ed93 / Remembranzas de un ex Peveciano

Corría el año de 1967, cuando procedente de mi natal Juan Aldama, Zacatecas, llegué a esta ciudad de Torreón, con el firme propósito de estudiar una carrera universitaria, ya que sólo contaba con estudios comerciales y la secundaria. La Preparatoria Venustiano Carranza, de la Universidad de Coahuila me abrió sus puertas, cuando su Director era el Lic. José Solís Amaro; recuerdo con gratitud a mis maestros, de apellidos Cueto Nicanor, Fuentes Pérez, Orendain, Niño, Ruiz García y “El Magister” entre otros, por las importantes enseñanzas recibidas; también, a aquellos buenos conserjes, Víctor que tenía a su cargo la instrucción de los integrantes de la Banda de Guerra, así también a Evaristo, Zaffa y Rodolfo, el popular “Rudy”.

Inicialmente, en los meses de septiembre, octubre y noviembre de ese lejano año de 1967, me brindaron alojamiento en su casa, mi tía Aurora Sánchez, la cual estaba ubicada en la avenida Escobedo, muy cerca de la Alameda Zaragoza, conviviendo con mis primos Roberto, Lolita, Juan José, Mundo, Perla y Betty, de apellidos Casas Sánchez; los meses siguientes hasta junio de 1968, estuve hospedado en una casa para asistencia de estudiantes, situada en la calle Treviño, casi esquina con el Boulevard Revolución, donde éramos atendidos por la señora Mercedes “Doña Meche”, con mis paisanos de nombres Carlos Casas, Édgar y Héctor García, Rogelio Pérez, Hugo Galván, Javier Cruz, Fidel Segura, Sergio Moreno y el que esto escribe, además de Javier Espino y Lorenzo Castañeda, ellos de Miguel Auza, Zacatecas; unos estudiábamos en la famosa P. V. C. y otros en la Escuela Federal Nocturna.

De los egresados de la Escuela Secundaria “Gustavo Díaz Ordaz” de Juan Aldama, ingresamos a la Preparatoria Venustiano Carranza, Raymundo Pérez Rodríguez, Marisela Hernández Morales, Luciano Ramírez Aguilar, Sergio Moreno Aguilar, Fidel Segura y Ramiro Ramírez Huerta, todos actualmente profesionistas. Al concluir los dos años de estudios, tuve el privilegio de recibir de parte de las autoridades educativas, diploma de reconocimiento correspondiente al Primer Lugar de Bachillerato de Leyes, en una inolvidable ceremonia que tuvo lugar en el Teatro “Isauro Martínez”, a la que asistieron el Director de la Preparatoria, algunos maestros, el Presidente Municipal de Torreón, así como familiares y amigos. También obtuvo diploma de Primer Lugar mi compañera y amiga de Torreón, Margarita Esparza Franco.

Posteriormente, ante la necesidad de trabajar para continuar con mis estudios, me trasladé a la ciudad de México, donde ingresé a un Despacho Jurídico denominado “Bufete Morales Gómez”, ubicado en la calle de Turín número 45 en la Colonia Juárez, donde laboré la mayor parte de mi carrera universitaria, incluso ingresé a trabajar cuando aún no recibía los resultados del examen de admisión que había presentado en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde formé parte de la “Generación Federalista de Abogados 1970-1974”, de la que fue nuestro Padrino el Lic. Mario Moya Palencia. Presenté examen profesional el 3 de febrero de 1977, obteniendo el título de Licenciado en Derecho, con la presentación de la tesis titulada “La Seguridad Social del Campesino, conforme a la Nueva Legislación”, siendo aprobado por unanimidad de los integrantes del jurado. Al examen asistieron mis padres Doroteo Ramírez Salazar y María de Jesús Huerta de Ramírez (q.e.p.d.) quienes se trasladaron de Juan Aldama, Zac., a la ciudad de México, así como mis hermanos María Natividad, Jorge y Alonso Ramírez Huerta; de igual manera, estuvieron presentes mis compañeros universitarios David Flores Villa, Daniel Mayer Robledo, Ladislao Gómez González, Agustín Morales Rodríguez, Alfonso Muñoz Alcalá, Jorge Paniagua Salazar, Rogelio Hernández Carrillo, Jorge Flores Ramírez, Carlos Martínez Zermeño, Ignacio Rosales Torres y muchos más, ya que tuve la fortuna de que me acompañaran a este evento de 50 a 60 personas, que en ese tiempo, era una cantidad considerable de personas asistentes a una ceremonia de esta naturaleza.

MI ESTANCIA EN LA CIUDAD DE TORREON, COAHUILA.

