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Cambiar la imagen, son palabras que se publican en estos días y que si no las analizamos parecen muy apropiadas, pero con un poquito de cuidado las cosas se ven muy diferentes a como aparentan.
No faltará quien al leer el título levante un cuadro de su lugar para poder ver que hay detrás de él, posiblemente pensando que el título se refiera a la caja fuerte en la pared, o el defecto que discretamente cubrieron con esa pintura. La interpretación de la palabra a veces tiene un significado más profundo, requiriendo de nosotros el ejercicio de nuestra capacidad intelectual para comprender el verdadero significado.
¡Que hermoso es!, cuando una imagen muestra a la vista de todos, la realidad descriptiva de aquello que representa, ya sea un paisaje o una persona, algo que nosotros queremos que este manifiesto, y por medio del arte, plasmamos en el lienzo con habilidad, aquellos trazos que van a proyectar lo que estamos viendo o imaginando.

«La salida de Joseph Ratzinger en una forma repentina en el momento de mayor deserción de fieles y la muy desfavorable opinión de todos, forzó la imperiosa necesidad de un cambio, para borrar la mala publicidad, y la opinión pública  esto nos hace comprender que la imagen del Papa prepotente, lleno de lujos requería ser cambiada y lo cambiaron”.

En algunas ocasiones esa imagen se deteriora por el tiempo o las inclemencias del medio ambiente y es necesario que se restaure para preservar esa belleza que fue admirada por todos, quedando en exhibición en museos o lugares públicos y que poco a poco fue perdiendo el lustre y esplendor original, cuántas veces por un accidente se destruye parte de aquella magnífica obra. Esto me recuerda a un jardín, en el cual el Creador, puso a una pareja, dándole su propia imagen y semejanza pero toda aquella belleza en un solo momento se perdió, por la desobediencia y se marchitó, aquella hermosa pareja dejó de ser los fieles representantes de aquel que los amó.
Fue nuestro Señor Jesucristo quien restauró la imagen de Dios en nosotros, no era sólo la apariencia, no era solo la imagen lo que se debía cambiar, eso no era suficiente, dijo el Señor a ese grupo llamado los Fariseos; “Ciegos limpien primero dentro del plato y todo quedará limpio”. A ellos les gustaba cambiar la imagen para que al verlos los hombres creyeran que eran los fieles servidores de Dios. A eso el Señor llamo hipocresía.
La palabra “cambiar de imagen” nos la ofrecen como una opción para convertirse en la Iglesia verdadera, en el transcurso del tiempo que son ya aproximadamente 1700 años, todos han podido ver la imagen, esos cambios de imagen periódicamente se han practicado una y otra vez sin poder cambiar la esencia. ¿Se estará pensando en poner la imagen de los Iconoclastas, o de La inquisición o la de los tiempos feudales, o van a tratar con una nueva?
Voy a poner un ejemplo, la imagen de Guadalupe, si le dijesen a la multitud devota ¡vamos a cambiar la imagen! Gran conmoción se levantaría en contra de los que hiciesen tal propuesta, ¿cuál es la razón? Todos sabemos cambiar es poner otra.
Se acaba de anunciar el Cambio de Imagen para la Iglesia Católica, como dijimos anteriormente eso solo cambia la apariencia, como aquella parábola del lobo con cubierta de oveja, como transformar a un lobo, imposible solo se le puede cambiar la apariencia como ir a un salón de belleza para un cambio de look, o el que cambia una máscara para que nadie le reconozca y poder continuar en sus actividades.
¿Es el Papa Francis I el iniciador del cambio o es parte del cambio de imagen?
La salida de Joseph Ratzinger en una forma repentina en el momento de mayor deserción de fieles y la muy desfavorable opinión de todos, forzó la imperiosa necesidad de un cambio, para borrar la mala publicidad, y la opinión pública esto nos hace comprender que la imagen del Papa prepotente, lleno de lujos requería ser cambiada y lo cambiaron, un día era Benedicto XVI y al otro día ya era Francis I y no era la edad la causa de este urgencia ya que los dos son casi de la misma edad (eso se usó como causa de la renuncia) un nuevo Papa con un nuevo look, pero la esencia es la misma.
Cristo el gran maestro nos previno que nos cuidáramos de los falsos profetas, dijo que vienen con una cubierta de ovejas, su imagen no es la original pues esa da miedo al que los ve, por lo cual se visten diferente, y los simples que sólo ven la apariencia caen en el disfraz del cuento de la Caperucita Roja, aquellos dientes, orejas y garras que el lobo quería cubrir en un cambio de imagen, están y estarán hasta el FIN.