ed91 / Lo oculto del discurso

Cuando se nos convoca a participar en un evento, ya sea familiar, social, político, académico y/o científico, ocupa necesariamente preparar un tema donde expondrás tus ideas, conocimientos, experiencia; de inmediato solemos hacer la distinción de nivel, a partir de ahí, tus ideas y pensamientos se organizarán en relación a conceptos, sujetos y objetos diversos para enlazarlos en tu discurso. Independientemente del nivel que se trate, se tiene uno que posicionar y ubicar de acuerdo a la audiencia que estará presente: en primer lugar utilizar palabras, términos o conceptos adecuados y relacionados con la temática a tratar; qué enfoque y orientación será el adecuado para que la exposición impacte y convenza al auditorio, incluso, que se sienta interesado por lo que dices.

“Estas personas contienen en su saber, conocimientos, pensamientos, ideología contraria que pone en entredicho, las inclinaciones y los intereses de los exponentes”

En los cinco tipos que manejo en este artículo, los argumentos, el contenido y los objetos difieren en forma preponderante, ya que los tres últimos se requiere una sistematización de la temática, conceptos, objetos, campo de acción, que demuestre cualitativa y cuantitativamente la veracidad de la exposición, pues estarán sujetos al rigor de la crítica de la concurrencia. Sin embargo, la ideología del sustentante estará implícita en cualquier tipo de discurso, y esta inclinación es la que le dará el tinte y el estilo que irradia de tu pensamiento, y esto obliga de manera sutil, de ocultar y/o de manera objetiva poner en la superficie lo que pueda ser invisible en la exposición.

Esto pone en cuestión el enfrentamiento entre la realidad y el discurso; ¿Qué se esconde o qué hay detrás de todo discurso? ¿Podremos conocer la esencia de que lo que se expone, corresponde efectivamente a la realidad? ¿Se puede llegar al fondo de las cosas? O como lo expone Nietzche: “No hay cosa en sí, no hay conocimiento absoluto…no tiene una existencia real, no son más que el fulgor y la chispa de las espadas desenvainadas, son el resplandor de la victoria en la lucha de las cualidades opuestas”. ¿Quiere esto decir, que lo que se ha construido epistemológicamente obedece a ciertas fuerzas que pretenden dominar el tiempo y el espacio en que vivimos, y que el discurso es la herramienta idónea para establecer las condiciones y las posibilidades de subordinar al otro?.

El preparar un discurso se apela a un conocimiento, a un saber del campo a tratar, y además, ordenar una pluralidad de instancias que se conjuguen y se relacionen en forma articulada, que oriente la unidad del asunto a exponer, enfocado a un tipo de audiencia que supuestamente se trata de homogeneizar a través de la exposición y hacerse dueño de la conciencia colectiva. Esa es una de las estrategias utilizadas por el sustentante. No para arribar a la esencia del fenómeno, sino para dominar e influir con el argumento, la conciencia del otro en forma individual y colectiva. Tratar de convencer utilizando para ello estadísticas, prácticas, sujetos, objetos, conceptos, factores, variables del entorno, que se comprenda que lo que se expone, requiere de un cambio de paradigma, de la transformación de la realidad que no funciona en la realidad, en la sociedad, la naturaleza, en la cultura, en la economía, en lo político, entre otros.

Se expone el qué de la transformación, pero también en forma sutil y previa, el cómo realizar este cambio; y cuando ya están preparadas las condiciones, el discurso se vuelve más notorio, más agresivo en su exposición, ahora sí, se establecen los mecanismos, los criterios, las formas, los agentes especializados que promoverán y ejercerán bajo su vocación y ejercicio público, la fijación de las condiciones para desplegar el poder que le compete para realizarse en forma legítima. Este discurso típico, alude sobremanera en lo político, académico y científico. Esto último se refiere a los expertos que con sus saberes justifican los productos nocivos a la salud, al ambiente de las empresas corporativas que los emplean. Recordemos que la verdad conlleva signos de parcialidad, citemos nuevamente a Nietzche: “El llamado instinto de conocimiento debe ser reducido a un instinto de apropiación y conquista”.

