El pasado 8 de junio, una de las noticias más tristes que he recibido en mucho tiempo llegó a mi celular, mientras me encontraba en El Xamán, Centro Cultural del Desierto, a punto de comenzar con la proyección de la película de ese viernes, “Días de gracia”: se estaba difundiendo por internet que el crítico de cine Joaquín Fernando Rodríguez Langridge había perdido la vida. En el momento quise pensar que se trataba de una broma, no de quien me envió el mensaje, si no de tantas que suceden en las redes sociales.

Quise desmentir la noticia, con afán de que todo fuera, como ya mencioné, una simple broma o bien, que se tratara de alguna situación que Joaquín vivía como actor en alguna nueva obra de teatro, que tanto le gustaba hacer. Me decidí a llamar a un gran amigo de “Joaco”, para que me dijera que todo era un simple malentendido, pero él hasta el momento no sabía nada de la noticia. Le supliqué que investigara y que cualquier cosa que supiera me lo hiciera saber al momento. Diez minutos más tarde recibo un nuevo mensaje de texto diciendo “Esta confirmado”. En ese momento no pude seguir evadiéndolo, Joaquín Rodríguez había fallecido.

A la fecha no he conocido a un ser tan letrado en el ámbito cinematográfico como Joaquín; era sin duda un erudito, una de esas enciclopedias vivientes que cada vez tenemos menos en este país. La pasión con la que Joaquín se desempeñaba en el cine era sorprendente. Siempre que tuve el privilegio de charlar con él, me quedaba anonadado del vasto conocimiento que su ser ostentaba. Era de esos tipos que no tenían reserva por compartir su conocimiento y sapiencia. Joaquín entendía perfectamente el dicho “El conocimiento que no se esparce, que no circula, al igual que el agua, se pudre”.

Joaquín Rodríguez redefinió en mí la forma de ver el cine, la manera de analizar el material impreso en el celuloide, todo cambió para mi en aquél taller de Crítica Cinematográfica que Joaco impartió en el Teatro Alberto M. Alvarado de Gómez Palacio, Dgo. Con ese gusto que siempre tuvo Joaquín por compartir su experiencia en su tierra, en su amado estado, Durango. Recuerdo con gran impacto como en ese taller me descubrió al cine de Fassbinder, de Dreyer y de tantos más que de manera indirecta incentivaba por su labor como programador. Me enseñó que lo más importante en una película, es su esencia, que lo que importa realmente y para lo que se hacen las cintas es por la necesidad de contar una historia, por la inquietud de ser escuchado. Me mostró que en el cine “no todo lo que brilla es oro”, que la vana y absurda pretensión contemplativa debería ser erradicada del cine, que los trabajos orgánicos y auténticos son los que más valen, que lo onírico debería estar presente siempre en el cine, a final de cuentas el cine es sueño; en fin Joaquín fue de esos maestros que te marcan, que lo que te descubren, jamás se olvida.

Siempre impartió cátedra de programación, sin jamás haber dado alguna clase de ello. Bastaba ver su esplendido trabajo de selección en el Festival Internacional de Cine de Morelia para aprender, para sensibilizarse. Joaquín, como tantos otros artistas y entusiastas promotores de la cultura o, en este caso, del cine en particular, no alcanzan a dimensionar el impacto de su trabajo, de su erudición, de todo la estela de conocimiento, pasajes y enseñanzas que dejan a su paso, de todo lo que llegan a impactar en los demás.

Irónicamente puedo decir que la última vez que vi a Joaquín, fue en el pasado Festival Internacional de Cine en Guadalajara en el mes de marzo, platicamos varias veces, bromeábamos, era casi imposible no verlo de una sala a otra para tratar de abarcar la mayor cantidad de películas posibles en el Festival, incluso teníamos prácticamente ya “apalabrado” un curso sobre “El erotismo en el cine” que Joaco vendría a impartir a Torreón. Pero la última charla, no la olvido, fue en el Centro Magno antes de entrar a ver “Sangre de familia”, película mexicana en competencia. Ahí hablamos del actor lagunero Raúl Méndez, de las otras cintas en competencia en las que el histrión aparecía, después charlamos un poco sobre “El fantástico mundo de Juan Orol” de Sebastian del Álamo y finalmente sobre “Días de gracia” de Everardo Gout. Paradójicamente esta última película fue la que programé el pasado 8 de junio, sí, el día en que Joaco se nos adelantó. Después de enterarme de esa noticia, lo único que puede hacer fue dedicarle ante el público asistente esa función.

