Autoestima, factor  de éxito

No hay peor incertidumbre que la esperanza de ser feliz, ante los estados transitorios y volátiles de los vínculos afectivos, de la estabilidad laboral, del desmoronamiento del ecosistema, la inseguridad, mas el concepto de ser exitoso que se arraiga en nuestra mente como sinónimo de éxito financiero minimizando los logros en otras dimensiones de vida como: familia, espiritualidad, conocimiento de sí mismo, vida saludable, etc. Ante tales circunstancias, la esperanza de felicidad se posterga, y nos volcamos en el aquí y ahora a través de conductas de riesgo, es así como salimos al paso a través de consumo de drogas, promiscuidad o cualquier exceso que nos calme momentáneamente, con ello no sólo calmamos sino que acrecentamos la incertidumbre en la que estamos inmersos, en la cual interfiere un común denominador: la autoestima.

Definida como la valoración que tenemos de nosotros mismos, la autoestima según William James, es el resultado entre los éxitos reales (aquello que una persona ha conseguido) y sus pretensiones de éxito (aquello que busca conseguir). Cuando los éxitos superan o igualan los anhelos, la valoración del sujeto será positiva.
Pero ¿qué éxitos?, la sociedad actual y los medios masivos de comunicación se empeñan en medir el éxito en sentido de logros materiales y financieros, como parte de la cultura de consumo, ello afecta gravemente a quienes consideran dichos logros como medida única de éxito. Sin embargo el éxito implica mantener el equilibrio con otras dimensiones de vida, las cuales son importantes para mantenernos conformes, ¿cuál es mi meta en la vida?, si no me es precisa entonces puedo fijarme una meta, luego otra tras otra, desde la más sencilla hasta la más elaborada, cuando se consiguen, son fruto de nuestro éxito.

Todos los seres humanos nacemos con la capacidad de despegar nuestro potencial y buscar la trascendencia. Tenemos una Tendencia a ser actualizados día con día, a adaptarnos a las circunstancias, como una semilla que cae sobre un risco frente a la playa, la cual modifica su estructura para crecer adaptándose a ese entorno, y no cede ante las olas que la golpean. El ser humano gracias a su experiencia con el entorno desarrollará un sentimiento de eficacia al conseguir saciar sus necesidades, lo que le refuerza para sucesivas experiencias. Si esto no sucede, habría que rastrear que generó la baja autoestima, ya que la motivación interna para adaptarnos al entorno, se genera desde los primeros meses de vida, cuando el bebe experimenta una confianza básica por parte de sus progenitores, quienes pacientemente lo protegen y le brindan cuidados y cariños. Sí el bebe no se siente en confianza, iniciara ahí la conformación de una autoestima insuficiente.

Sin embargo existen fuentes externas de motivación, producidas por las personas del entorno que a través de sus valoraciones generaran una buena autoestima en nosotros, ya que nuestro self (sí mismo), es una construcción social, por tanto las autovaloraciones provienen de la interacción de procesos culturales, sociales, familiares e interpersonales. Muchas de las valoraciones culturales depende de la edad y de los grupos sociales, por ejemplo: los adolescentes suelen dar prioridad a los atributos físicos y psicológicos, como la apariencia o la inteligencia, quien cumpla con ello será valorado, es así como sopesamos los resultados de las comparaciones que hacemos con las personas de nuestro grupo, y las opiniones que creemos que los demás tienen de nosotros.
Pope, (1988), considera indisoluble autoconcepto y autoestima, entendiendo el primero como la idea que tiene el sujeto de sí mismo y el segundo como el sentimiento que produce esta idea
El autoconcepto percibido se considera ideal por la propia persona en función de su ambiente social y cultural. Sin embargo la autoestima no es algo fijo, se va conformando a lo largo de nuestra historia en función de las experiencias y de la propia idea de sí mismo que se va forjando.
De ahí la importancia del conocernos, de valorarnos y de apoyarnos, se dice fácil, e inclusive hay un sin número de libros y textos en línea que brindan consejos para valorar nuestra autoestima, los recursos ahí están, desde una terapia psicológica, el yoga, la meditación, la lectura autodidacta etc. lo que sí es importante es no dejarlo pasar por alto, ya que es el factor principal que desencadena la crisis existencial, cuyos resultados saltan terriblemente a la vista.