[imgsize 4736 300x class=’alignleft’ alt=»]El concepto de cultura nos remite a las tradiciones, costumbres, fiestas, conocimiento, creencias, moral de los pueblos, cultura es lo que le da vida al ser humano.
El concepto de identidad cultural encierra un sentido de pertenencia a un grupo social con el cual se comparten rasgos comunes como costumbres, valores y creencias.

Aunque el concepto de identidad trascienda las fronteras, el origen de este concepto se encuentra frecuentemente vinculado a un territorio.
La identidad cultural de un pueblo viene definida históricamente a través de múltiples aspectos en los que se plasma su cultura.
La identidad es el sentido de pertenencia a una colectividad, a un sector social, a un grupo específico de referencia. La identidad sólo es posible y puede manifestarse a partir del patrimonio cultural
Es la sociedad la que a manera de agente activo, configura su patrimonio cultural al establecer e identificar aquellos elementos que desea valorar y que asume como propios y los que, de manera natural, se van convirtiendo en el referente de identidad.

«La Región Lagunera, por su origen complejo, es un espacio socialmente construido donde los mitos y los símbolos son cosa cotidiana; nuestra forma de ver el mundo acepta multitud de símbolos que resumen la posición y la visión del ser y del hacer de quienes hemos ido construyendo esta parte de México.»

Es por eso importante comprender cómo nuestra sociedad llega a convertirse en nación, estado, municipio y región, es decir cómo puede un grupo de personas concebir el sentimiento necesario para integrar su identidad en un territorio específico.
Hay que buscar en la cotidianeidad de los pueblos, sumergirse en su cada día y observar, tanto con la inteligencia como con la sensibilidad en los recovecos del imaginario colectivo, de sus mitos heredados y de las esperanzas colectivas.

La Región Lagunera, por su origen complejo, es un espacio socialmente construido donde los mitos y los símbolos son cosa cotidiana; nuestra forma de ver el mundo acepta multitud de símbolos que resumen la posición y la visión del ser y del hacer de quienes hemos ido construyendo esta parte de México.
Ubicada en una zona semidesértica, la Laguna y su historia van entrelazadas a la existencia de los ríos Nazas y Aguanaval, fuente de fertilidad de estas tierras áridas. Ríos que a pesar de su apresamiento continúan siendo fuente de vida e identidad cultural lagunera.

A pesar de su nomadismo los pobladores originarios supieron afrontar sus desventuras gracias al agua de las antiguas lagunas. Hábiles en la caza y en la pesca los nativos sobrevivieron en estas tierras agrestes. Ejemplo de su perseverancia y sus habilidades pesqueras son las famosas “nazas” que dieron origen al nombre de nuestro depredado rio.
Nuestras señas de identidad se han ido desdibujando con el devenir; el salto a la modernidad fue rápido y continuo, nuestro escaso pasado colonial representado por algunos municipios cercanos como Parras, o Mapimí a partir de los obrajes o de la minería, han dejado poca huella en el imaginario colectivo.

La Independencia de México nos llegó de noche, al igual que la reforma y la revolución, salvo las estampas que nos dejó el carruaje de Juárez -con todo y el archivo de la nación- en su paso por estas tierras áridas, huyendo del imperio. Su deuda con los habitantes de Matamoros la cumplió con creces.
La “paz porfiriana” trajo prosperidad a la región, en medio de la represión y la explotación de los obreros y jornaleros agrícolas.
La revolución mexicana tuvo de referente importante a Torreón, ciudad emblemática y representativa del “progreso porfirista”, las heroicas tomas por el ejército Villista, sin duda contribuyo a minar los baluartes del viejo orden que propiciaron los inicios de su derrota, las batallas por Torreón continúan siendo símbolos que perviven a pesar de los intentos de desdibujamiento por la nueva historia neoliberal.

Los frutos de la “Revolución Mexicana” llegaron un poco tarde, el cardenismo mediante el reparto agrario creo los ejidos, a través de los cuales se retomaron las riendas del trabajo agrícola por los campesinos laguneros. Bajo la tutela del estado la Laguna floreció nuevamente durante varias décadas. Campo y ciudad en ascenso desarrollista: comercio, industria y agricultura en sintonía con el “Milagro Mexicano” en boga.
La crisis del campo lagunero generó los cinturones de miseria en la periferia de los principales municipios laguneros. La marginalidad urbana y el ascenso de los nuevos movimientos sociales cambiaron la faz de las ciudades, nuevos caminos y visiones intentaron reorientar el rumbo. Rápido fue su declinación. Pero el capital social acumulado continúa latente.

En la fase actual, nuestra crisis lagunera en todos los órdenes va de la mano con el cambio de rumbo al proyecto nacional, el ascenso del neoliberalismo mexicano a partir de los Ochenta impregno todos los ámbitos de la vida nacional y local. La nueva visión de los vencedores trastocó los principios y valores, y fue desintegrando las principales señas de identidad de los pueblos.
En pleno laberinto, y sin referentes firmes que construyan y reconstruyan nuestras señas de identidad, nos conducen a movernos a ciegas, a caminar por los bordes, entre la incertidumbre, el miedo y la inseguridad. Pero la esperanza es necia y persiste en recordarnos que la educación y la cultura son el mejor camino para salir del laberinto.