Aún cuando esta etapa de mi formación universitaria y profesional es a todas luces inolvidable, por ser privilegiado al formar parte de la máxima Casa de Estudios, la Universidad Nacional Autónoma de México, a quien debo todo lo que actualmente soy, jamás se borrará de mi mente esta etapa de mi existencia en la próspera Comarca Lagunera, recuerdo con especial cariño a esta bendita tierra en la que construí los cimientos de lo que más tarde sería mi formación universitaria y profesional; cómo no recordar con emoción el primer día de mi inscripción en esa noble Institución que antes se llamaba Escuela Secundaria y Preparatoria “Venustiano Carranza” de la Universidad de Coahuila, a la que asistían obviamente también alumnos de la secundaria y quienes nos sentíamos ya mayores por el grado de estudios, les hacíamos la broma a la hora del recreo, que se habían escapado de “la guardería”.

Así es, fueron dos años inolvidables en “La Perla de la Laguna”, cómo olvidar a mis compañeros de Torreón, como Isauro Martínez Mireles, Amador Ramírez Rodríguez, Germán Palomares, Agustín Sánchez Medinilla, Martha Mena, Margarita Esparza Franco y muchos otros, cuando convivíamos en clases, en las canchas de basket bol, en la biblioteca haciendo las tareas, o en el “Bosque Venustiano Carranza”, cuando periódicamente cruzábamos la calle para presenciar alguna riña estudiantil.

Recuerdo con agrado las campañas para la elección de la sociedad de alumnos, siempre tan nutridas de propaganda estudiantil, pues los aspirantes nos regalaban porta credenciales, forros para libros y cuadernos, lápices, gomas y sobre todo las invitaciones a las tardeadas juveniles a las que asistíamos en grupo.

El día 23 de mayo se celebraba “El Día del Estudiante”, era una fecha muy esperada por todos los compañeros, porque participábamos en toda clase de festejos como los torneos deportivos en las canchas, que siempre terminaban en guerras de globos llenos de agua, los desfiles de disfraces por las principales avenidas Hidalgo y Juárez y la Calzada Colón y la toma de autobuses urbanos que no podía faltar, desviando las unidades de sus rutas; lamentablemente, hay que decirlo, cuando algunos grupos de estudiantes o vándalos infiltrados, terminaban con la comisión de ilícitos que afectaban a la ciudadanía, los sanos festejos tan esperados derivaban posteriormente en hechos delictivos, lo que ocasionaba que los establecimientos comerciales cerraran sus puertas para poner a salvo a su personal y a su mercancía, de esta manera fue desviándose el verdadero sentido de las celebraciones estudiantiles.

Además, incursioné en el periodismo estudiantil, toda vez que en la Preparatoria circulaban varios periódicos, por lo que tuve la oportunidad de escribir algunos artículos en el denominado “El Sol Peveciano”, destacando entre ellos el alusivo a los vuelos espaciales que realizaban los estadounidenses a la luna, específicamente, si no me falla la memoria, el de la tripulación de “El Apolo XI”.

La práctica del deporte no podía ser la excepción, siendo la natación y el atletismo mis favoritos; la natación, porque en el famoso manantial “Ojo de Agua”, de mi terruño Juan Aldama, Zac., nos enseñan a nadar a muy temprana edad, por eso los sábados pasábamos gran parte del día en ese lugar y fuera de él, practicábamos el atletismo, en carreras de velocidad de 800 o 1,500 metros, aunque siempre me atraían las carreras de resistencia, de tal suerte, que el primer éxito que me anoté, fue subir corriendo el emblemático “Cerro Pelón” que se encuentra cercano a la carretera México-Ciudad Juárez, logrando esta hazaña hasta en seis ocasiones subiendo y bajando sin descanso, solo y en ocasiones con la compañía y entrenamiento de mi compañero de secundaria Pablo Montelongo Bonilla, a quien llamábamos “El Huarache Veloz”. Estas prácticas deportivas las realizábamos casi siempre al medio día, saliendo del crucero de la carretera, donde actualmente se localiza el “Motel Ojo de Agua”, muy conocido por ser la terminal de autobuses de Ómnibus de México”, hasta llegar a la torre de Microondas rumbo a los Campos Menonitas y la ciudad de Río Grande, recorriendo una distancia de 18 kilómetros bajo el ardiente sol, aclarando que preferíamos ese horario, a fin de adquirir mejor condición física. De esta manera, participamos en algunas competencias de atletismo sobre el tramo de la ciudad de Fresnillo, con destino al Santuario del Santo Niño de Atocha.