Para el mosquito
también la noche es larga,
larga y sola.
Kobayashi Issa (1763-1827)

El Maestro Saúl Rosales en su texto “Huellas de la Laguna” nos remite a las amargas experiencias del Fraile Juan Agustín de Espinoza en sus andanzas por estas áridas tierras laguneras a fines del siglo XVI. Donde los famosos moyotes son protagonistas de sus desventuras. Exclama el fraile Espinoza: “¡Qué desamparos! ¡Que hambres! ¡Qué aguas amargas y de mal olor! ¡Qué serenos y noches al aire! ¡Qué soles, qué mosquitos, que espinas (…)”

Recuerdo hace algunos años en chilangolandia, al despertar una mañana amanecí como Gregorio Samsa, cubierta mi piel con un tapiz rojizo, en el que se percibían pequeños volcanes a punto de erupción. De inmediato acudí al medico más cercano y de entrada le aventure mi hipótesis: son piquetes de “moyote”. ¿What?, parecía decir su expresión, que era una mezcla extraña entre la incredulidad y la picardía. Si, le volví a repetir, de “moyotes”, zancudos, moscos o mosquitos para que me entienda. ¡Ah!, exclamo el galeno. Su revisión destruyo mi hipótesis, no era más que una intoxicación alimenticia resultado del abuso en el consumo de carnitas y chicharrones defeños del día anterior.

Mi experiencia con los moyotes laguneros no es tan desagradable, mi sangre no les resulta atractiva como la de otras personas. Me dejan en sana paz en lo que se refiere a su voraz apetito vampirezco. Lo único que les reprocho son todas aquellas noches de insomnio y desesperación que me hicieron pasar estos bichitos, producto del sonido fastidioso y perseverante de su aletear ultrasónico, su capacidad mimética y sus reflejos a prueba de manos rápidas, periodicazos, almohadazos, y todo lo que termine en “…azos”. Su capacidad de sobrevivencia es sorprendente, tan frágiles y flacos que se ven.

Con el paso del tiempo he observado una extraña transformación en su proceder, su aletear ahora silencioso resulta sospechoso y perturbador, lo que me hace pensar en una transferencia genética defensiva. A su velocidad y mimetismo, se le ha agregado ahora este componente adicional a prueba de ataques humanos. A pesar de todo hemos aprendido a vivir con esta compañía no tan agradable, al igual que con las moscas, hormigas y asquéles.

No hay veneno efectivo que las dañe permanentemente, su organismo lo asimila y los hace más fuertes. Salvo estas pequeñas inconveniencias el moyote lagunero forma parte de nuestra historia y como compañero de ruta aunque algo incomodo, a fuerza de costumbre lo toleramos a medias y emprendemos de vez en cuando una guerra de guerrillas contra el, aunque de antemano sabemos que su vida terrenal sobrepasará a la de la especie humana.

Lo malo a últimas fechas es que tal vez por su actividad promiscua, algún moyote lagunero se metió con alguna zancuda tropical perdida por estas desérticas planicies sin su registro preventivo, y ¡Zas!, sucedió lo que tenía que suceder, moyotitos tropilaguneros jacarandosos y con dengue al portador.

Aunque son los menos, su reproducción geométrica haría palidecer al propio Malthus. Esta nueva arma biológica de los moyotes inmigrantes y nativos, agudizará la lucha en su contra el próximo verano, los moyotes laguneros deberían deslindarse de sus parientes “dengueros” o tendrán muchas bajas.

Wikipedia nos señala que: “El origen del término Dengue no está del todo claro. Una teoría dice que deriva de la frase de la lengua swahili: «Ka-dinga pepo», describiendo esa enfermedad como causada por un fantasma. Aunque quizás la palabra swahili «dinga» posiblemente provenga del castellano «dengue» para fastidioso o cuidadoso, describiendo el sufrimiento de un paciente con el típico dolor de huesos del dengue. El primer registro potencial de un caso de dengue viene de una enciclopedia médica china de la Dinastía Jin de 265 a 420. Esa referencia asocia “agua venenosa” con el vuelo de insectos. El primer reporte de caso definitivo data de 1789 y es atribuido a Benjamín Rush, quien acuña el término «fiebre rompehuesos» por los síntomas de mialgias y artralgias”

Por lo pronto el “dengue” o “quebranta huesos” avanzará sin remedio, y como todo virus en busca de victimas indefensas, no nos queda más que esperar a quedar fuera de las estadísticas, o de plano si nos toca, apechugar y aguantar estoicamente a que la enfermedad cumpla su ciclo. Mientras tanto como dirían los Doors sin Morrison y en su etapa más chafa: “No me molestes mosquito”.

Finalizo estas líneas con un breve poema a su histórica persistencia, permanencia y resistencia.

LOS MOYOTES
Seres aerodinámicos,
micro vampiros zumbadores.
Glotones insaciables,
Insomnes contagiosos.
Amigos del desierto,
compañeros de ruta.