Todo parece indicar que se autorizó la siembra de más de 253 mil hectáreas de soya transgénica en los estados de Campeche, Quintana Roo, Yucatán, Tamaulipas, San Luis Potosí, Veracruz y Chiapas.
Esta autorización incluye el uso de 13 mil 075 toneladas de semilla, que seguramente serán adquiridas a través de una de las corporaciones que aspira a ser el dueño de la biodiversidad del planeta, desde luego de aquella que tiene un interés económico, MONSANTO.

Para muchos economistas con visión de túnel, significa que México está dando un paso a la modernidad y que este simple hecho lo ubicará en el nivel de los países más progresistas del orbe. El punto es si se trata o no de un buen negocio para México o si como ha ocurrido en otros países, se trata de un paso más de la trasnacional para controlar la producción de alimentos del mundo.

La erosión genética es uno de los impactos más notorios que los nuevos cultivos transgénicos están ocasionando en la agrodiversidad del planeta. Para muestra un botón, ¿dónde quedaron todas aquellas variedades de algodón que se cultivaban en la Comarca Lagunera?. Desde que se permitió el cultivo “controlado” de algodón transgénico, la uniformidad reemplazó a la agrodiversidad que se cultivaba, las variedades antiguas tendieron a su desaparición y por lo tanto a su erosión genética.

Esto está ocurriendo en prácticamente todo el planeta, se sabe que aproximadamente el 90 por ciento de nuestra alimentación proviene de 15 especies de plantas y 8 especies animales. El arroz según la FAO, aporta el 26 por ciento de las calorías que necesita la humanidad, el trigo el 23 por ciento y el maíz el 7 por ciento, no obstante, si de por sí esto ya constituye una gran simplificación de los ecosistemas naturales, la cosa se exacerba cuando sabemos que las nuevas especies transgénicas están sustituyendo a las originales, uniformizando la agricultura y destruyendo la diversidad genética: algunos cálculos indican que solamente en Indonesia se han perdido 1500 variedades de arroz en los últimos veinte años, ¿será esto lo que le espera a las miles de variedades de maíz que existen en México y en otros países del orbe?.

Hay una gran cantidad de mentiras tanto de las industrias como de los gobiernos sobre lo que comemos. Pocos sabemos que más del 90% de la soya que se produce en el mundo es transgénica, un alimento vegetal que se precia de ser uno de los más ricos en proteínas.

Países como Argentina y Brasil son altos productores de este cultivo, se impusieron a una gran cantidad de pequeños productores que no estaban de acuerdo. En Brasil se cometió un doble acto irresponsable, ya que se desmontó la Amazonia para sembrar miles de hectáreas de soya transgénica.

Si lo que se comenta en la Red y en twitter es cierto, entonces México se estará incorporando al mismo proceso que ahora se observa en los países sudamericanos antes mencionados, el del monocultivo de soya transgénica con las consecuencias ambientales documentadas por especialistas y de los riesgos potenciales de la soya genéticamente modificada para la salud de las personas.