"Tan entrados estaban en el debate que no se dieron cuenta, que un cuervo se paró en la superficie del barbecho y empezó a picotear el suelo para devorar una “gallina ciega” y, éste escuchó la conversación de los cuatro elementos reunidos, y también intervino sin ser invitado"

En el artículo anterior menciono el poder imaginario del niño, en el que representa la facultad de seres orgánicos e inorgánicos de establecer un diálogo gracias al poder divino que media entre el ser humano y las demás creaturas; se presta una zona de contacto entre el hombre y el sustrato intramundano de la naturaleza, a través del poder desbordante del significado de lo imaginario, esto, según Castoriadis en (Habermas, 1989, p. 391-392). La fuente de la fantasía nace de la naturaleza interna del individuo. El niño en cuestión había tenido en la edad de 4 a 6 años una representación del mundo sin seres humanos, y él se preguntaba ¿Cómo sería el mundo sin hombre, únicamente la naturaleza reinante en él?. Esto le sucedió un día sólo en su cuarto, cerró los ojos y se transportó en su imaginación, a ese mundo con puros árboles y una gran variedad de animales. De ahí en adelante practicaría sin saberlo, a la meditación, acción estimulante que le ayudó a ser prudente ante circunstancias adversas que se topó en el camino. En el artículo presente, proseguimos con el diálogo ecológico.

…Tan entrados estaban en el debate que no se dieron cuenta, que un cuervo se paró en la superficie del barbecho y empezó a picotear el suelo para devorar una “gallina ciega” y, éste escuchó la conversación de los cuatro elementos reunidos, y también intervino sin ser invitado.

Participa el cuervo – nosotros no cantamos mal las rancheras, en los ríos y lagos satisfacemos nuestra sed y nos damos unos buenos chapuzones, pero éstos, están muy contaminados, por lo tanto, nos enfermamos y sucumbimos. Las aguas que antes fluían cristalinas y las disfrutábamos, ahora, nos da escozor al contacto del agua. Además, se presentan sequías más prolongadas y, por consecuencia, los almacenamientos de agua se secan, los ríos y lagos se están agotando y, lo peor, los grandes mantos acuíferos están desapareciendo sin fuente natural que los abastezca. Todo esto me da pavor y tristeza simultáneamente. Pero ya me imagino, si a nosotros que nos ven volar, caminar y arrastrarnos, no nos consideran, menos a ustedes que yacen en el subsuelo. ¿A qué creen que se deba esto? – Se pregunta y se contesta el cuervo – Debido a que no les proporcionamos rentabilidad a sus bolsillos. Dicen ellos: “recurso o negocio que no deje dinero, mándalo al diablo”.