Ver su programa, leer o escuchar sus críticas era un regocijo, así uno aprendía, no sólo de cine, sino de la vida misma. Parada obligada leerlo o escucharlo en Cinegarage o el Canal Once Tv México. En Guadalajara, un placer verlo, ¡y en Morelia ineludible! Siempre al lado de sus inseparables y queridos amigos, el también maestro y amigo Roberto Fiesco, Julian Hernández, Erick Estrada, entre otros. A Cannes asistió en nueve ocasiones, y uno como lector esperaba ansiosamente sus reportes desde la ciudad francesa. Joaquín nos tenía siempre a la espera de ver, leer o escuchar las maravillosas reseñas sobre el Festival, además de las entrevistas que sostenía con Woody Allen, Pedro Almodóvar, Béla Tarr, Volker Schlöndorff, Terry Gilliam, Werner Herzog (estos cuatro últimos en Morelia) y más.

La última obra de teatro en la que Joaquín actuó fue “Kant en altamar” del dramaturgo Thomas Bernhard, el montaje se presentó como una metáfora del ocaso a la razón, al pensamiento ilustrado, de la creencia en el progreso de la humanidad y de la utopía nacionalista ante el triunfo del pragmatismo de Estados Unidos. El montaje tuvo temporada en el Teatro Casa de la Paz.Joaquín se va antes que nosotros, se nos adelantó, lo cual no es de extrañarse, Joaco nos llevaba mucha ventaja en tantas cosas. De lo que sí debe estar seguro Joaquín es que muchos de los que tuvimos el honor de ser sus alumnos o amigos o familiares, es que lo recordamos con un cariño tremendo, con una admiración profunda, lo tenemos presente con la gran alegría que siempre lo caracterizó. Esperemos que estas letras sirvan además de un muy pequeño, pero sentido homenaje, que también incentiven un poco el gusto por los lectores en buscar, leer, escuchar y ver el trabajo del gran Joaquín Rodríguez.

Joaquín Rodríguez:
Joaquín Rodríguez poseía una amplia trayectoria como crítico de cine y reseñista. Egresó de la carrera de Ciencias de la Comunicación, en la Universidad Iberoamericana, con la tesis La Reestructuración del Cine Soviético: 1984-1989. La Perestroika en el Cine.
En 1988, inició su colaboración en la prensa como crítico y reportero de cine, y en 1990 fue uno de los editores del proyecto editorial Primer Plano, revista dedicada en su totalidad al séptimo arte.

En 1996 se integra a la revista Cinemanía, en donde fungió como Coordinador Editorial, y en 1999 se integra al equipo de Cine Premiere. Simultáneamente colabora en el periódico El Financiero, en donde compartió una columna de cine junto a Daniela Michel.
Joaquín también egresó del Foro de Teatro Contemporáneo, institución dirigida por Ludwik Margules, quien fue sin duda uno de los directores más prestigiados de la escena mexicana contemporánea.
Como actor participó en más de veinte obras de teatro a partir de 1993, tanto en teatro universitario, infantil, Bar-Cabaret, y Ópera, nada menos que en el Palacio de Bellas Artes.

Durante nueve años, trabajó en la Cineteca Nacional, en el área de supervisión. A la par, participó en las cápsulas 24xSegundo*. También fue coordinador y guionista del programa “Abrelatas” en Canal 11 Tv de México.
También fue asesor de programación para el Festival Internacional de Cine de Morelia, que se celebra cada año durante el mes de octubre.

Desde el 2004 Joaquín Rodríguez fue un entusiasta y activo colaborador en el Centro Cultural del Bosque con sus cursos de apreciación cinematográfica.
Este año colaboró además en la realización de 3 de los 5 ciclos de cine organizados por el CCB: Las Artes en el Cine, Cine e Independencia,  y Cine y Revolución.
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