ed92 / La caricatura y la crítica política en México

Como lector de periódicos atiendo la noticia como referencia informativa, pero me vivo más en la columna y el artículo de fondo. Disfruto de ciertas plumas que desmenuzan la realidad política y económica de este país, al tener la posibilidad de contar con información de primera mano. En este ámbito tenemos la agudeza de Lorenzo Meyer, Jorge Zepeda Patterson, Denis Dresser y Raymundo Rivapalacio. Disfruto de igual forma los análisis de Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín y la columna dominical de Mario Vargas Llosa en el diario El País, de España.
No obstante, a pesar de la inteligencia analítica contenida en un artículo o en una columna, no supera a la agudeza visual de una caricatura. Quizás estén en contra de este argumento, pero cada vez que observo una caricatura de Helguera, Rius, El Fisgón, Rocha o Naranjo, llego a esta conclusión.
Elena Poniatowska solía decir que los caricaturistas “nos han dado un nuevo lenguaje, una capacidad de síntesis, la capacidad de comprenderlo todo en un minuto”. Y este argumento de Elenita cobra sentido si observamos caricaturas de este nivel de síntesis:

En la caricatura se observa la figura diminuta de Obama ante el tamaño desmesurado del elefante –símbolo político del Partido Repúblicano y ganador absoluto en las pasadas elecciones legislativas en los EEUU-. Dimensiona el nivel de la repartición del poder en los EEUU y al mismo tiempo, representa el margen de maniobra política de Obama frente al peso político de los republicanos. El Partido Republicano obtuvo la mayoría en el Senado y afianzaron la mayoría en la Cámara de Representantes. Asimismo, de los 50 estados del país, los republicanos gobiernan en 30, incluso alcanzaron el triunfo en algunos estados tradicionalmente demócratas. Estos resultados son sintetizados de forma magistral en esta caricatura.
La caricatura no solamente sintetiza una realidad política, economica o social también sirve como instrumento de denuncia de esas realidades. Y en México tenemos a verdaderos genios en esa línea de crítica. Uno de ellos es Naranjo. Veamos una de sus obras:

Naranjo es creador de una línea crítica al poder a través de retratar a personajes antagónicos en la esfera política y social. En este cartón, el personaje desarrapado es la representacion simbólica del individuo que se ubica en el abismo de la pobreza y la marginación. En sentido contrario, el personaje de sombrero y traje, representa simbólicamente a Don Poderoso, ese que transita en limosina, se hospeda en los mejores hoteles, y recibe millonarias ganancias por la especulación financiera. Con sorna, nos expone Naranjo, que ante la solidaridad con el desprotegido, lo único que se le puede ofrecer es una promesa manifestada en fantasía de una realidad que no se tiene, pero que sí se puede prometer como futuro: un cuadro de un banquete para alguien que se vive en el abismo. El cinismo contenido en este cuadro no es casual. Es parte del estilo que por varias décadas ha cultivado Naranjo. Ese cinismo nos llama a la reflexión, pero también nos invita a reirnos de una realidad que lacera, que duele.
Este último aspecto, es lo que refiere Monsiváis respecto a la caricatura. La caricatura –nos dice-, no tiene un carácter subversivo, no es un ingrediente que agite, sólo mueve a la risa y a la reflexión.
La reflexión en la caricatura se alcanza a partir de que el caricaturista desacraliza el discurso político; esto es, frente a la forma institucional, el caricaturista recurre a figuras como la parodia, la sátira, la metáfora o la analogía, para transmutar en imagen un discurso político que resguarda una realidad. Una realidad institucional que se aparta de la que día a día vive y sufre el ciudadano. En este ejercicio, esa confrontación resulta en risa, puesto que deja al desnudo al funcionario que pretende ocultarse en la retórica. Como ejemplo, este cartón sobre Cartens y su declaración sobre el “catarrito”.

De igual forma, la caricatura nos revela realidades que se ocultan por el peso de los intereses, como en el caso de la siguiente caricatura:

Ante esta condición, no nos queda más que volver a citar a Elenita Poniatowska cuando afirma: “…un dibujo inteligente nos revela de golpe lo que antes era oscuro y nos hace llegar a la conclusión de que el mundo sería mejor si lo dirigieran los caricaturistas”. Coincido con Elenita. Y quizás por esa agudeza analítica, “Quino” nos comenta a través de su personaje “Mafalda”, “¡¡Paren el mundo, me quiero bajar!!”.

Yo también Mafalda, yo también me quiero bajar. Vale esta columna como un homenaje a los moneros mexicanos. Muchos les estamos agradecidos por su trabajo. Muchos.