Esta relación de variables que se menciona en el título del texto, es una manifestación contradictoria entre lo que la naturaleza es, y el carácter avasallador y destructor del modelo depredador de la economía de mercado, que las nuevas generaciones enfrentarán por la avaricia y codicia del sistema capitalista; a continuación explicaré estas variables y su respectiva oposición.
De acuerdo a Teresa Audesirk (1996), la capacidad de sostenimiento de la Tierra es la población máxima que podría mantenerse de manera indefinida, ya sea en un área determinada o bien a nivel planetario. Las especies naturales (flora, fauna y microorganismos) regulan por si solas la población a través de la depredación, el parasitismo y la competencia. Existen factores limitantes que causan el aumento o disminución de la misma. Estos factores les llama, la misma autora, Resistencia Ambiental; como son la disponibilidad de alimento y espacio; la competencia con otros organismos y ciertas interacciones de las especies, como las conductas predatorias y el parasitismo.

Dentro de los factores de la resistencia ambiental podemos mencionar también, al clima, como una limitante (helada, sequía, entre otras), para el crecimiento abundante o escasez de una población. Existen otros factores que controlan las poblaciones máximas como es el acto predatorio; los depredadores disminuyen la población de animales convertidos en presas para su alimentación, por ejemplo, el coyote depreda a una gran población de ratones, hasta dejarlas a un nivel muy por debajo de la capacidad de sostenimiento, y cambian la depredación por otra población, como la liebre, mientras la de ratones se recupera.

La naturaleza es sabia, se autoorganiza y autorregula para no desequilibrar la capacidad de sostenimiento, regenerándose constantemente mediante una articulación e intercambio de energía y de fuerzas que la misma naturaleza emite. Así tenemos la emigración de diferentes especies de aves que surcan nuestro cielo, van en busca de lugares con mejores condiciones de clima y alimento. Las plantas pueden sobrevivir con los rigores del invierno, iniciando un periodo de vida latente dejando caer sus hojas para reducir de manera radical sus actividades de fotosíntesis –metabólicas–.

Pero, ¡y aquí está el quid del asunto!, cuando el hombre interviene y sin ningún miramiento inicia la destrucción del ecosistema a través de los plaguicidas, fertilizantes, insecticidas, deforestación, eliminación del hábitat causado por la construcción de caminos y desarrollos habitacionales, así como la construcción de obras hidráulicas para extender las áreas de cultivo, se aproxima en forma inexorable la devastación natural que desequilibra precisamente la capacidad de sostenimiento de grandes áreas ecosistémicas para desgracia de las especies naturales y del propio ser humano.

Esta destrucción masiva de la naturaleza, se origina en forma incipiente desde que el hombre primitivo -aproximadamente 8000 años a.C.- reemplaza la cacería y la recolección por la implantación de cultivos y domesticación de animales. Esta es la ¡La primera Revolución Cultural! –La Agrícola-, que proporciona un suministro más alto de alimento, se crean albergues rústicos, ropa, aumenta las áreas habitables del globo terráqueo. Se incrementa así, la capacidad de sostenimiento de la tierra en pro del hombre, pero en detrimento de las especies naturales. Se conquistan diferentes aspectos de la resistencia ambiental en beneficio de la población humana.

Más y mejores alimentos condujeron a una mayor esperanza de vida, pero prosiguieron altos índices de mortalidad de enfermedades infecciosas lo que detuvo gradualmente el aumento de la población. Por ende el crecimiento poblacional fue mesurado durante miles de años; hasta llegar al siglo XVIII donde se dio la segunda gran revolución, ¡la Revolución Industrial!, que se extendió desde Inglaterra y gran parte de Europa hasta América del Norte en el siglo XIX. Se inicia la manufactura, los grandes telares, máquinas de vapor y un hambre insólita por materias primas y energía, que sustrajeron de las naciones distantes que desafortunadamente no desarrollaron la ciencia y la tecnología y, además, vivieron sometidas en forma colonial por las naciones depredadoras que llevaron la supremacía en el dominio y la dirección política de sus propios intereses.