El poder no proviene de un sector específico (autoridad, el gran capital en todas sus manifestaciones), sino que como lo dice Foucault: “procede de esos mecanismos de ejercicio del poder que se han inventado en cada uno de aquellos espacios descentralizados respecto del poder estatal (prisión, hospital, escuela, familia, etc.), los cuales revelan una capacidad notable para fabricar dispositivos de vigilancia, cuya función es disciplinar la conciencia de la población”. Disciplinada la conciencia de la mayoría de equis sector poblacional, se facilita el convencimiento de los cambios que favorecen, ahora sí, a los corporativos capitalistas, a la autoridad gubernamental, a las cúpulas sindicales, y obtener así, el control específico del poder.

Sin embargo, no todas las conciencias pueden ser convencidas, existen dentro de esos sectores a convencer, minorías con conciencia crítica, que analizan metodológicamente, cada fragmento, sujeto, objetos, conceptos, e incluso, las tendencias que se ocultan en el discurso que se expone. Estas personas contienen en su saber, conocimientos, pensamientos, ideología contraria que pone en entredicho, las inclinaciones y los intereses de los exponentes, quienes a su vez, no responden a su ética personal y profesional, sino que son fieles intérpretes de poderes superiores. Las conciencias críticas desnudan los propósitos perversos de esos discursos expuestos, desafortunadamente, los poderes mediáticos, también agentes de los mecanismos del poder, contribuyen a neutralizar los dardos de la crítica que esas minorías pronuncian en diversos ámbitos y espacios de la sociedad civil.

En los discursos de las campañas políticas y publicitarias del comercio, se esconde un conglomerado de individuos que dominan el saber, en la racionalización, organización y planificación para adaptar los deseos del cliente a las necesidades técnicas de la producción, y a las necesidades económicas, políticas y sociales que un país requiere para ejercer el poder político, económico y militar. Qué hacer, cómo hacer, para qué y por qué hacer las cosas de tal manera que justifique la necesidad de hacer los cambios en la moda (alimentación, vestido, tipo de educación, entre otros), en los modelos económicos y políticos que hagan creer a la población que esto es lo más adecuado para la satisfacción de necesidades (nuevas relaciones sociales de producción, consumo, elecciones, explotación de recursos, entre otros).

Por esa razón, cuando la empresa pública interviene en sectores no rentables tienen, como dice el sociólogo francés, Duverger, forzosamente pérdidas. La empresa privada utiliza ese renglón deficitario a su favor, argumentando que no pueden lograr beneficios por estar mal dirigidas por naturaleza. Así sucedió con el ejido, en los demás sectores públicos, que a pesar de ser productivos, utilizaron la corrupción y la ineficiencia en la burocracia para hacerla improductiva, y por ende, una pesada carga para las finanzas públicas, lo cual afectará inminentemente en la macroeconomía, para ello, se utiliza el discurso demoledor del desregulamiento de la empresa pública, y sea ésta llevada en bandeja de plata a la empresa privada. Unas, tal como están en su estructura productiva, otras, con transformaciones estructurales, pero las dos, adaptadas a un modelo empresarial corporativo.

Los expertos al servicio del poder, utilizan sus conocimientos para relacionar los factores, los sujetos, las prácticas ejercidas en esos sectores en declive que ocasionan efectos negativos en la economía, pero que esconden en su discurso lo invisible; las causas de esa decadencia; las fuerzas que operan detrás del telón, que al final de cuentas a ellas les deben las canonjías y sus puestos en la jerarquía del poder. No importa que los efectos de ese discurso avasallador, afecte a la gran mayoría de la población, naturaleza, cultura y medio ambiente, entre otros. En el próximo artículo expondré casos concretos, cuyo discurso presenta una fachada, como máscara maquillada para impactar y apantallar a la mayoría de la población. Las minorías (académicos, intelectuales, científicos, luchadores sociales, artistas) que tienen un contraojo que aniquila las intensiones perversas de las fuerzas dominantes del poder, critica con rigor los contenidos y las tendencias de los discursos oficiales nativos e intenacionales.