ed84 / Amortajar, amortajando
Estaba tratando de recordar, cuántas personas he amortajado desde que inicié mi carrera de enfermera, y no lo recuerdo. Solo puedo recordar aquel miedo que sentí la primera vez, cuando al voltear el cuerpo de ese señor tan pesado y grande, a comparación de mi estatura y ligereza de ese entonces, salió un enorme quejido (del difunto, no del mío); casi salgo volando por la ventana.

Después, fue la de un niño de tres años, creo que esa vez no podía ver cuando lo estaba envolviendo por mi llanto, pues mis lágrimas eran más que las de su mamá.
La tercera vez, le tocó a un joven deportista que había fallecido por un traumatismo cráneo encefálico, “pobre chavo, ya iba yo agarrando algo de experiencia en esto de poner taponamientos en todos los orificios, pero era algo cruel”, (la técnica, no yo).

Han pasado 25 años desde que trabajo en un hospital y el sentimiento se va haciendo un poco frío. Han cambiado las formas de amortajar, ahora solo su bata blanca y meter a una bolsa.
La responsabilidad de tener en nuestras manos, lo que una vez fue habitada por sentimientos y alma, es muy difícil de explicar. A veces siento que al momento de subir el cierre de esa bolsa, y llegar al nivel de su cara, él o ella abrirán los ojos, como si su ida fuera solo momentánea; pero sus bocas con sus maxilares sin control dicen todo lo contrario.

Es necesario sujetar ambas extremidades antes que esto sea imposible y antes de que el color pálido llegue a su punto final. Es tan triste ver cómo después del sufrimiento, de alguna manera tiene que llegar la calma, solo que esta calma consiste en habitar un espacio terroso profundo y solitario.

He sabido de personas que dicen haber regresado de la muerte, y que presencian todo lo que pasa entorno a su cuerpo inerte y con más de cinco personas haciendo presión sobre él. Escuchando todo lo que ahí se dice, incluyendo los chascarrillos involuntarios (es penoso, pero así es). Así que volteo a todos los rincones con respeto y le pregunto si aún está por ahí aterrorizada de un día recibir una respuesta, aunque me gustaría saber si hay vida después de la muerte.
No es mi profesión la religión, pero sé que todos tendremos que terminar algún día; será que existe un mundo mejor?.

Cuando veo el rostro de estos cuerpos aun sin rigidez, me pregunto: ¿A quién le tocará amortajar el mío?

¡Ojalá y para entonces, la muerte no exista!.