Me siento triste – comenta el suelo -, porque aparte de los fenómenos de la naturaleza, está la acción del hombre, quien sin discriminación rotura profundamente el subsuelo y, eso lacera las entrañas de mi ser, pone al descubierto a los nutrientes y a los microorganismos, destruye la porosidad y la cubierta vegetal; al transformar mi estructura, me deja inerme ante la avalancha del escurrimiento atroz, ésta, forma cárcavas como heridas difíciles de cicatrizar. La cubierta vegetal permite la infiltración, la cual conduce la humedad hacia la profundidad alimentando así los mantos acuíferos, sin ella, el agua se escurre por la pendiente perdiéndose a lo largo del camino. Además, el campesino me echa el ganado encima, sus pezuñas, su peso y voracidad, me deja totalmente desnudo, con la tierra desmenuzada minuciosamente como pinole, provoca en mi, una vulnerabilidad extrema; las tolvaneras fuertes y los escurrimientos me desgasta totalmente, estos fenómenos adelgaza mi suelo agrícola, pues son toneladas arrastradas que levanta mi espesor, capa sobre capa. Escucho al campesino de que existen instituciones – Conagua, Conafort, entre otras -, que están al cuidado de nosotros, pero por lo que veo, brillan por su ausencia ante mi catástrofe. Está próximo el día en que ya no pueda sostener a ninguna planta, así tenga raíces adventicias que no profundizan y, vendrá la hecatombe, no seré potente para alimentar a la humanidad, mucho menos a la flora y fauna existente.
Debido a mi ágil movilidad – dice el aire -, me introduzco fácilmente entre las calles, casas, talleres y oficinas de la gran ciudad; al entrar a un hogar, vi a unas personas mayores entretenidas y muy interesadas sobre una noticia, cuyo reportero repetía: “el gobierno federal va a destinar recursos millonarios para la reforestación del campo mexicano” lo externaba ante las grandes personalidades en el Foro internacional organizado por la Cumbre Verde de la ONU. Tal fue mi júbilo – proseguía el aire -, que me detuve y me quedé quieto para asimilar en forma placentera lo que escuché. Ahora sí, me dije, nos van a proporcionar los elementos para detener las tolvaneras, no arrastrar las capas del suelo agrícola, disminuir la gran velocidad a que estamos acostumbrados, no derribar postes, ni propiciar accidentes en las carreteras; disfrutar las caricias que obsequiamos a las ramas de los árboles.
El huizache estaba quieto, sus ramas se mecían lentas por el poco viento que lo traspasaba, ni tardo ni perezoso, decidió intervenir.
Al respecto de esa noticia – comenta el huizache -, el otro día estaban tres campesinos que charlaban bajo mi sombra, precisamente sobre ese programa millonario para la reforestación. Los tres estaban atribulados, porque sexenio tras sexenio, ocurre lo mismo, pues con las famosas “reglas de operación” que establecen las dependencias encargadas de esos programas, ellos son marginados, en primer lugar deben llenar unos formatos, de los cuales nadie los orienta, en segundo, la mayoría tiene menos de cinco hectáreas; y la norma dicta que serán beneficiados sólo los que tienen más de cinco hectáreas en adelante. Además es un secreto a voces que quienes son favorecidos son los cuates, parientes, amigos y recomendados de los funcionarios de esas instituciones. Y para taparle el “ojo al macho”, así dijeron, el sobrante se les proporciona a los líderes agrarios. Todo el recurso millonario se aplicará en lo que quieran, menos a la reforestación; por lo tanto, nos vamos a quedar como el chinito: “nomás milando”. Todos escucharon al huizache y se quedaron más desconsolados que los propios campesinos.
En eso se escuchó fuertemente el silbido y los gritos de los pastores, quienes estaban a una distancia de medio kilómetro, y el niño sobresaltado abrió los ojos. No podía creer la visión de la naturaleza, pensó el niño, y sin embargo, estaba en éxtasis, no era una simple plática, fueron conferencias magistrales de estas creaturas de Dios. Ante ello, trataba de encontrar las relaciones entre el significado del hecho material lingüístico, y el significado del contenido espiritual, para encontrar una respuesta y hallar las condiciones de verdad de todo lo que había escuchado. Pero de momento el niño se confundía, hacía preguntas de cómo la ciencia y la tecnología han apoyado a la humanidad, esto de acuerdo a las enseñanzas de su maestro, cuyo descubrimiento e invenciones se enfocaban a la salud, comunicaciones, educación, en la agricultura, en esta última, los avances han incrementado la producción, pero también se ha revertido en resultados negativos, tal como lo mencionaron los elementos.
Uno se pregunta, qué te impulsa representar con la imaginación sin que tenga que ver la razón, la lógica para expresar las fantasías creadoras; y la respuesta no se deja esperar, así es como los griegos imaginaron y crearon la gran tragedia griega, la cual explica los fenómenos psíquicos a través de las cuales expresaron sus miedos y angustias, y que al paso del tiempo, éstos todavía se manifiestan en la actualidad, y más ahora, con toda la vida acelerada a la que nos empuja la racionalidad dominante, el poder de la razón que avasalla y somete a la colectividad sin consideración, la cual justifica todos los estamentos profesionales, la empresa capitalista, la razón de ser del aparato burocrático del Estado, con todos los rubros que lo acompañan, la economía, política, educación, salud, entre otros.
El niño al crear su fantasía, ésta no se da sin previos argumentos, pues en la educación primaria, conoce los contenidos químicos y físicos de la naturaleza, las devastaciones que los meteoros ocasionan al no tener un poder que los detenga o aminore, esto, porque en su comunidad a la orilla del asentamiento, están cárcavas gigantes, que su abuelito le explicó el por qué de las mismas, pues las grandes avenidas del río Nazas en sus ramales, arrastró y deterioró el suelo formando cuevas, en las cuales, los niños se ponían a jugar a las películas de bandidos y policías y esconderse en ellas. Todo ello, fue un basamento para su imaginación creadora, que además ayudó en gran manera en su meditación, su representación no fue con los ojos abiertos, con la conciencia a flor de tierra, todo sucedió con los ojos cerrados y concentró su entendimiento con el desbordamiento a plenitud de lo imaginario. Espero queridos lectores haya sido de su agrado la presente narración. Gracias.