Los avances en la medicina han disminuido de manera radical los índices de mortalidad, que reducen a su vez la resistencia ambiental de las enfermedades; con estos avances científicos se descubren bacterias y su papel en las infecciones; conduciéndose así al control de las enfermedades bacterianas, a través de mejores medidas de sanidad y antibióticos. Lo que coadyuva a un gran aumento de la población, ya que en trescientos años ésta ha crecido exponencialmente a más de 7 mil millones de habitantes en el mundo. Y es que el ser humano a diferencia de las otras especies naturales, ha encontrado respuesta para superar las resistencias ambientales a través de una serie de revoluciones científicas y tecnológicas que aumentan su capacidad de sostenimiento en la tierra.

Con este megacrecimiento demográfico ¿cuál será el límite superior de la capacidad de sostenimiento de la Tierra? Según una proyección modesta de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), la población humana podría estabilizarse en el año 2150 en 11,500 millones de personas; ¿podrá la tierra soportar tamaña carga humana?; si por un lado se está alterando el ecosistema, en otro se extinguen numerosas especies naturales y se están sobreexplotando los mantos acuíferos, entre otros aspectos, que la naturaleza nos ha proporcionado para nuestra sobrevivencia, y que sin embargo, a la fecha no se le ha encontrado solución a pesar de las reuniones cumbre, que los países hegemónicos organizan en conjunción con los países en desarrollo; según aquéllos para consensar en forma democrática y apuntalar medidas sustentables precautorias para detener el desastre natural.
La Globalización, ¿una nueva revolución?

Con la revolución industrial se desarrolló una nueva organización social, se periclita una forma de gobierno monárquico absolutista con la Revolución Francesa, pero poco antes ocurre la independencia de EU de Inglaterra, en la que se instauró una república con la división de poderes. A raíz de dicha revolución se transforman las relaciones sociales con la naturaleza; con relaciones sociales de producción, se inicia otra forma de utilizar la energía. Esto apoyó a nuevos procesos de producción, distribución y consumo –es la era del individualismo en lo político, social, industrial y comercial-.

Los valores de antaño se transforman en valores económicos, con miras a impulsar la acumulación del capital y de la propiedad privada, con la ayuda de un derecho innovador que de garantías a estas nuevas formas de producción y relaciones sociales; se produce así, una nueva concepción del mundo. Esta ideología va a legitimar las conquistas por nuevas tierras y poblaciones, con el único interés de apropiarse de los recursos naturales que estos lugares le prodigan. Socava los principios religiosos por la iluminación que le da la razón humana, inician así las ideas antropocéntricas. Ahora el hombre es el eje de todo lo que emprende, se atiene a él mismo; con las nuevas herramientas y armas se apropia de todo aquello que le es útil para sus propios intereses.
El mercado con el complemento de la ciencia y la tecnología, despliega nuevas perspectivas, al abrir nuevas puertas para dar salida a la gran producción en la industria, en lo agropecuario, entre otros. Cada país restringía su mercado, a través de altos pagos de aranceles y tributos a la entrada de nuevos productos. Poco a poco se extiende la esfera del mercado dentro de una sociedad como a escala planetaria, primero con el GATT y después con los tratados de libre comercio.

La globalización de la economía de mercado, que alimenta la moderna sociedad industrial, le proporciona mercancía en abundancia; pero la industrialización, la tecnología sofisticada en la agricultura y otras actividades intensifican las emisiones gaseosas, líquidos y sólidos del proceso de producción y de consumo, acotando los límites de la capacidad de carga en la naturaleza, se altera sobremanera los ecosistemas, y toda la biósfera se trastorna, se perturba la combinación de ciclos de energía y de material en la atmósfera, la hidrósfera y la litósfera. Con esto origina el efecto invernadero, se amplía más el agujero de ozono, crece la toxicidad, se erosionan y contaminan los suelos que ocasionan la desertificación, entre otros.
El sistema capitalista para su moderna industrialización extrae la energía propulsora de los combustibles fósiles, para ello socava el subsuelo marítimo para explotar el petróleo. Se tiene un gran recurso que son las corrientes de energía solar, pero éstas no son redituables, no serían competitivos para la acumulación del capital. ¿Quién podrá romper el paradigma de explotación de la energía fosilizada? ¡Urge! Pero desafortunadamente quién lleva la supremacía y la hegemonía del discurso ecológico, está en manos de los países desarrollados que no desean ni les interesa alterar su modelo depredador de enriquecimiento. Mientras, ¡que a la Tierra se la lleve al carajo y de pilón a todo ser viviente!