Castell nos dicen de manera puntual:
“La ciudad es un espacio público.
Hacer ciudad es construir lugares para la gente, para andar y encontrarse.
Las obras se empiezan y se acaban bien.
El desarrollo urbano se materializa en un programa de obras, pero sólo construye la ciudad futura si responde a un proyecto global.
Las operaciones de desarrollo urbano son actuaciones integradas y estratégicas.
En la ciudad el camino más corto entre dos puntos es el más hermoso. La estética urbana hace la ciudad vivible.
Una ciudad democrática es una ciudad visible, con referencias físicas y simbólicas que ubiquen a su gente.
Construir la ciudad futura es una tarea de todos.
El progreso de la ciudad se mide por el progreso en cantidad y calidad de sus espacios públicos.
No hay desarrollo urbano positivo sin capacidad de invención y de previsión. La ciudad del mañana se construye reinventando la ciudad del pasado y diseñando ciudad en las fronteras de la ciudad actual.
La calidad del desarrollo urbano depende de la socialización de la cultura arquitectónica y estética de los espacios públicos, pero también de la penetración de la cultura cívica en los diversos actores de la ciudad”. (BORJA, Jordi; CASTELLS, Manuel. Lo local y lo global. La gestión de las ciudades en la era de la información. TAURUS. Madrid. 1997. pág. 262.)
Para que esto se lleve a cabo, de acuerdo a Borja y Castells, dependerá tres condiciones 1.-De la eficacia del sistema democrático basado en la descentralización del Estado; 2.- De la autonomía local, la representatividad y la transparencia del gobierno de la ciudad; y, 3.- De la multiplicación de los mecanismos de participación y de comunicación.
La participación social en todos los ámbitos y ordenes, es un factor relevante en la construcción de ciudadanía, entendida esta como un status, es decir, un reconocimiento social y jurídico, donde la pertenencia a una comunidad, a un territorio y a una cultura común, permite que los ciudadanos posean derechos y obligaciones, donde por su carácter ciudadano todos deben de ser iguales. De acuerdo a Felipe Espinoza, nos plantea algunas interrogantes en torno a esta relación importante entre la ciudad y la cultura. Espinoza nos dice: “En este sentido, sería coherente preguntarse ¿cuáles son las expresividades sociales de una ciudad y de qué manera estas expresividades representan un significante acerca de lo social?, ¿Cuáles son las formas, lenguajes y formatos que adopta la producción cultural y por qué estas  no se establecen en la genética de la ciudad?, ¿Cuáles son los sistemas de resguardo patrimonial y de recuperación de la memoria histórica colectiva? O también ¿qué tipo de institucionalidad cultural opera al interior de una ciudad y cuáles son las dificultades para que ésta proporcione un campo favorable para la generación de una cultura rica en interpretaciones y representaciones acerca de la realidad local? (Felipe Espinoza P: “El Espacio de la Cultura o la Cultura Como Espacio: Elementos para el Estudio de las Ciudades” Recuperado el 20/02/2013 del sitio web de Revista El Topo http://www.eltopo.cl/el-espacio-de-la-cultura-o-la-cultura-como-espacio-elementos-para-el-estudio-de-las-ciudades).
La percepción que tenemos sobre la ciudad es la de un espacio de intercambio, comercio y cultura, de concentración física de personas y edificios, lugar de formación cívica y de participación social, de ejercicio del poder, de acción política. La ciudadanía emerge en las ciudades, en buena medida gracias a la participación cotidiana, que tiende a enriquecerse en la medida que se construyan y revaloren los espacios públicos, y se transformen en espacios de opinión y de expresión diversa, plural, requisito básico en el proceso de construcción de ciudadanía. El espacio público en las ciudades además de cumplir funciones urbanísticas, cumple también funciones socioculturales y políticas. Al habitar y compartir un espacio con los demás ciudadanos, estamos fortaleciendo nuestra identidad. Aunque también este proceso nos conduce a la aparición de diversas formas de organización espacial en el ámbito urbano, donde surgen fenómenos como la segregación, la crisis de integración y la exclusión. Las ciudades al ser arenas de participación política, adquieren formas ambivalentes de acuerdo a la participación de los actores sociales. O bien pueden contribuir, de acuerdo a la posición de las elites a reproducir modelos clientelares y corporativos, o bien pueden ayudar a construir procesos de innovación participativa con gobernabilidad democrática, orientados a convertir a las ciudades en territorios sostenibles.
Pero en el proceso de construcción de ciudadanía, es importante conocer y descubrir la ciudad en su diversidad, en su riqueza histórica, en sus dimensiones múltiples, en su evolución cultural y social. Conocer la ciudad es conocerse a uno mismo y a los demás, es asumirse como individuo y como miembro de una unidad en la diversidad comunitaria. La ciudad es un conglomerado complejo de barrios, de clases sociales, de ideologías múltiples. Los barrios son espacios de la vida social que cumplen funciones de identidad e integración, de conexión y continuidad en los diversos territorios urbanos. Los espacios públicos en las ciudades, pueden ser lugares de sana convivencia y tolerancia, o bien de predominio del conflicto y de la diferencia. Los espacios públicos comprenden todas aquellas áreas de servicio y uso común, como son: calles, avenidas, camellones, plazas, alamedas, áreas verdes, parques, bosques, jardines, espacios deportivos y culturales, entre otros.
En octubre de 2008, el Consejo para el Desarrollo Urbano Sustentable de la Ciudad de México, convoco a una Mesa Redonda sobre Rescate de los Espacios Públicos, en su Diagnóstico, nos ofrecen diversas interpretaciones de lo que son los espacios Públicos. Así, citando a Hanna Arendt, el Diagnóstico nos señala que: “El EP es aquel en donde uno reconoce a los demás”. Mientras que Jordi Borja nos dice que: “Los EP dan respuesta eficaz a tres tipos de desafíos: urbanístico, sociocultural y político”. Y García Canclini nos advierte que: “Lo público es el lugar imaginario donde quisiéramos conjurar o controlar el riesgo de que todo esté permitido”. Otras definiciones generales contenidas en su Diagnostico nos hablan de que: “El Espacio Público es un punto de encuentro y de expresión comunitaria, así como de esparcimiento, integración y cohesión social. (…) El EP es el lugar de relación y de identificación de los ciudadanos, de manifestaciones políticas, sociales, culturales, de contacto entre la gente, de vida urbana y de expresión comunitaria.