"Me acerco a un mezquite frondoso me recargo en él y cierro los ojos; me olvido de mis padres y de todo lo que me rodea. A los quince minutos siento que mi alma se conecta con algo superior y con la profundidad de la naturaleza; es algo fuera de lo normal."

Estos dos artículos seriados son extraídos de un cuento autobiográfico de mi autoría, titulado: “El Poder Imaginario de un Niño”. Inician estos artículos, cuando al niño se le ordena para que vaya a recoger leña del campo – fue la época de la chimenea rústica en los hogares del medio rural -. Este niño sostiene imaginaciones fuera de lo normal; al cerrar los ojos – medita -, se encuentra en otra atmósfera fuera de la realidad presente. Y para no introducirme de más, iniciamos este fragmento del cuento:
Un sábado por la mañana, su mamá lo mandó por leña. Recojo el mecate – dice el niño – me lo amarro a la cintura, me coloco el sombrero, y camino por la hilera de álamos rumbo al lugar de la leña. Al llegar al sitio indicado, observo a mi alrededor y se ve totalmente sólo, aproximadamente a un kilómetro, no se nota ninguna persona trabajando o pastores cuidando vacas o chivas, lo único que se escucha son el trinar de las aves, el viento que acaricia las ramas de los árboles y se siente una quietud reconfortante. Me acerco a un mezquite frondoso me recargo en él y cierro los ojos; me olvido de mis padres y de todo lo que me rodea. A los quince minutos siento que mi alma se conecta con algo superior y con la profundidad de la naturaleza; es algo fuera de lo normal.

Pasado unos minutos, mis oídos escuchan unas voces raras que emergían del interior del suelo, entendía el lenguaje que expresaban. Estas voces provenían de las sales minerales y microorganismos que conforman el subsuelo. Me siento asombrado que tales elementos dialogaran. Pero Dios es todo Poderoso, a lo mejor, Nuestro Señor, les ha facultado el poder de la comunicación y establecer un puente conmigo para escucharlos; el nitrógeno, fósforo, potasio, entre otras sales, se dirigían en forma inquisidora con sus cohabitantes, los microorganismos: bacterias de todo tipo, hongos micro celulares. Y me dispongo a escuchar el siguiente diálogo:
Los primeros en preguntar son los minerales – ¿Por qué si Dios nos dio la potencialidad y la facultad de darle sustento físico y nutritivo a todos los seres vegetales, nativos y cultivados por el hombre, éste, además de abandonarnos nos daña con sus desechos tóxicos?. Estamos en la misma situación – contestan los microorganismos -, nosotros tenemos la facultad de fijar los nutrientes de la lluvia, y de ustedes, que como minerales traen consigo, a pesar de todos esos beneficios, también somos dañados por el hombre con sus prácticas agrícolas inadecuadas. Aplican fertilizantes, pesticidas, insecticida, en forma indiscriminada, esto nos intoxica y aniquila. En eso, pasa el viento y el agua que escurría por un arroyuelo cerca del lugar.
El viento y el agua con sus antenas panorámicas especiales, lograron captar el diálogo sostenido por estos elementos, y decidieron entrar en la charla, pues era común su pesar – nosotros que tenemos poder de movilidad, igualmente venimos contaminados por la obra razonada y técnica del hombre; los automotores y las industrias expulsan bastante monóxido y bióxido de carbono, basura orgánica e inorgánica, satura todo el medio ambiente, ¡Esto no se vale! ¡Es una irracionalidad dentro de la racionalidad! ¡Ustedes no son los únicos!.

Los cuatro participantes exclaman al unísono – ¿Qué le pasa al hombre?- Su inteligencia lo ha llevado más allá de la sensibilidad humana, a tal grado que da la impresión, de no percibir que está cavando su propia tumba planetaria. ¿De qué le sirve tanto avance científico y tecnológico, o, es que le da más importancia al cuerpo y a la mente que a su propia alma?. El hombre, además de olvidar el sustrato físico – contestan los minerales – también está olvidando el sustrato de su ser, pues da más importancia al exterior, a lo que brilla, y descuida lo más importante, lo intrínseco de su alma; ella lo orienta hacia dónde enfocar su destino para ampliar el horizonte, en relación con sus semejantes y el entorno circundante. ¿No se dará cuenta que aquello lo hace ser vulnerable?.
Nosotros – responden los microorganismos -, que estamos más cerca del hombre biológicamente hablando, nos da tristeza y pesar porque no tiene miramiento con las especies animales que coexisten con él, pues a todas las especies domésticas les proporciona hormonas, según esto, para cebarlos en forma rápida, sin pensar que los efectos van a ser perniciosos para su salud, mucho menos van a tener consideración a nosotros que nos ocultamos en el subsuelo. Y como dicen ellos: “ojos que no ven, corazón que no siente”.

