«Dejamos sin análisis la violación o no, del derecho de los demás»

En diferentes entregas, le he insistido en el desfase que existe entre el desarrollo de la ciencia y su consecuencia, la técnica, contra las oportunidades de digerir y aplicar los avances apoyados en la reflexión humanística.
Dicho de otra manera: reflexionar sobre lo bueno y lo malo de la aplicación de los descubrimientos a la vida cotidiana de los seres humanos, otros seres vivos y la misma ecología.

Ese desfase ocasiona problemas sociales y dilemas que no hemos resuelto y, de no hacerlo, ponemos en riesgo la estabilidad de la interacción social y hasta la continuidad de la vida, con la carga genética que nos ha caracterizado hasta ahora.
Utilicemos como ejemplo el desarrollo de la civilidad y la misma calidad de vida, a partir del consumo de petróleo como combustible; permitió mejorar las condiciones de confort y productividad del ser humano. La falta del análisis de las consecuencias, a mediano y largo plazo, sumados los intereses económicos involucrados y los apetitos voraces por acumular riqueza, han promovido la alta contaminación que vivimos actualmente, misma que diversos organismos internacionales ya han denunciado como peligrosamente grave, con pobre respuesta.

Otro ejemplo: la sobre población del planeta, llegó a ser una de las más serias amenazas que enfrentamos como especie; continentes como el africano y regiones latinoamericanas, debieron tomar medidas extremas para intentar contener la caída de sus precarias economías.
En ese contexto, el arribo de los anticonceptivos orales, a principios de los sesentas del siglo anterior, ofreció nuevas alternativas para atacar el problema poblacional, utilizándolos indiscriminadamente y sin los debidos cuidados médicos; el resultado: alteración del desempeño sexual, particularmente entre la población joven.
En el caso, la falta de prevención médica, generó alza en el índice de enfermedades del aparato reproductor femenino y, muy importantemente, el libertinaje de algunos grupos sociales en el ejercicio de la sexualidad. Recuerde que, a pesar de las campañas educativas para contrarrestarlos, los embarazos no deseados y los abortos criminales se han incrementado.

Esos mismos avances de la medicina, han permitido atender enfermedades que anteriormente eran consideradas de «muerte por necesidad», caso de una buena parte de los cánceres, o las mayores posibilidades de sobrevivencia de recién nacidos prematuros, que solo unos años atrás estarían condenados a morir o vivir con secuelas importantes. Sin duda esas son buenas noticias.
La reflexión en temas importantes, para la  mayor tolerancia de la humanidad, antes considerados «anatema», caso de la homosexualidad, también permitió asentar el derecho de esas minorías. Esa es una actitud de tolerancia y respeto que, sin duda, es buena para la convivencia de unos y otros en paz.

En ese tenor, hoy día, la sexología reconoce seis diferentes identidades de género; a saber: heterosexual, homosexual, preferentemente heterosexual, preferentemente homosexual, bisexual masculino y bisexual femenino. Nótese que se asientan distintos gustos preferenciales sin referirse a la identidad biológica -de gustos y manifestaciones en cuestiones de comportamiento y sexo- que hasta hoy solo se aceptan dos: masculino, con contenido cromosómico XY; y femenino, con carga sexual XX.
Ahora, de pronto, aparece un nuevo concepto: el ente transgénero, refiriéndose a aquellos sujetos que inconformes con su sexualidad genética y la identidad de género asignada y/o identificada, desean transformar su genitalidad; es más frecuente de hombre a mujer.

Esto tampoco es nuevo en la humanidad; desde mediados de siglo anterior, se desarrollaron diferentes técnicas  para cambiar de sexo, que incluyen las atenciones psicológicas y sociales previas, habiendo en la historia personajes que manifestaron así su rebeldía.
Ahora, esas personas genéticamente varones, avanzan en sus peticiones exigiendo oportunidades, al extremo de exigir y lograr concursar en Miss Universo, caso de Jenna Talackova, canadiense transgénero, tratado como niña desde los 4 años, con tratamiento hormonal desde los 14 y operado a los 19.

El quiere competir contra mujeres consideradas prototipo de belleza femenina. De nueva cuenta estamos orientando la ciencia, aplicada con la técnica médica, sin conocer suficientemente el futuro que espera a quien fuera Walter – ahora Jenna -, caso extremo que nos ocupa.
Reconociendo el derecho de las personas sobre sus cuerpos y salud, dejamos sin análisis la violación, o no, del derecho de los demás.
¿Se invade el derecho e identidad de la mujer, cuando se acepta un “XY” compitiendo con una XX? ¿dónde quedan los derechos de menores y algunos adultos sorprendidos, posiblemente engañados en el desempeño social de un transexual?
Al aceptar al humano transgénero en eventos de competencia física, -fenómeno que aún no se da-: ¿se respeta el derecho y las oportunidades de las mujeres biológicas?

Habrá que darle una mejor y más profunda reflexión a temas como éste, a fin de no ser sorprendidos con los resultados de nuestras acciones, que pueden llegar a ser definitivas para el futuro de la especie; …o ¿usted que piensa sobre el tema?