DOS DE TRES PARTES

INDEPENDENCIA, REFORMA Y PORFIRIATO

El peso de la miseria, hambre, enfermedades, esclavización, aunado al despojo arbitrario de la tierra que sufrieron los pueblos indígenas durante casi trescientos años de colonización, asicomo el despunte del siglo XIX, abre una esperanza en el horizonte que se origina en el seno de la Nueva España. Los acontecimientos en España, en las Cortes de Cádiz, emprendieron el nuevo pensar en la organización política, no más en la monarquía, sino en una nueva república con división de poderes; el liberalismo. Sus fundamentos provienen de las ideas del Siglo de las Luces, Descartes con su Duda Metódica, Kant con su Crítica de la Razón Pura, Locke con su Empirismo, La Revolución Francesa, y un poco antes, la Independencia de las Colonias Norteamericanas; todo esto impactó en la Nueva España y en las demás colonias hispanas.

Es el advenimiento de un nuevo orden, que rompe definitivamente con tradiciones y prejuicios. Los precursores e intelectuales de la independencia usan a los desposeídos, quienes realmente pelearon con palos y machetes. Hidalgo y Morelos tenían sus propias ideas sobre el agrarismo, intentaron destruir la tenencia de la tierra, pero poco duró el gusto, pues quien consumó el acto independiente fue un hijo de hacendado, Agustín de Iturbide, ratificó privilegios y respetó propiedades de españoles y criollos. Una vez más, se traicionaron las esperanzas de los que habían derramado su sangre. Prosiguió la pobreza en las masas populares y se acrecentaron las fortunas de los dueños de la tierra. Tras la guerra de independencia se posicionaron dos corrientes de pensamiento: la primera, buscaba la continuidad de las tradiciones, la permanencia de la monarquía, conservación de los privilegios económicos, políticos y sociales de terratenientes, comerciantes y clero católico. Y la segunda, la emancipadora, la liberal, cuyo último fin era la verdadera separación de España y el terminar con el dominio de ésta. Esto proseguiría así durante todo el período independiente, la reforma y el porfiriato.

Estas luchas internas tuvieron que impactar en la producción agrícola y en todas las demás actividades económicas. Bajó la producción agropecuaria. El general José María Pérez Hernández escribía en 1862: “Nuestra producción agrícola comparada con nuestra población, da un abasto regular en los años de buena cosecha; más en los muy estériles hay que apelar al extranjero por harina, arroz y algunos otros cereales de primera necesidad” (Diego López R., 1981: p. 144). En la tecnología agrícola para mejorar la producción de cultivos se estaba en pañales, en comparación con los países europeos;, Moreno Daniel (1957, p. 109) expuso que para mejorar los métodos agrícolas se solicitó a Londres informes acerca de los que empleaban sus labradores antes de la siembra, métodos para beneficiar las tierras arcillosas e infecundas, y en general, todo aquello que condujera a mejorar la agricultura; en ellos estaban incluidos las máquinas para trillar y aventar el trigo, desgranar y moler maíz, etc.

En 1842 el gobierno decretó el establecimiento de una escuela de agricultura, pero también había la necesidad de contar con un campo experimental para ir incorporando en el currículum las innovaciones al respecto. No tuvo buenos resultados. Derivado de ello, el gobierno y a su vez presionado por la burguesía terrateniente, decide introducir maquinaria y métodos modernos de cultivo con la finalidad de producir artículos con amplias demandas en el mercado internacional, en detrimento de los agricultores que producían granos alimenticios; desde este momento, la agricultura moderna sentaba las bases para su despliegue en el mercado. La agricultura tradicional iniciaría su status discriminatorio; ésta no redituaba, pues sus posibilidades y condiciones económicas siguieron limitándose al autoconsumo.
La inestabilidad política después de la independencia, hizo de México un Estado con unidad ficticia, como lo señaló Felipe Leal (1974: p.7), el estado mexicano era solo formal desde el punto de vista jurídico, porque en la organización política, económica y social era una fragmentación; se fomentaban los poderes locales –caciques -, la incongruencia en sus instituciones como la legislación colonizadora de 1824y la ley de colonización del 31 de mayo de 1875. Dicha situación, aunada a las grandes extensiones baldías sobre la zona centro norte del país, fue aprovechada por los Estados Unidos de Norteamérica, se facilitó la intervención norteamericana. Estas extensiones se fueron poblando por colonos texanos –encabezados por Moisés Austin-. Así se cumple en sus inicios, la política avasalladora que aplicará de aquí en adelante E.U. a nuestro país: “Ocupación, Segregación y Anexión”. Se rebana al país con Texas, abarcando también lo que sería después los estados de California, Utah y Nevada, grandes partes de Nuevo México y Arizona y partes de Colorado y Wyoming.

