El crítico debe ponderar en su análisis objetivo, su insoslayable subjetividad. Para generar un análisis constructivo debe valorar el cuerpo de su crítica desde lo objetivo y desde lo subjetivo

La Habana Cuba
Etimológicamente la palabra crítica está relacionada con la palabra criterio. Y en el ámbito teatral es lo que se expresa públicamente como examen y juicio. También se utiliza para enmarcar al conjunto de evaluaciones sobre una determinada obra, y al conjunto de personas que la ejercen en los medios de difusión. Trataremos de la primera (que determina a las otras).
En lo que concierne a la cultura occidental, el origen de la crítica se remonta a las primeras trazas de evaluaciones estéticas presentes en las obras de Aristóteles, Platón y en las comedias de Aristófanes.
Su florecimiento a lo largo de la historia ha estado vinculado al auge de alguna revolución estética importante. Así, Prerrenacimiento, Renacimiento, Culteranismo, Romanticismo, Realismo, Naturalismo, Modernismo, Vanguardias, Surrealismo, y Posmodernismo, tuvieron una crítica que se imbricaba en las sacudidas generatrices de las nuevas estéticas.

La crítica teatral interactúa o acciona sobre dos entidades fundamentalmente: El artista (dramaturgo, director, actor, diseñadores), y el público.
Con respecto al Artista su influencia puede ser positiva (constructiva) o negativa.
Es positiva cuando la intención de la crítica tiende a mostrar los aspectos dudosos de una obra o alguna de sus partes con el fin de mejorarlos, cuando el objetivo es favorecer un cambio que beneficie a todos los involucrados, incluyendo al crítico. Esto exige características especiales: honestidad, mente abierta, dudas sanas, humildad intelectual y libertad de pensamiento.
Detengámonos en una palabra fundamental: Honestidad.

Es la piedra angular de la ética de un artista. También lo es para todo profesional y por definición para todo ser social. Consiste en expresar coherencia con los valores éticos de justicia y verdad.
Evaluar la honestidad de un sujeto es un atrevimiento por todo lo subjetivo que entraña, aunque su expresión conductual y sobre todo profesional permite un cierto acercamiento.
En el caso específico de los críticos de arte, que producto de su función social y profesional,expresan más claramente el diapasón de la estructura normativa de su ética personal, la honestidad es un término menos parabólico. Estos valores pueden ser deformados en la percepción de un crítico debido fundamentalmente a que su desempeño no es criticado de forma efectiva. Y puede olvidar que la opinión de un especialista, por calificado que esté, está permeada por sus creencias políticas, sus preferencias sexuales, y por todos los matices que determinan su individualidad, y el arte, recordémoslo, busca como destinatario a un receptor universal y no a una persona determinada.

Por esta razón el crítico debe ponderar en su análisis objetivo, su insoslayable subjetividad. Para generar un análisis constructivo debe valorar el cuerpo de su crítica desde lo objetivo y desde lo subjetivo. Debe descubrirlo desde su individualidad y tener la humildad de valorarlo desde un “otro”.
Los puntos de vista de una valoración crítica deben ser diversos. Las metodologías pueden ser: positivista, semiológica, narratológica, psicológica, sociológica, estructuralista, deconstructiva, estilística descriptiva, genética, funcional y estructural, y la estética de la recepción, entre las más importantes.
La conveniente creencia de que un artista, que ve denigrada su obra en medios masivos de difusión, puede sacar beneficios para su superación, carece de objetividad. El artista no dispone de esos medios para mostrar sus puntos de vista, y no es además de buen gusto que lo haga, estaría irrespetando a su obra. En esas circunstancias está negado el diálogo, la comunicación, y la necesaria retroalimentación imprescindible para un crítico, sobre todo al enfrentar nuevas tendencias.

