ed91 / EL PAÍS QUE SOÑÓ MORELOS

Los escritos de Morelos, recogidos principalmente en epístolas y decretos, sintetizan su pensamiento social y político, y descubren los ideales de un hombre capaz de vislumbrar la utopía. Apto para conceptualizar con precisión la igualdad, la libertad y la independencia, cuando en otros sólo eran nociones vagas y difusas. Sus documentos también revelan la fortaleza del visionario para enfrentar los abusos y la injusticia en una época particularmente compleja, con la firme convicción de poder forjar una patria nueva para que las generaciones presentes y futuras pudieran aspirar a mejores condiciones de vida dentro de un orden social más justo.

Según el acta de bautismo, José María Morelos y Pavón nació el 30 de septiembre de 1765, “hijo legítimo de Manuel Morelos y de Juana Pavón, españoles”. Gracias a los papeles que daban fe de su “pureza de sangre”, pudo aspirar al sacerdocio, pues no podían ser abogados, bachilleres, militares, maestros ni sacerdotes, las castas de indios, negros, mestizos o mulatos. El 20 de octubre de 1810, siendo cura de Carácuaro, Morelos recibió de Miguel Hidalgo -su antiguo profesor en el Colegio de San Nicolás- el encargo de levantarse en armas en el sur de México y tomar el puerto de Acapulco. Como jefe insurgente, organizó y fue el artífice de la segunda etapa de la guerra de independencia.

Sus manuscritos y otros testimonios de la época exhiben la evolución del pensamiento de Morelos y manifiestan cómo se fue gestando su concepto de la patria. Las disposiciones prescritas en bandos y proclamas, adoptan una forma singular de persuasión y refieren de manera inevitable a los trescientos años de opresión del gobierno colonial.
Morelos dictó las primeras garantías individuales en la historia de México. Suprimió las castas y abolió la esclavitud. Acusó la usurpación de derechos. Advirtió sobre el engaño de la excomunión. Previno acerca de la falsa política que abusaba del candor y la ingenuidad de las personas. Denunció la insaciable codicia de los peninsulares, quienes aseguraban que sus negocios políticos tenían dependencia con la ley divina, y se llevaban el oro y la plata a su reino a costa de la ruina e infelicidad de los habitantes de América.

“Apto para conceptualizar con precisión la igualdad, la libertad y la independencia, cuando en otros sólo eran nociones vagas y difusas. Sus documentos también revelan la fortaleza del visionario para enfrentar los abusos y la injusticia en una época particularmente compleja”

En pocas líneas se puede leer la descripción de la patria que deseaba Morelos: “Quiero que tenga [la nación] un gobierno dimanado del pueblo […] Quiero que hagamos la declaración de que no hay otra nobleza que la de la virtud, el saber, el patriotismo y la caridad; que todos somos iguales, pues del mismo origen procedemos; que no haya privilegios ni abolengos; que no es racional, ni humano, ni debido que haya esclavos, pues el color de la cara no cambia el del corazón ni el del pensamiento; que se eduque a los hijos del labrador y del barretero como a los del más rico hacendado; que todo el que se queje con justicia, tenga un tribunal que lo escuche, que lo ampare y lo defienda contra el fuerte y el arbitrario […]” (José María Morelos y Pavón, Sentimientos de la Nación, México, CONACULTA, 2010).

Quizá la principal inspiración para alcanzar una patria más justa, armónica y próspera, se encuentre en el documento Sentimientos de la Nación, que fue leído en la apertura del Congreso de Chilpancingo el 14 de septiembre de 1813. Se trata de una propuesta que presentó Morelos para el país naciente, y que inspiró los principios básicos del Decreto Constitucional de Apatzingán y las Constituciones de 1857 y 1917.
De los Sentimientos de la Nación, resultan anacrónicos los que reiteran la intolerancia religiosa, si bien se entiende que en el contexto sociopolítico era inevitable, dado el predominio del catolicismo romano en ese tiempo.

Víctima de la Santa Inquisición en la Nueva España, Morelos fue acusado de hereje, blasfemo, sacrílego y traidor. Aunque el movimiento de emancipación nacional fue un asunto político, y no de religión, fue juzgado con juicio civil y con juicio eclesiástico. La Iglesia calificó de blasfemia el levantamiento popular que dio origen a la guerra de independencia, y las ideas sobre derechos de igualdad fueron reputadas como actos de barbarie. Manuel Abad y Queipo, obispo de Valladolid, lo excomulgó y lo persiguió con las armas. La captura de Morelos y la ejecución de 150 prisioneros insurgentes, fue celebrada con un Te Deum por el arzobispo Pedro José de Fonte. Morelos fue fusilado por la espalda en San Cristóbal Ecatepec, el 22 de diciembre de 1815, después de un penoso proceso en el que fue degradado y condenado a muerte.

Es tarea de todos asumir nuestra responsabilidad social, si queremos establecer un mejor modelo de nación. Con casi doscientos años de vida independiente, los mexicanos no hemos logrado construir el país que soñó Morelos, del que seguimos dolorosamente alejados.