ed89 / Algo no anda bien
Algo no anda bien cuando alguien declara en televisión abierta en los Estados Unidos que su país debería bombardear a México para terminar de una vez por todas, el problema de la migración. Algo no anda bien cuando 939 grupos de odio –según el informe anual de la organización “Southern Poverty Law Center”- se suman a una ola de odio hacia la diferencia. Algo no anda bien cuando un Presidente de una potencia mundial (Barack Obama) manifiesta franco respaldo a la obra genocida de Israel en la Franja de Gaza. Algo no anda bien cuando tras un nuevo bombardeo en Irak por parte de los EEUU, un congresista republicano declara que esa acción de violencia militar no es suficiente, que es necesario una medida más severa contra el que se identifica como el enemigo (El Estado Islámico). Un enemigo al que primero se armó –según la propia Hillary Clinton lo ha declarado en una entrevistas para la revista “The Atlantic” y que “WikiLeaks” ha confirmado al filtrar los cables diplomáticos que dan cuenta del financiamiento- y que posteriormente se le ha salido de control. Sí, algo no anda bien. El discurso del odio es de suma manifiesto y se alimenta desde varios frentes por parte de los sectores más poderosos y conservadores en los EEUU. Este discurso cobra cuerpo ideológico desde una tribuna del Congreso Estadounidense, un estudio de televisión o la frontera de un libro. Como es el caso del texto de Ann Coulter –la misma que se atrevió a manifestar el bombardeo a nuestro país- “Godless: The Church of Liberalism”, desde el cual se hace una defensa del conservadurismo y se ataca ferozmente al liberalismo, al cual identifica como una religión sin Dios, pero sí con representantes fieles que se ubican en escuelas públicas (maestros universitarios) y que tienen en la pluma de Noam Chomsky y Michael Moore a sus voceros más importantes. El libro, a decir de algunos sitios en la red, ha tenido una demanda de más de quinientos mil ejemplares desde el pasado junio que salió a la venta. Un número considerable para un libro que hace de la condena del liberalismo su línea principal de ataque. El discurso del odio igualmente cobra forma en la organización social. Los individuos se organizan, se arman y se entrenan para empoderarse con armas y hacer valer por medio de la violencia, la cosmogonía neoconservadora. La organización se traduce en grupos extremistas como el Ku Klux Klan, y grupos neonazis, hasta grupos antimusulmanes, racistas y blancos nacionalistas. Algunos de estos grupos se instalan en la frontera con nuestro país y con armamento militar admiten defender la soberanía de su territorio del peligro de la migración latina. Estos mismos grupos son los principales opositores a una reforma migratoria y a un trato humano hacia los niños migrantes. Los congresistas republicanos ya sea por afinidad ideológica o por cálculo electoral han atendido esta postura conservadora y han obstruido una salida al problema migratorio y a la crisis humanitaria de los niños migrantes. Asimismo, estos mismos actores sociales –junto con magnates financieros y los propietarios de medios de comunicación masiva- son los principales interesados en una confrontación militar con Rusia y China. El propio Presidente Barack Obama ha hecho eco de esta intención al declarar en la Academia Militar de West Point el pasado 28 de mayo que los EEUU: “…deben liderar siempre en el escenario internacional. Si no lo hacemos, nadie lo hará. (…) Los Estados Unidos son y seguirán siendo la única nación indispensable. Eso fue cierto en el siglo pasado y será cierto en el siglo por venir”.

«Sí, algo no anda bien. El discurso del odio es de suma manifiesto y se alimenta desde varios frentes por parte de los sectores más poderosos y conservadores en los EEUU. Este discurso cobra cuerpo ideológico desde una tribuna del Congreso Estadounidense, un estudio de televisión o la frontera de un libro»

En aras de mantener ese liderazgo internacional, los EEUU mantienen apoyos a regímenes que hacen del genocidio su modus operandi (Israel) y de la confrontación militar su estrategia para desencadenar una guerra contra Rusia (Ucrania). Estados Unidos ha perdido brújula. Su política exterior no se sustenta en principios de libertad y democracia, sino en gélidos cálculos geopolíticos que le garanticen la hegemonía ahí donde los nuevos tiempos indican que ha perdido presencia. Hacia el exterior, los EEUU presentan una política exterior que pone en riesgo la seguridad internacional. Pero desde el interior, no hay voces que contengan –salvo escasas excepciones- esos ímpetus bélicos. Más bien los alimentan día a día con una exigencia de confrontación. La declaración de Ann Coulter sobre el tema migratorio desnuda de cuerpo entero esta concepción de extrema intolerancia de la derecha norteamericana. La escritora señala: “deseo que Benjamin Netanyahu, Primer Ministro de Israel, sea el Presidente de los Estados Unidos y que de esta forma bombardeara México (…) para acabar con el problema de la migración”. Para la extrema derecha –a pesar de las convicciones que dicen tener en materia religiosa- la salida a muchos problemas del mundo, recae en el uso del poderío militar. Bajo esta concepción, EEUU no representa una alternativa de solución a la complejidad internacional, sino un problema. Y en resultas, un peligro. Con el caudal de acontecimientos a nivel internacional, uno tiende a decir “algo no anda bien”. Y no se puede estar bien, cuando la salida a un problema es el uso de la violencia. Y más grave aún resulta cuando el uso de la violencia viene de una nación, de una sociedad que se asume como posmoderna y civilizada, como es el caso de la sociedad estadounidense. Vaya que sí.