“Hay que tener mucha personalidad y un entorno en donde uno se pueda sentir arropado para no dejarse llevar por la corriente de la moda”.
-Enrique Rojas
Se me hizo fácil, lo acepto, el buscar el libro “El hombre light” de Enrique Rojas en formato PDF, mejor eso que preguntar por él en alguna librería, no por ahorro económico, sino por desgaste personal de buscar y encontrar. ¿Quién demonios va a querer buscar, cuando tenemos un Google que nos encuentra cualquier cosa más rápido que una esposa celosa?
Escribo estas palabras desde mi propio cuarto, auxiliado de mi laptop mini, al mismo tiempo enchufado mi celular en proceso de carga y a lo lejos, conectado a las bocinas mi ipod hace sonar a Sabina. Si bien es cierto que podría estar en igual situación con cualquiera o ninguno de estos aparatos, por más redundante que sean estas tres prótesis tecnológicas, me sentiría sin esa memoria externa desarrollada, ¿qué sería de mi sin mis redes sociales?¡Un diccionario no cabe en un bolsillo!, bendito seas Steve Jobs.
No me culpen del todo, debería empezar por recordarles que vengo de una época en donde el papel fue remplazado por unos bytes y caracteres de internet. Los tiempos cambian a gran velocidad, sin importar el procesador interno de cada quien. En un pasado, cuando se pensaba en el futuro, se decía que para este año, seríamos sustituidos por robots humanoides capaces de hacer de mejor manera lo que hacemos, y para agregarle más peso a la balanza, costeables y sin sentimientos.
En esta metamorfosis global de las generaciones snob nos damos cuenta que no sólo la industrialización llegó a las empresas y tecnología, sino que hoy en día, se han transformado las relaciones sociales, miles de kilómetros se recorren en milésimas de segundo con un solo botón, inclusive contamos con un álbum – diario de recuerdos y momentos que sabemos algún día queramos recordar. Ex vecinos. Ex compañeros. Ex novias. Ex amigos. Ex enemigos. Ex cónyuges. Gente que cualquier día pasa desapercibid en alguna pesadilla, pero difícilmente vendrá a tocar la puerta de tu casa. Nos relacionamos virtualmente más de lo que alguna vez suponíamos llegar a ser posible, y como en todas relaciones, se cultivan amoríos en pixeles, se rompen relaciones y se termina con un bloquear.
¿Si pudiésemos bloquear a quién no queremos ver en la vida real, cuántos problemas seguirían estancados y puestos en anaqueles de un veremos?
Tanto el permisivismo como el buen o posiblemente mal relativismo, vieron a fungir un papel importante en las relaciones humanas, se instalaron como un falso estandarte de libertad que está a un paso del libertinaje, sobre todo en los adolescentes, el hombre moderno está rodeado de información de cualquier tipo, el problema está entonces en seleccionar la información precisa en el momento preciso.
Aclarando, no estoy en contra de la información y culturización, donde si soy capaz de hacer plantón es en la falta de decisión del hombre moderno que nos acorrala en una doble moralidad, se presenta la incongruencia de hacer lo que se puede, donde se puede y cuando se puede, dejando de lado el hecho de que sería más sencillo hacer lo que se quiere, cuando se quiere y donde se quiere.
Esto se ve en gran medida en las relaciones de pareja adolescentes, donde lejos de un crecimiento equitativo, se da una serie de confusiones que salen a la luz como espinillas, tanta información de dónde elegir y como siempre, lo más fácil es adoptar al autor que nos conviene.
Tantas facilidades nos ofrece la vida, que nos olvidamos de hacer para tener y compramos la idea de ser para merecer, nos perdemos en los pequeños gustos que nos infecta la sociedad y las compañías publicitarias, lejos de ser lo que queremos ser, somos lo que podemos alcanzar a comprar. Somos un reloj Rolex que dice la misma hora que un Timex, un Atos con cuatro llantas y lo conduces al igual que un Mustang, pero eso sí, es más fácil que una mujer se suba a tu automóvil si es un Mustang. (Solo en caso de que el Atos sea taxi se invertirían los resultados).
El hombre light, entonces, se preocupa más por tener que por ser, vamos, se vende a las grandes tiendas comerciales para cotizarse más caro en la vida social.
Estamos urgidos por satisfacer necesidades que no sabíamos que teníamos, inventamos artículos que nos hacen la vida más fácil, ¿Más fácil para qué si nosotros somos los difíciles?
¿No es claro que prefiero atender al nuevo gadget que estorba pero acompaña y no a quien me acompaña pero también me estorba?
Terminado el tema solo me queda una pregunta, ¿Cómo les fue en el Buen Fin? ¿Cuántos abonos chiquitos vale la “felicidad”?