ed90 / De jóvenes y contradicciones

“La sangre joven no obedece un viejo mandato”.
William Shakespeare (1564-1616)

Carlos Monsiváis, describía hace algunos ayeres con absoluta claridad, pertinencia y emotividad su sentir acerca de los jóvenes mexicanos. A pregunta expresa de Juan Domingo Argüelles, el cual le interrogaba: -“¿Qué es lo que más admiras en un joven?: -Monsiváis le respondía- La frescura, la desfachatez, la sana y vigorosa ignorancia, la falta de respetos preconcebidos, lo que desde fuera, se llama la insolencia, la acometividad, el extremo rigor en los juicios morales, el desmadre y la capacidad sostenida del relajo como creación del punto de vista que corresponde al temperamento” (Juan Domingo Argüelles: Literatura hablada. Veinte escritores frente al lector.)

El Instituto Mexicano de la Juventud nos dice que la juventud inicia con la capacidad del individuo para reproducir a la especie humana y termina con la asunción plena de las responsabilidades y autoridad del adulto. Situación sumamente complicada para los jóvenes que viven en un país cuyos gobiernos neoliberales se han caracterizado por descuidar y desproteger al sector más numeroso, dinámico y creativo con que cuenta.

De acuerdo con el Censo de Población de 2010, en México habitan 36.2 millones de jóvenes entre 12 y 29 años. Son 8 las entidades federativas donde se concentra más de la mitad (52.9%) de la población entre 12 y 29 años, como son el Estado de México, Distrito Federal, Veracruz, Jalisco, Puebla, Guanajuato, Chiapas y Michoacán. Jóvenes con necesidades concretas, demandas, problemáticas y potencialidades particulares, actualmente interesados en lograr la apertura de espacios de participación en las diversas esferas de la vida económica, política y social del país.

El Reporte de Desarrollo Humano del PNUD, nos indica que el empleo en México ha caído por 180,000 desde el 2001. En promedio, los salarios femeninos son 11% menores a los de los hombres. Pero en general, los jóvenes de ambos sexos son quienes sufren los mayores niveles de desempleo abierto, con una tasa de alrededor del 4.6%, lo que equivale a 454 mil personas. De las mujeres entre 15 y 19 años, el 24.2% trabaja; de los hombres, el 49.1%. Esta proporción aumenta para las jóvenes de entre 20 y 24 años de edad en un 40.8%, y para los hombres equivale a un 80.7%.

Mientras que la Encuesta Nacional de la Juventud, nos señala que el 29.3% de los jóvenes cuenta con un contrato de trabajo; de éstos, sólo el 38.8% posee estabilidad laboral. Asimismo, el 37% de la población económicamente activa juvenil no cuenta con prestación social alguna y el 47.3% recibe por su trabajo, exclusivamente, un salario base. A esto le sumamos que un alto porcentaje de jóvenes universitarios de los 20 a los 24 años vio disminuir del 34 % al 11% el porcentaje de aquellos que terminan su educación profesional,

Samuel Ramos en sus duras y asertivas reflexiones sobre la identidad del mexicano, nos señala a propósito de la desconfianza: “La nota del carácter mexicano que más resalta a primera vista, es la desconfianza. No es una desconfianza de principios, porque el mexicano generalmente carece de principios. Se trata de una desconfianza irracional que emana de lo más íntimo del ser”. (Samuel Ramos, El perfil del hombre y la cultura en México).

La cultura política de los jóvenes en los últimos años se ha centrado principalmente en la desconfianza que sienten por la clase política mexicana, fundada en la falta de compromiso de los políticos que los representan.

El peso de la historia nacional plagada de traiciones, corrupción, antidemocracia, impunidad y ausencia de un estado de derecho, ha propiciado en la juventud un sentimiento de impotencia y de rabia contenida ante la evidencia histórica de que la situación política vigente difícilmente cambiará, por lo que optan por abstenerse de participar o siquiera de intervenir directamente en la política.

Gonzalo Alejandre y Claudio Escobar en su estudio sobre los jóvenes y su participación política, nos advierten: “Hoy los jóvenes se expresan libremente en un lenguaje cifrado que puede estar indicando una violencia acumulada, el cual bien puede interpretarse como la salida permisiva de un sistema incapaz de generar oportunidades y nuevas formas de comunicación de este sector, el cual es el objetivo de diversos actores políticos. Los cambios derivados del proceso de globalización han dibujado un panorama desesperanzador, sobre todo para la población joven, la cual de pronto aparece como población sobrante, en tanto que las oportunidades de vida son cada vez más escasas, y por desgracia no se vislumbran hasta hoy opciones más optimistas”. (Gonzalo Alejandre Ramos; Claudio Escobar Cruz, Jóvenes, ciudadanía y participación política en México, Espacios Públicos, Vol. 12, Núm. 25)

Ya es tiempo de que renazcan los aires libertarios de los jóvenes mexicanos, aires que contribuyan al florecimiento del pensamiento crítico, para incrementar sustancialmente la capacidad de cuestionar la realidad en la que viven, construyendo y generando nuevas formas de participación ciudadana, que rompan con las antiguas prácticas políticas instituidas en una sociedad desigual y autoritaria. En un pasado reciente, su participación decidida sacudió a la sociedad mexicana al sumarse a la ola expansiva de los nuevos movimientos sociales que se habían presentado en diversos países del mundo, reafirmando la conocida expresión de Salvador Allende: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”