Parece ser, que lo natural en el hombre es dejarse llevar por los ríos que fluyen hasta desembocar al mar. Nadie puede negar que es el camino fácil, no requiere esfuerzo, ni sacrificio, solo bajar, pues siempre será descendiendo, sin necesidad de miras ni propósitos; solo bajar hasta tocar fondo.

En la conducta, en la sociedad, en la historia, y muchas veces en la religión aquel dicho famoso por su repetición y por su veracidad, «a dónde va Vicente, a dónde va la gente», como me gustaría conocer su autor, de la manera que sucede cuando escuchamos una frase célebre y al final nos recuerdan quien la dijo por primera vez, pero este autor desconocido, es fielmente repetido en dicho y hecho por tanta, tantas personas que ven ese camino como la mejor opción de vida, y aunque conocen el rumbo y la profundidad a donde los dirige ya que siempre es de bajada. Como el camarón que se duerme, pero estos estando despiertos, utilizan su propio impulso para deslizarse más rápidamente, con el consuelo, no soy el único, somos muchos que vamos siguiendo el cauce, la inclinación y por último el destino final, sin esperanza de volver a la cima como hacen los salmones en un ciclo interminable de subir para deslizarse nuevamente al fondo del mar y estos con gran esfuerzo no solo nadan contra corriente sino sortean obstáculos para lograr su hazaña y cuando lo logran vuelven a seguir la corriente. Otros más cómodos en canastillas, sentados aguardan, a llegar a la cima para resbalar velozmente por las pendientes cubiertas de nieve, estos pasan la vida divirtiéndose sin pensar en el futuro solo disfrutando el vértigo de la caída libre.

¿Será ese el propósito de la vida?. Estimado lector, no me refiero a los atletas y sus métodos, ni a los pobres animalitos que por instinto hacen lo que hacen, me refiero a los Vicentes, que en todas las épocas los ha habido, y que prefieren cual manada seguir a los demás sin preguntarse a dónde van y porque lo hacen; imposible pensar en un esfuerzo en ir contra corriente por principios y conciencia, cueste lo que cueste para llegar a la cima y decir como un Rey y Profeta de Israel «en esta prosperidad no seré jamás conmovido», permanecer en las alturas allá donde solo las Águilas ponen su nido, seguir el camino difícil, el de espinas, el estrecho, como se dijo un día hace mucho tiempo por un autor que no necesita ser mencionado y todos sabemos quién es:

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella”.

«Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan»

Que difícil para Vicente, sin ningún propósito de ofender a quienes tienen tan digno nombre, y no siguen a la gente, cosa extraña que por allí un pajarito me dijo que la comparación de la India en mi artículo anterior cayó de peso en algún oído que siente, que en aquellas regiones tan lejanas si están haciendo cosas sin razón ya que respetan a figuras que por naturaleza no pueden ser llamados dioses y a nosotros malamente llamados indios, que somos nativos de América y que por error de cálculo recibimos ese nombre habitando textualmente al otro lado de la tierra; de los que por derecho les corresponde tener el nombre de su nación, y yo insensatamente los comparaba al escribir desde allá, mencionando la similitud de costumbres incluyendo unos niños vestiditos de manta blanca que se me figuraron Juandieguitos mexicanos. Pido mis más sinceras disculpas al dejar que mis ojos hicieran volar mis pensamientos y mi pluma. Y que hablando en contra de la corriente no tomé esa vertiente de Vicente y así poder calmar los ánimos de aquellos que sin preguntarse ¿Por qué hago esto? siguen a los demás y no permiten que alguien tenga la osadía de cuestionar, mucho menos de declarar, «no son dioses los que son hechos por manos humanas», (esto lamento informar, no es frase mía, la pueden hallar en un Libro) pues esto sería un sacrilegio que al no poder ellos mismos defenderse, requieren que sus seguidores los protejan de la pluma hereje y del razonamiento que solicita una aclaración inteligente, para poder aceptar esa forma de adoración, aclarando que allá en el Sur de India callaron y dócilmente reconocieron no tener la respuesta apropiada.

Que lamentable sería, que en estas regiones tan lejanas, la respuesta fuera es que así hace Vicente. Deseando que estén pasando un verano muy agradable, y pidiendo de su paciencia por mi corto entendimiento.

Me pongo a su disposición en camonte102@aol.com
Con la esperanza de que alguien me demuestre la legalidad
no terrena de esta costumbre.