Una crítica positiva (constructiva) puede resumirse en una reflexión mutua y responsable que se expresa de forma personal y abierta, con el propósito manifiesto de lograr un cambio favorable que beneficie a cada una de las personas involucradas en determinadas circunstancias, en sentido de colaboración y respeto. Proponiendo y discutiendo soluciones a esos puntos discrepantes que crean las condiciones para el diálogo.
La crítica negativa, en general, expresa valoraciones absolutas usando como racero aparentes “verdades” del pasado. Contiene una adjetivación solapada que va dirigida al artista y no a la obra, con ánimo estigmatizante, y apela a generalidades (improbables) evadiendo términos concretos.
Por otra parte la acción de la crítica sobre el Público puede ser evaluativa (calificadora) o dialógica.
Analicemos esta peligrosa encrucijada a la que se enfrenta el crítico en cuanto a la estrategia de comunicación con esa entidad múltiple que denominamos: público.
La sociedad actual está condicionada a los mecanismos de consumo. Carece de tiempo para la espiritualidad, para procesar una catarsis mística con la propuesta artística. Tampoco dispone de tiempo para dialogar con la crítica. Un arte chatarra se ha impuesto para el consumo rápido de un remedo de espiritualidad. En correspondencia se ha impuesto una crítica chatarra, que llega incluso a calificar con estrellitas (como a los hoteles) a estos espectáculos generados por análisis estadísticos de demanda de consumo.
La crítica utiliza los medios masivos de comunicación para expresar su experiencia de enfrentamiento con las diferentes propuestas artísticas. Y estos medios le exigen un veredicto frío, claro y concluyente que permita direccionar los dispositivos de venta.
Esta encrucijada de la crítica fue (y sigue siendo) centro de debates desde el pasado siglo XX, desde el formalismo ruso que desjerarquizó al objeto en favor de la forma en que es percibido, cimentando las bases de la Teoría de la recepción, donde el sentido de un objeto artístico sólo adquiere dimensión real desde la percepción del espectador (lector), el estructuralismo que no sólo negaba al autor sino a la obra misma, llegando a aseverar que el artista sólo posee el poder de mezclar fragmentos ya existentes, y la deconstrucción, que propone la destrucción del sistema lógico de la obra impuesto por una ideología dominante, niega el sentido literal como único posible, definiendo el significado por los significados que excluye.
Estos vaivenes teóricos sobre la validez del objeto artístico, el receptor y el arte mismo, han creado un desconcierto tal que muchos han puesto en duda la razón social de la crítica. Crisis profundizada por divergencias en cuanto a los métodos, los procedimientos, y sobre todo los objetivos, desembocando en disímiles abordajessociales, artísticos, pedagógicos, y políticos, que cuestionan el papel de la crítica en cuanto a dar sentido a la obra artística, o analizar su estructura, o socializarla, o explicarla al público para una mejor (y direccionada) comprensión.
La sociedad actual, amordazada por los tentáculos económicos de una realidad globalizante, bajo la dictadura hegemónica de los medios masivos de comunicación, deja poco espacio a una crítica dialogante que se avizora en un futuro no lejano y en algunos suburbios extramuros de la monstruosamente llamada Industria del Arte.
La crítica desde el pasado siglo se ha polarizado en la academia, y el periodismo cultural, ambas calificantes, asociadas a la inmanencia, al dogma, y al mercado. Pero una crítica nueva se gesta en la infancia de un nuevo teatro. Un nuevo paradigma social, determinado por el agotamiento inevitable de las reservas del planeta, impondrá un nuevo paradigma cultural.
Esta nueva crítica, dialogante con una realidad hipertexual, donde cualquier verdad puede ser clikeada destapando múltiples lecturas en una cultura mutante, requiere de un nuevo crítico capaz de mostrar, desde el propio discurso no sólo la brújula que lo orienta en la multiplicidad de abordajes al objeto artístico, sino también la necesidad de su descubrimiento y la brújula misma. Entregando como verdad una pregunta, una duda, el sacrificio de un proceso de descubrimiento que incentive al receptor a iniciar su propia travesía.
Una Crítica dialógica que no hable sobre las obras, sino con ellas. Que no pretenda acuñar verdades, sino mostrar valideces
La crítica teatral va a sobrevivir, se va a transformar, porque es el complemento del nuevo teatro, porque se nutre de lo efímero de la representación y en su redescubrimiento heroico la inmortaliza, haciendo que la obra permanezca en la historia teatral como un organismo vivo, que describe las emociones, las reacciones y los sueños que aparecen por única vez durante la función, alterando y transformando la espiritualidad de ese testigo especial que llamamos: Crítico.