ed91 / La vida se olvida

Una invitación a la reflexión nunca está de más; repensar las palabras de sabiduría de los filósofos y pensadores que se preocupar por establecer un equilibrio entre el razonar y el sentir; sobre todo en estos tiempos en que abundan los suicidas, esos seres que desprecian la vida y la arrancan de si como si fuera un virus maldito, una piel monstruosa que produce sufrimiento, cuando es todo lo contrario, la vida es un milagro que no disfrutan por estar enervados con pensamientos negativos, por lo mismo el sentido común nos dice: cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reír.

Otros humanos que llegaron a este mundo se dedican a buscar a la muerte, en los vicios, en las riñas, en la guerra, en la delincuencia, muchos mueren temprano y otros caen prisioneros en cuatro paredes donde se consume el milagro más grandioso del universo: la vida que se olvida. Los aborígenes australianos tienen un concepto muy práctico: ‘Todos estamos de visita en este momento y lugar. Solo estamos de paso. Hemos venido a observar, aprender, crecer, amar y volver a casa’. El año del 275 a.c. en la India, Chanaki Apandita nos dejó una advertencia: ‘Ni con millones de monedas de oro se puede recobrar un solo instante de vida. ¿Qué mayor perdida, entonces, que la del tiempo gastado infructuosamente?.

Todos estamos de visita en este momento y lugar. solo estamos de paso. hemos venido a observar, aprender, crecer, amar y volver a casa”

En el muro de las lamentaciones lloran todos los días otros congéneres que gritan a los cuatro vientos su dolor, su desgracia, su mala suerte, su falta de amor y desde lo profundo de los años Buda ingresa una de sus enseñanzas: ‘El secreto de la salud, mental, corporal, está en no lamentarse por el pasado, preocuparse por el futuro ni adelantarse a los problemas, sino vivir sabia y seriamente el ahora’. O como dijo a novelista inglesa Agatha Christie (1891-1976) ‘Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante, la vida en realidad, es una calle de sentido único’. ¿Qué se requiere, entonces, para que uno pueda decir con conocimiento de causa? : ‘Comprendo que sufro, no por los hechos, sino por pelear con la realidad. Vivo la pérdida de un ser amado, para practicar desapego y aceptación; creo que vine con un plan de vida que incluye días dorados y días grises; perdono y me perdono para estar en paz con el ayer y poder amar en el ahora; asumo que nadie me hizo sufrir, soy yo quien lo decide por posar de víctima y no aceptar la realidad y avanzar. Elijo amar aquí y ahora; elijo no poner mi felicidad fuera de mí, si lo hago voy a sufrir. Decido ser espiritual, o sea, cultivar con Dios una relación de amor. Valoro el tener pero mi prioridad está en el ser, en dar lo mejor de mí. Evado el autoengaño y examino mi vida para que el ego no me traicione; evito lo que le gusta al ego: acumular, brillar, controlar, dominar, competir, juzgar, tener la razón siempre; sé que el sendero del amor es el de cero ego y mucho desapego, amo sin cadenas invisibles. Busco ser consciente para no vivir como un robot, quiero estar despierto en un mundo que anestesia. La felicidad está en el encanto de las cosas pequeñas que admiro y agradezco; todos los días saco tiempo para nutrir mi espíritu, si no lo cuido estoy muerto en vida’. Bastará sólo con leer las anteriores afirmaciones que las puede encontrar en el libro ‘El sentido de la vida’ de Gonzalo Gallo… Muchas personas acuden a los libros de autoayuda, en realidad estos libros se venden por millones, pero no basta con leerlos, es necesario un trabajo consciente sobre uno mismo y querer cambiar realmente. Desgraciadamente nos olvidamos de la vida porque no tenemos una razón para vivir, algo que la vida valga la pena despertar cada mañana. El motivo para vivir, encontrarlo y reconocerlo nos da bienestar, paz, longevidad, como a los japoneses de Ottawa donde viven los seres más longevos del planeta, ellos buscan su ‘ikogi’ cuyo significado puede aplicarse como buscar tu razón para vivir, nos dicen: ‘Cambiemos nuestros hábitos, conocer el sentido especial de nuestra vida es algo muy profundo. La depresión nubla cualquier respuesta a la búsqueda de nuestra razón de vivir; cuando obtengamos respuestas estaremos preparados para sortear las vicisitudes de la vida.

Todos tenemos una razón para vivir que descubrir y es un compromiso buscarlo, esto nos llenará de satisfacción y sentido a nuestra vida. Posiblemente ante la pregunta ¿cuál es tu razón de vida? Al principio no sabremos qué contestar, quizá, pero no hay que desesperarnos, sino seguir buscando entre lo que más nos gusta hacer y nos produce placer, lo que amamos…buscar es sentir la dicha de estar vivos para concretar nuestros sueños; la existencia vale la pena.’ Un pequeño cuento japonés resume esta enseñanza acerca de la vida: “Una mujer, en la noche sobre su cama siente que se muere; está ante la presencia de Dios quien le pregunta: ¿Quién eres? Soy la esposa del alcalde. No te pregunte de quién eres esposa sino quién eres. Soy la madre de cuatro hijos. No te pregunte cuántos hijos tienes, sino quién eres. Soy la maestra de la escuela de mi pueblo. No te pregunte cuál es tu profesión sino quien eres. La mujer medio aturdida dice, soy la mujer que se levanta cada mañana para servir a mis hijos y atenderlos y amarlos y enseñar los conocimientos a los niños de la escuela. Entonces Dios le dice: pasaste el examen, puesto que sabes quién eres, puedes volver a la tierra a vivir. Tenía una razón para vivir.

Me recuerda mis años de maestro en la escuela preparatoria ‘Prefema’, en la clase de filosofía, les preguntaba a mis alumnos: ¿Quién eres? Me decían su nombre y yo les contestaba que ese era el nombre para identificarlos entre tanto humano y así a cada respuesta que daban, el objetivo era llegar a la esencia del ser… ‘A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante’ dijo Oscar Wilde (1854-1900) novelista y dramaturgo irlandés; ese instante de conciencia acrecentada es el oro del alquimista que tanto se busca, también dijo, ‘lo menos frecuente de este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo’. Séneca, el filósofo latino coincidía con Buda, en su frase: ‘la mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy.’ ‘Aquel que tiene un motivo para vivir se puede enfrentar a todos los cómo´, palabras del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, coincide con los japoneses de Ottawa, Japón. Existen muchas enseñanzas de cómo entender y vivir la vida, pero se olvida. Filósofos, esotéricos, budistas, libres pensadores, religiosos y demás, en verdad coinciden en vivir el ahora, soltar el pasado, no esperar el futuro, este se hace cada día del hoy, como escribe el médico y escritor español Gregorio Marañón (1887-1960), texto que lleve en la normal superior en la clase de conocimiento de los adolescentes: Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir y no dormir sin soñar. Descansar, es empezar a morir.