“Este hombre, introducido a la religión de San Francisco, no fue más que lego, siempre lego. Y lo sabía todo.”

Ricardo Majó Framis

Tras la conquista, España se procuró en incesante cometido no contrariar la tradición medieval que lo había llevado atravesar el océano Atlántico, por lo que se formuló su principal objetivo a la perfección del mismo en el “nuevo mundo” que le esperaba. Asimismo, los españoles priorizan la educación de los indígenas y su inclusión a la civilización. Una de los principales artífices de tal empresa es Fray Pedro de Gante, un franciscano ultra-reformado o recién acrisolado (por el cardenal Cisneros, el cual había inculcado en el joven flamenco, el germen fecundo de las humanidades, tales como la teología y las letras grecolatinas).

Acude al llamado de la empresa evangelizadora, bajo rumores de ser un “pariente cercano y propincuo” (su nacimiento “oscuro entre terciopelos”1) de Carlos I. Llega a Veracruz en el año de 15232; Respecto a su fecha de nacimiento se habla de principios del siglo XVI, sin embargo se comete un “patente error” en cuanto a la datación misma, pues es imposible que hubiera pasado “con trece o catorce años de su edad a la gran aventura evangélica de la Nueva España, y porque contaba más de noventa años a su fallecimiento en 1572”, por lo que debió haber nacido hacia 1481 u 14823.

Bajo las órdenes inmediatas del Capitán General, Hernán Cortés, y al lado de sus compañeros Fray Juan de Ayora (o Agora) y Fray Juan de Tecto, parte con dirección a la ladera noreste del valle de Anáhuac, en Texcoco donde inaugura el titánico esfuerzo de la evangelización. Aprende sin más premuras la lengua nativa, el náhuatl4, y se avoca en primer plano a la conversión de indios: cuando arriban a estas tierras “los doce” franciscanos, los nativos ya conocían el sentido de la cristiandad (la doctrina cristiana y los misterios de la pasión y vida de Jesucristo5).

Le corresponde la educación del indígena de 1523 a 15366. Tras una entrevista con altos mandos mexicas, quedan a su cargo los hijos de los mismos7 para su educación para posteriormente ser ellos quienes divulguen la fe en sus padres (formación de alumnos-catequistas, propagadores de la fe católica). Gante permaneció 3 años en Texcoco. Se aflige gravemente por la muerte de compañeros suyos “agobiados de trabajar por amor a Dios” (mueren tras las expediciones de Cortes a Hibueras).

Es el primer evangelizador en escribir palabras en náhuatl al español en una carta a sus hermanos en Flandes8. Cultor del germen de la fe a través de la alfabetización. Se traslada de Texcoco a México en 1526, fundando el Colegio de San Francisco9, dedicado a la instrucción de la elite indígena que ha de gobernar los diversos horizontes de Nueva España.

En oposición a la escuela de artes y oficios que pretendía en el “Nuevo Mundo” trabajar “la vigorosa artesanía que siempre marcó la eficacia y belleza de la obra mexicana entre todas las de América (por lo que dedujo que) la nueva fe requería canteros y alarifes que levantaran los muros de la iglesia, carpinteros que trabajaran la madera, imagineros y pintores y hasta músicos y cantantes que alegraran las fiestas de culto”, sin dejar de lado la sabiduría ancestral de los nativos pues no tiene inconveniente en fomentar “viejas artes indias como la del mosaico de flores ordenado sobre esteras que los indios llamaban “petatl” (de donde llamamos petate) para representar imágenes cristianas”.10

Considerado el fundador de la escuela mexicana, defensor de indios, por lo que siempre se opuso a la encomienda y del robo/destrucción de indígenas11. Queda reguarnecida sobre su figura, la posterior obra educativa a cargo de los infantes predicadores de la fe, a lo largo y ancho del territorio nacional: tan eficaz fue infundir sentimientos contra los “sangrienta religión” que se volvieron destructores de ídolos, delatores de “idolatras” y en los ¡Cinco millones de bautizados en poco más de diez años! 12 México en deuda histórica con el lego, el arquitecto aventurero: el primer gran educador de América.