Los terrenos baldíos eran para la clase gobernante dominada por los intereses de la aristocracia terrateniente, aparentemente tierras sin dueño, baldíos ocupados por indígenas nómadas quienes hacían uso de éstas en ciertas temporadas del año, y así lo hacían al desplazarse de un lugar a otro, legitimando así su cultura con el tipo de territorio que ocupaban –flora, fauna y topografía- en relación con su cosmovisión sagrada. Pero la ley colonizadora discriminó al indígena, despojándolo nuevamente de sus tierras. Si en la conquista el despojo fue a la fuerza, con la ley colonizadora y la Constitución liberal de 1857, el despojo a los indígenas fue legal, –según la clase dominante-. La finalidad del liberalismo era encauzar su política a la economía capitalista y las grandes extensiones de tierra en poder de manos muertas, como las del clero católico y las corporaciones civiles (pueblos indígenas), eran un obstáculo para el desarrollo económico, había que conformar la propiedad privada en manos de inversionistas que pusieran a trabajar dichos terrenos. De esta manera, se formó la masa popular con los peones acasillados, con salarios ínfimos y pagados a través de las tiendas de raya. Porfirio Díaz aprovechó estas leyes para favorecer a los burgueses terratenientes, se fomentó nuevamente el latifundismo y se elevó el índice de concentración de la tierra. Los hacendados pasaban la mayor parte del tiempo en la ciudad, dejando a su cargo a los capataces y administradores de sus propiedades para estar cerca del poder dictatorial.

Esta situación fue fuertemente criticado por los grandes intelectuales agraristas: Francisco Severo Maldonado (1775-1832): insistió en que debía abolirse el derecho de propiedad territorial “perpetua y hereditaria y exclusiva”. Ponciano Arriaga (1811-1863): “Mientras que pocos individuos en posesión de inmensos e incultos terrenos, inmensa mayoría de la población gime en la más horrenda pobreza, sin propiedad, sin hogar, sin industria ni trabajo”. Wistano Luis Orozco (1856-1927): “La división constante de las propiedades y del municipio, señalando la pobreza de quienes reciben un pequeño terreno, éste lo venderá por la miseria, se verifica una nueva concentración de la tierra en pocas manos”. Fernando González Roa (1885-1936): “Mientras el problema agrario esté en pie, México no verá el fin de sus desgracias”.

Estos dos últimos intelectuales cuestionaron el escenario agrario, tanto del siglo XIX como principios del XX, contribuyendo así al contenido del Artículo 27 de la Constitución de 1917.La situación agraria en el porfiriato, su característica fue, de acuerdo a Carlos Humberto Durand (2009: p. 192),”La estructura del campo porfirista se definió a partir de la hacienda, su vinculación con el mercado mundial provocó que en buena parte su producción fuera de exportación como en el caso del algodón , café, vainilla, entre otros”. Una serie de leyes elevó la concentración de tierras con los nacionales como trasnacionales, ejemplo: La Compañía Richardson del Valle del Yaqui controlaba alrededor de 300 mil ha; la Colorado River Land Co., 325mil 364 ha, entre otras. Mientras que la inmensa mayoría de mexicanos campesinos–indígenas se debatían en el hambre, la pobreza y la esclavitud. Así fenecía el siglo XIX.

En la colonia se saqueó de tierras, metales y fuerza física de trabajadores.
En el siglo XIX, los EUA saquearn a México de tierras, y demás riquezas nacionales a través del chantaje político, corrupción y el manejo de las estructuras del poder porfirista. Díaz les brindó multitud de concesiones suprimiéndoles aduanas y aranceles. ¿Qué pasará en el siglo XX y XXI?