ed85 / INMORTALIDADLas primeras reliquias de la inmortalidad datan de los arcaicos enterramientos. La pretensión de sustraer a los restos humanos del ciclo natural alimenticio y la descomposición, muestran la inconformidad humana ante el trance absurdo de la muerte. La inmortalidad es el único remedio a la angustiosa certidumbre de la extinción.
Borges expresó: “yo creo que la inmortalidad personal no es menos creíble que la muerte: ¡Las dos cosas son increíbles! El hecho de que alguien perdure más allá de la terminación de su cuerpo parece rara, pero también lo es el hecho de que alguien desaparezca definitivamente.”

“Platón tenía una forma peculiar de entender la inmortalidad. La expresó en su teoría de la reminiscencia, según la cual conocer es recordar. Todo el conocimiento se encuentra en el alma del hombre antes de encarnarse y nacer, pero sólo al contacto con los objetos concretos durante la vida terrenal, es capaz de recordarlo”

Muchas religiones manejan la promesa de la inmortalidad. El hinduismo la otorga mediante la absorción del espíritu universal, lo que, por supuesto, se asume como una aspiración personal para la trascendencia. El Budismo concede una región más allá: El Nirvana, un estado de total felicidad. Un poco menos festivos pero igual de perpetuos fueron los primeros griegos con el subterráneo territorio que llamaron: “El Hades”. El Cristianismo, el Islam, y el Judaísmo por su parte, prometen la inmortalidad de las almas más allá de la muerte, después de un severo juicio.

En el antiguo Egipto, alrededor del 2600 a.C. se construyen las primeras estructuras funerarias, durante la I y II Dinastías (posteriores al reinado de Narmer). Son las pirámides escalonadas de piedra o ladrillo de Saqqara. El objetivo de estas mega-construcciones no era otro que garantizar la opulencia de los reyes en la vida que comenzaba después de la muerte. Los faraones, evidentemente, querían más tiempo
Hacia el 1200 a.C. en La Venta (actual estado de Tabasco) en el sureste de México, se edifica el conjunto funerario más antiguo de América. Como ven la búsqueda de la inmortalidad ha sido persistente y diversa.
En el 210 a.C. muere el emperador Qin Shi Huang de China. Había ordenado a sus alquimistas que elaboraran un elixir mágico que azorara a la muerte. Se sospecha que esas pócimas, cargadas de mercurio, terminaron matándolo. Mas su búsqueda de la savia eterna no fue una empresa totalmente estéril. Dice una leyenda que en la isla de Zhifu, el emperador organizó una expedición marítima con cientos de hombres y mujeres jóvenes con la encomienda de encontrar la píldora de la inmortalidad. Nunca regresaron. La leyenda concluye que encallaron en una isla japonesa y fundaron una ciudad. De cualquier forma Qin Shi Huang se hizo enterrar con un ejército de guerreros de terracota. El primer emperador chino gustaba de la guerra y no quería pasar el resto de su muerte, aburrido.
Platón tenía una forma peculiar de entender la inmortalidad. La expresó en su teoría de la reminiscencia, según a cual conocer es recordar. Todo el conocimiento se encuentra en el alma del hombre antes de encarnarse y nacer, pero sólo al contacto con los objetos concretos durante la vida terrenal, es capaz de recordarlo. Descartes fue menos complicado, aseguraba la existencia de ideas innatas, por tanto eternas
Aristóteles dudaba. Si la muerte se lleva los recuerdos y toda la experiencia, sobreviviría la parte activa del intelecto, pero no la memoria, luego la sobrevivencia podría ser cierta; pero no sobrevivían las personas cual eran.
En el 1511 Fernando II, el católico, recibe una extraña carta desde la isla de San Juan. En ella le pedían autorización para explorar la isla Bimini. Los indios aseguraban que había allí una “fuente que hacía rejuvenecer o tornar mancebos a los hombres viejos”.
Fernando era un hombre prudente; pero tenía ya sesenta años, una edad muy avanzada para la época, así que discretamente autorizó la expedición. En marzo de 1513 Juan Ponce de León, que así se llamaba el autor de la carta de petición, armó tres naves y partió del puerto de San Germán en busca de la quimérica Fuente de la Juventud. Un mes más tarde descubre la Florida, lugar donde ocho años después (en una segunda expedición) fue herido por una flecha india. Evacuado a La Habana toca fondo su fiebre de inmortalidad. La muerte le ganó por un pelo. Cinco años antes Fernando había perdido la fe en Ponce y en la vida eterna. Murió en Cacereña de Madrigalejo, el 25 de enero de 1516.
Más recientemente Saramago mostró su incertidumbre en una grandiosa novela: “Las intermitencias de la muerte”, donde las personas simplemente dejan de morir. ¿Qué pasaría con la fecundidad? Una pregunta difícil y elemental.
Se ha comprobado recientemente que la longitud de los telómeros (el extremo de los cromosomas) es un factor decisivo en el proceso de envejecimiento y muerte celular. Así pues, técnicamente, con ingeniería genética se podría alargar la vida.
Un multimillonario ruso (Dmitri Itskov) fundador del proyecto Rusia 2045, cree que la tecnología le permitirá obtener la inmortalidad en un cuerpo holográfico. “Este proyecto está allanando el camino hacia la inmortalidad” asegura con un convencimiento temerario. Martine Rothblatt, directora ejecutiva de la compañía biotecnológica United Therapeutics Corp., habló de “clones mentales” en su discurso “El propósito de la biotecnología es poner fin a la muerte”, una forma desarrollada de nuestros actuales perfiles en las redes sociales.
Según Eduardo Febrro, Un doble o muchos dobles nuestros persisten en los incontables Data Center del mundo, en las redes sociales, las memorias gigantescas de Google, de Facebook, de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, o la NSA. El ensayista francés Eric Sadin le llama a este fenómeno: “humanidad paralela”.
Es prometedor el futuro de la inmortalidad atendiendo a las nuevas noticias. Embriagados por las recientes promesas de la nanotecnología y biotecnología cientos de personas han contratado el proceso de crionización, donde los cuerpos enfermos y moribundos son congelados a temperatura de cero absoluto esperando el milagro.
Toda esta moderna corriente transhumanista y los sueños de eternidad a través de la historia, solo reflejan que la inmortalidad es un suceso cotidiano. La tarea simple de toda guerra es matar a los vivos. La ardua, la imposible, es matar a los muertos. Visto así…
Los humanos queremos vivir para siempre por una razón simple. No sabemos de dónde ni por qué, hemos tenido noticias del infinito. Es nuestro hábitat natural.
Yo, personalmente deseé, dudé y desconfié, de toda esta historia de la inmortalidad. He sido morbosamente feliz cuando comprobé las imperceptibles inconsistencias. Recién ahora acepto lo increíble, incluso los argumentos que se contradicen. La realidad es múltiple, es cuántica. La inmortalidad, también.
Los estadounidenses que han experimentado una experiencia cercana a la muerte, describen generalmente un túnel y una luz brillante al final; en Japón, sin embargo, las personas afirman con mucha frecuencia, ver un jardín. No mienten.
La vida después de la muerte es creíble (es posible). Es también debatible y difusa.
A veces dedicamos demasiado tiempo adivinando qué pasará después, y olvidamos algo cierto e incuestionable, algo que lo cambia todo: Durante (y a lo largo) de nuestra vida… somos inmortales.
¿Después?… después, veremos.