Tenemos entendido – contestan las sales minerales – que nosotros al igual que ustedes, somos estudiados en laboratorios muy sofisticados para que la tierra tenga más rentabilidad. Pero qué raro, entre más nos estudian, más veneno nos proporcionan a través de productos químicos. Al aplicarlos a la tierra, éstos se adhieren a la estructura del suelo con doble efecto devastador: por un lado, éstos destruyen a todo el organismo existente en el subsuelo, por otra parte, son muy difíciles de desintegrar. Con esto, el futuro del hombre no es en absoluto halagador. Eso por el lado de la química – expresan los microorganismos -, por parte de la economía, otra ciencia inventada por el hombre, se realizan cálculos estadísticos para que la tierra produzca más; homogenizan a todos los suelos de una misma área, ya sea local, regional y nacional, a través de satélites especiales. Incluso, logran penetrar a más profundidad, y así detectan la riqueza mineral, gases, e hidrocarburos, contenida en el subsuelo para poder explotarlo por medio de la minería y petrolífera, actividades devastadoras en contra de la naturaleza y del hombre y, para ello, en forma irracional, modifican, derogan leyes constitucionales para beneficiar a las grandes empresas trasnacionales.

¡Sí es cierto! – dicen los minerales – esta área ejidal es acentuada en nitrógeno, pues se practica la rotación de cultivos con leguminosas, y de todas maneras, aplican de manera indiscriminada una fórmula rica en ese elemento, sin haberse realizado un muestreo de suelos; pero como Dios es muy grande, tiene prevista todas las reacciones inter e intra químicas en sus creaturas, para poder auto – regularnos y neutralizar las reacciones negativas; de esta manera, el vegetal únicamente asimila lo necesario de acuerdo a la “ley del mínimo”. Pero esto también tiene un límite que puede llegar a la sobresaturación.

El aire y el agua – comentan al respecto -, a nosotros con la industria maderera nos impacta negativamente, se han deforestado grandes extensiones de bosques y, esto implica, que se agote gradualmente las fuentes de regeneración del ciclo hidrológico, y la exigua existencia de árboles, son incapaces de absorber las toxinas expelidas por el tráfico vehicular y la industria fabril y, por ende, escasa producción de oxígeno. Estos tres factores asociados, repercuten ineludiblemente en la disminución de las precipitaciones pluviales, aumento en la contaminación del aire, deterioro de los suelos y, por consecuencia, en la producción de alimentos. El desgaste del suelo va a ser incapaz de sostener la flora y, sobre todo, a los cultivos, pues no habrá migajón que pueda sostener a la planta con raíces adventicias, cuya estructura es superficial, mucho menos a los de raíces agudas. ¡El panorama es desolador!.
Entre todos comentan – tal parece que entre más razón y más inteligencia, el hombre se vuelve loco de remate, ¡es un irracionalismo!, no se conduce con mesura para aprovechar los dones que Dios nos proporcionó para protegerlos ¡es inconcebible! Volveremos al cuestionamiento que nos hicimos al principio. ¿Qué lo motiva actuar así?. ¿A dónde se dirige?. Según la historia, el progreso va a remediar los males del hombre. La ciencia y la tecnología son los pilares para sostener a la humanidad. Resultado: seis siglos de pensamiento científico, ha sido todo lo contrario, los recursos naturales están en vías de extinción, más de la mitad de la población mundial vive en la pobreza, en la hambruna, vive en forma acelerada, por consecuencia, sufre de estrés, depresión, miedos y angustias, y para desgracia de él mismo, la tecnología vanguardista innova armamento bélico para la defensa estratégica de las naciones; derivado de ello, se ha llegado a las guerras civiles dentro de una misma nación, y lo más grave al genocidio. Ahora, creo que quieren llegar a otros planetas para buscar mejores opciones de vida. ¡Con estos amigos! ¿Para qué queremos enemigos? ¡Dios mío ven a salvarnos de estos depredadores!. Continuará.