Actualmente escuchamos por todos lados que la educación está en crisis; nosotros como docentes experimentamos en suelo propio que algo está pasando tanto al interior del aula como al exterior de la escuela. Para empezar, observamos que en la mayoría de las escuelas existe la deserción, la reprobación, la indiferencia y el tedio en los alumnos, y por ende, rezago educativo, ¿tendremos nosotros la culpa? Al interior de la escuela: directores y planta docente, estamos aplicando adecuadamente el desarrollo curricular? ¿Correlacionamos los objetivos del perfil de egreso con los contenidos de cada una de las materias del plan de estudio? ¿Llevamos seguimiento del proceso de avance o retroceso en el aprendizaje del alumno? ¿Cómo enseñamos, cómo aprende el alumno?¿Enfocamos la educación a valores como el respeto, el amor, la lealtad, el trabajo, entre otros?

Al exterior de la escuela: ¿observamos y comunicamos a los padres de familia el comportamiento positivo o negativo del alumno? Ya que alrededor de la escuela y en la comunidad está el peligro de la delincuencia, la drogadicción, en que puedan ser absorbidos nuestros alumnos. ¿Tratamos con los padres las deficiencias del aprendizaje que se observa en los alumnos, la indisciplina, la indiferencia, entre otros temas importantes? ¿Conocemos el ingreso familiar de los padres y su grado de escolaridad para que sea un referente del apoyo que nos puedan proporcionar en la educación de sus hijos?

En fin existen bastantes cuestionamientos, que en este trabajo sería difícil abordar todas las interrogantes, pues habría que enfocar las perspectivas epistemológicas del docente, así como su conocimiento práctico profesional de su práctica educativa. Sin embargo, trataré de abocarme sobre el rescate de los valores que se han deteriorado con el paso del tiempo, así como por la influencia de la mundialización de problemas en todos los ámbitos que afecta sobre manera a la educación, y por consiguiente, a la sociedad en general.

En la educación tradicional al alumno se le orientaba a describir y a explicar su entorno; se conservaba los valores nacionales en función de
una identidad cultural prevaleciente; en la cual se cuidaba celosamente los recursos naturales, y las actividades se llevaban a cabo con apego a valores. Se encerraba en su propio territorio y hacía valer con sus propios medios, lo cultural, social y económico; apoyándose fuertemente en la religión, el derecho y reglas propias de su economía. Ante ello, la educación se caracterizaba por unos métodos de memorización y descripción de los conocimientos. Para después, en la vida práctica descubría la aplicación de los mismos en los diversos ámbitos de la realidad.

En la educación moderna se le exige al alumno a operar y transformar su medio circundante; los fines de ésta se ven influenciados por la economía de mercado global, la evolución científica y tecnológica, la democracia, así como la exigencia de una calidad basada en el eficientismo. Es decir, que cumpla en forma analógica con los procedimientos empresariales: procesos técnicos bien precisos y rentabilidad del negocio. El perfil de egreso de cualquiera de los niveles de educación debe ser emprendedor, creativo, eficiente y eficaz, que sea competitivo.

Pero esta modernización de la educación, implica el alejamiento de su entorno social, cultural y natural, buscando individualmente el éxito material, se utiliza procedimientos ocultos no deseables, como el de alcanzar la cúspide de los puestos con estrategias que no contemplan a la ética, a la moral, ni al desarrollo sustentable. Se vive en este tren de vida en forma acelerada; no hay tiempo para atenderse a sí mismo, mucho menos a los más cercanos a él; no hay tiempo para contemplar a la naturaleza, se vive con estrés, con terror, angustia, porque el tiempo está encima y no podemos hacer una pausa para encontrarnos a sí mismo. Es una educación donde se instruye plenamente a la razón, a la mente calculadora, voraz y egoísta. Por consecuencia, la espiritualidad no tiene cabida, el humanismo es marginado, estorba a nuestros intereses. En este tipo de educación se manifiesta la “ley de la selva”, el más fuerte es el que obtendrá el lugar privilegiado. Es la ideología dominante la que va instaurando los fines, los objetivos y las metas de la educación.

¿Qué hacer ante este estado de cosas y concepción de la educación? Los maestros, padres de familia, organizaciones magisteriales y no gubernamentales, tenemos que hacer un alto a lo que el sector público y privado nativo, así como a nivel internacional, tratan de establecer y de imponer su hegemonía en lo educativo y en otros ámbitos de la economía. Por principio de cuenta tenemos que revolucionar nuestra práctica docente en función de los valores que tratamos de rescatar, para formar un ciudadano que sea capaz de promover la transformación del país, en función de su propia ciencia y tecnología; no estar supeditados al saber científico extranjero; que sea con nuestras propias capacidades y talentos para defender y proteger nuestra identidad cultural, pues afortunadamente, se cuenta con muy buenas universidades e instituciones de educación superior pública para enfrentar los retos que nos presenta la realidad.