La investigadora Florencia Quezada nos dice: “Los malls son lugares donde la arquitectura monumental importada, está asociada con el paseo y la recreación, pero ante nada son espacios creados y pensados para el consumo. A la vez, son un nuevo espacio público para la distinción y diferenciación simbólica especialmente de las clases altas y medias. La construcción ilimitada de estos “moles/males” comerciales (pareciera que se reproducen como hongos en el bosque), en diferentes puntos de la ciudad, no sólo ha cambiado el paisaje urbano, sino que también ha transformado el uso del espacio público en las ciudades de América Latina, además de reestructurar, en forma concentrada las inversiones, los servicios y provocar la desaparición de pequeños comercios y locales que no pueden competir con ellos”.(Florencia Quesada Avendaño, Imaginarios urbanos, espacio público y ciudad en América Latina, Número 8 – abril-junio 2006 en: http://www.oei.es/pensariberoamerica/ric08a03.htm)

El espacio público está sustentado en los valores culturales e históricos que la comunidad le otorga como parte de su identidad y pertenencia social. Felix Guattari nos dice: “La cultura no es solo una transmisión de información cultural, una transmisión de sistemas de modelización, es también una manera que tienen las elites capitalisticas (sic) de exponer lo que yo llamaría un mercado general de poder. No solo de poder sobre los objetos culturales, o sobre las posibilidades de manipularlos y crear algo, sino también un poder de atribuirse esos mismos objetos como signo distintivo en la relación con los otros. (Félix Guattari, Micropolítica. Cartografías del Deseo). Las ciudades se han transformado en esta nueva fase de la globalización. Lo local adquiere ahora un nuevo papel en el mercado internacional. Las ciudades actúan primordialmente como soporte material en la reestructuración del modelo económico capitalista. En la nueva división internacional del trabajo, aparecen las ciudades globales como resultado de la dispersión geográfica de la producción, como enlace que favorece la unidad en la dispersión, las cuales actúan como centros o nodos que integran la economía global.

El investigador Felipe Espinoza nos clarifica esta relación entre la cultura, la ciudad y la globalización. Espinoza nos dice: “Por lo cual, al ser la cultura un espacio comunicativo del orden social global constituyente de la vida social en las ciudades, aparece bajo el esquema de ciudad global capitalista como un espacio fragmentado. Esta fragmentación que tiene un origen en la forma arquitectónica, es sin embargo una ilusión del paisaje urbano, que interrumpe los flujos comunicativos que se hacen presentes en la cultura como campo extendido. La cultura, operaría como intermediador de la significación colectiva, pero su “desaparición” no estaría dado por la fragmentación espacial solamente, sino –y más importante aún- por la fragmentación comunicativa, es decir la articulación de las redes y expresividades propias de la significación social y espacial”. (Felipe Espinoza P: “El Espacio de la Cultura o la Cultura Como Espacio: Elementos para el Estudio de las Ciudades” Recuperado el 20/02/2013 del sitio web de Revista El Topo http://www.eltopo.cl/el-espacio-de-la-cultura-o-la-cultura-como-espacio-elementos-para-el-estudio-de-las-ciudades.)

En sintonía con las ideas de Espinoza, Felix Guattari psicoanalista y filósofo francés, nos lanza una profunda reflexión sobre el concepto de cultura en el capitalismo. Guattari nos dice: “El concepto de cultura es profundamente reaccionario. Es una manera de separar actividades semióticas (actividades de orientación en el mundo social y cósmico) en una serie de esferas, a las que son remitidos los hombres. Una vez que son aisladas, tales actividades son estandarizadas, instituidas potencial o realmente y capitalizadas por el modo de semiotización dominante; es decir, son escindidas de sus realidades políticas”. (Félix Guattari, Micropolítica. Cartografías del deseo.) Aquí la cultura aparece como elemento constitutivo y constituyente, es decir funciona como organismo de comunicación social, a la vez que actúa como factor importante en la reproducción del sistema de orden social global.

Nuestra percepción del mundo, y por tanto nuestras señales de identidad, pertenencia y orientación social, en nuestro espacio local y regional, estaría inmerso en esta dinámica monstruosa de producción y reproducción de un sistema, cuya dinámica sustantiva se plasma en la acumulación de capital a escala planetaria, mediado por las economías nacionales y sus ámbitos locales. Donde la cultura se integra en este proceso de fetichización, y por tanto de introyección de la “semiotización dominante” como dice Guattari. El propio Guattari nos aclara: “Todo lo que es producido por la subjetivación capitalística —todo lo que nos llega por el lenguaje, por la familia y por los equipamientos que nos rodean— no es sólo una cuestión de ideas o de significaciones por medio de enunciados significantes. Tampoco se reduce a modelos de identidad o a identificaciones con polos maternos y paternos. Se trata de sistemas de conexión directa entre las grandes máquinas productivas, las grandes máquinas de control social y las instancias psíquicas que definen la manera de percibir el mundo. (Félix Guattari, Micropolítica. Cartografías del deseo.)

La lógica subyacente en el funcionamiento de las ciudades en la globalización tiene que ver con su ubicación en el entorno nacional y local, en la nueva división internacional del trabajo. Aquí el conjunto de ciudades forma parte de un sistema de redes funcionales integradas a los intercambios y flujos económicos de los mercados internacionales, que propician y hacen operativa dicha funcionalidad. En un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), nos explica esta dinámica de desarrollo y polarización que la globalización trae consigo. El estudio nos dice: “A este tipo de inserción internacional geográficamente concentrado corresponde un proceso interno de crecimiento polarizado que profundiza la heterogeneidad estructural de los sistemas económicos nacionales. Se trata de un estilo de desarrollo en el que dicha heterogeneidad se expresa en la coexistencia funcional de actividades productivas, sectores sociales y espacios territoriales relativamente modernos y dinámicos con actividades, sectores y espacios tradicionales, atrasados y rezagados. En esta estructura heterogénea y polarizada, el primer bloque constituye en cada país un selecto eje secto-espacial internacionalizado cuyo dinamismo económico está muy fuertemente determinado por factores externos a los países (verbigracia, las decisiones de inversión directa extranjera, la demanda internacional y la competencia de otros ámbitos geográficos, como el asiático)”. (http://www.eclac.org/publicaciones/xml/5/14285/L591-2.pdf)

Concluimos este artículo con un fragmento esperanzador de Guattari que reivindica la idea de que otro mundo puede ser posible: “Sí, yo creo que existe un pueblo múltiple, un pueblo de mutantes, un pueblo de potencialidades que aparece y desaparece, que se encarna en hechos sociales, en hechos literarios, en hechos musicales. Es común que me acusen de ser exagerado, bestial, estúpidamente optimista, de no ver la miseria de los pueblos. Puedo verla, pero… no sé, tal vez sea delirante, pero pienso que estamos en un período de productividad, de proliferación, de creación, de revoluciones absolutamente fabulosas desde el punto de vista de la emergencia de un pueblo. Es la revolución molecular: no es una consigna, un programa, es algo que siento, que vivo, en algunos encuentros, en algunas instituciones, en los afectos, y también a través de algunas reflexiones” (Félix Guattari, Micropolítica. Cartografías del deseo.)