ed89 / Los puñales de la corte

“¿No será acaso que ésta vida moderna está teniendo más de moderna que de vida?”.
-MAFALDA

Las palabras, al igual que las lenguas propias y ajenas, dicen más de lo que quieren, y normalmente quieren más de lo que dicen, inclusive los insultos; la pandilla de las malas palabras, esas que son corrosivas, lascivas y adoptadas.

Hablar de la palabra en general nos abre un diagrama de intenciones, contextos y símbolos, es así como una letra puede ser parte de una palabra, que forma una oración, que a su vez forma un verso, dicho verso forma un párrafo y ese párrafo es parte de un discurso, para terminar el discurso en un sentimiento. Del mismo modo, de manera microscópica, podemos sintetizar un conjunto de letras en una sola querencia, pero bueno, dejémonos de mariconadas y vamos directo al tema.

La Real Academia de la lengua Española nos define como maricones, al gentilicio de “maricón”, que se interpreta como “Hombre que tiene movimientos y actitudes propias de mujeres”, del mismo modo, incluye una nota al pie de verso; “Usado en forma despectiva”.
La hoy penada palabra “maricón”, al igual que todos los insultos, tiene un trasfondo etimológico, eso sin incluir en el paquete la carga de represión y proyección que le inyectan los homofóbicos de clóset.

Palabras como puñal y maricón no fueron creadas para hacer amigos, tienen el objetivo punzocortante de estereotipar, degradar y ridiculizar , al igual que el resto de las palabras malquerientes, pueden ser penalizadas una a una, hasta el grado de que seamos penados por pegarnos en el dedo pequeño del pie, el asunto no es penar el uso indiscriminado de palabras discriminatorias
Tres de los cinco ministros que integran la Primera Sala de la Corte aprobaron la propuesta del ministro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, en la que se revisó la diferencia legal entre libertad de expresión y discriminación

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El caso en cuestión fue presentado por Armando Prida, propietario del Diario Síntesis, quien demandó a Enrique Núñez, del periódico Intolerancia, porque en una columna de 2009 lo llamó “puñal” y “maricón”.

Fue entonces como se condenó a la persona que usa estas dos palabras para hacer una manifestación homofóbica, la sentencia va según la falta cometida, como quien dice; del tamaño del sapo es la pedrada.

Palabras como puñal y maricón no fueron creadas para hacer amigos, tienen el objetivo punzocortante de estereotipar, degradar y ridiculizar , al igual que el resto de las palabras malquerientes, pueden ser penalizadas una a una, hasta el grado de que seamos penados por pegarnos en el dedo pequeño del pie, el asunto no es penar el uso indiscriminado de palabras discriminatorias, pueden legislar la prohibición del vocabulario de todas las pronunciaciones altisonantes que gusten, pero saben bien que nunca van a terminar, hasta que se den cuenta que son sólo síntomas y no la verdadera enfermedad social, la homosexualidad no es patológica, la discriminación sí.

Lo importante de esto no es la carga emocional que se le da a una palabra con la intención de discriminar, podríamos hablar del resto de la pandilla de malas palabras, desde imbécil hasta putito, pasando por la chingada, pero no es tema más allá de conversación hablar de los renglones torcidos de la lengua, dejaría de ser un tema sin importancia si no lo interpretamos como una tremenda pérdida de tiempo para los participantes de la corte, el legislar sobre la lengua y controlar el uso y desuso de la semántica, mientras en las calles de nuestra Comarca Lagunera se siguen matando a balazos.

En mi opinión personal, prefiero mil veces ser estereotipado que salir con miedo a la calle, ambos son grandes males sociales, pero estableciendo prioridades… estoy seguro que cualquiera preferiría que le llamen puñal a morir a puñaladas.