Los movimientos revolucionarios, armados o no, los idean los intelectuales y universitarios, aprovechando las fuerzas de las masas

Hagamos una breve reflexión histórica:

La Independencia de México fue  orquestada por españoles radicados y mestizos que no estaban conformes con las diferencias de trato y oportunidad. Los cortesanos, militares y religiosos tenían acceso a la buena vida y acumulación de riquezas; los demás al trabajo y sacrificio, llegando al estado de esclavitud. La inconformidad fue aprovechada por los confabulados dándose la Independencia de México.

La Revolución Mexicana, se desarrolló en dos grandes áreas: la urbana, encabezada por Francisco Villa y la rural con Emiliano Zapata. Algunos autores definen a Villa como un forajido y otros hablan de un Zapata rebelde, agraviados por la clase dominante. Orientados por intelectuales mantuvieron una guerra civil prometiendo igualdad en calidad de vida y oportunidades.

Los movimientos revolucionarios, armados o no, los idean los intelectuales y universitarios, aprovechando las fuerzas de las masas y utilizando como medio de promoción las injusticias y las diferencias de clase.

México vive una situación similar a las del pasado, aunque sean períodos históricos y culturales diferentes. Hoy, como nunca, se ve difícil un movimiento revolucionario armado, existiendo a cambio una organización social que tiene acceso a medidas populares, protestas, acciones de rebeldía civil y aprovechándose de los derechos civiles y las leyes, repudiar y derrocar gobiernos o al menos paralizarlos hasta llevarlos a las negociaciones particulares. Eso, algunos lo están aprovechando.

Podríamos acudir a la sociología para definir “clases socioeconómicas y culturales”, título que en sí mismo es despectivo, pero es más simple si clasificarnos en ciudadanos de primera y segunda categorías. Los primeros con acceso al poder y las oportunidades que brinda el abuso y la corrupción; los otros, disciplinados por los entretejidos de un sistema que ha sido organizado para limitar posibilidades a los pobres desafortunados -en el sentido literal, por no tener la fortuna de pertenecer a los privilegiados o nacer fuera de esas familias gananciosas-.

De la historia aprendemos de las castas sociales: en las primeras etapas de la humanidad, recién abandonadas las cavernas, transformados en sedentarios, los dominantes eran sacerdotes, soldados y ricos mercaderes o comerciantes. Los otros, constituían al pueblo; fueron agricultores, pastores, artesanos o simple mano de obra esclavizada. 

Hace varios milenios existen monarcas y dictadores, quienes afortunadamente van en extinción y hasta hace unos cuantos años apareció la democracia con un breve lapso de la existencia del comunismo efectivo. 

Los políticos se coluden con los soldados y alinean a los sacerdotes en una política de
poder clara; pocos pueden pertenecer a tales elites y muchos menos ascender a ellas.

Los abusadores, han establecido reglas de convivencia que les aseguran su permanencia en la administración y usufructo de la riqueza; para ello, han debido crear y sostener “capataces y peones” que aseguran su continuidad en las jerarquías de poder.

Peones y alfiles, al dejar de ser necesarios, como cualquier pieza de maquinaria que ha dejado de ser útil y efectiva, se cambian por otros nuevos; en caso extremo, se rehace el sistema con un modelo aparentemente novedoso, más atractivo y prometedor.

Un nutrido grupo de “peones del sistema” fue creado en el siglo anterior con el propósito de asegurar el control del poder en manos de los integrantes de un partido político naciente que llegara a ser definido por Mario Vargas Llosa como “dictadura perfecta”. A ellos debieron darles ventajas sociales, mayores ingresos y otros beneficios que les mantuvieran comprometidos con los jerarcas; pero a éstos “les creció el monstruo”.

Poner al mando a capataces más enérgicos y en algunos casos con mejor preparación académica fue una buena solución temporal. Pero también acumularon poder hasta sentir innecesarios a los mandos superiores, corromperse o bien exigir recursos que devoran con rapidez inaudita.

A muchos peones les dieron beneficios extraordinarios que, si no los hacían ciudadanos de primera, si les diferenciaban del resto de pobladores que tienen que soportar el peso de la carga propia y la de los demás. También los “enanos crecieron” y dejaron de ser las mansas masas que se podían mover a voluntad. Además, los recursos ya son insuficientes para satisfacer los apetitos despertados.

Usted sabe a quienes me refiero; líderes de sindicatos y sindicalizados que exigen sus “diarias raciones” y que México ya no puede seguir alimentando porque simplemente ya no tenemos recursos para hacerlo.

Por cierto, entre ellos ya aparecieron otros grupos encabezados por anárquicos y oportunistas que se suman al problema social, creando sus particulares conflictos y amenazando a las autoridades que aún conservan algo del poder de la fuerza, aunque tengan desgastado y perdido el moral.

En la zoología existe un fenómeno compensador entre las especies animales: cuando llega la sobrepoblación aparece el canibalismo o la autodestrucción. 

¿Cuál será la solución para la etnia mexicana? Veamos como enfrentan el problema que exige solución en el breve plazo.