Se conoce que hay una creencia filosófica y/o religiosa en que el alma de todos los que han habitado este planeta, una vez dejado el estuche corporal, queda suspendida en espera de otra encarnación.
Pero trae consigo de manera latente un equipaje de defectos y virtudes, además de un sino o jetatura que lo ha de acompañar por el resto de su vida…es decir, de su próxima vida. En este equipaje individual se guardan los talentos y también el retoño de la maldad que solo a los terrestres nos caracteriza.
Al nacer, el sujeto no recuerda nada de lo que vivió tal vez hace 150 o 500 años. En cuanto al cuerpo como una máquina orgánica de células, huesos, músculos y encéfalo, según los estudios que se han realizado científicamente, hay una predisposición genética para que el individuo desarrolle un ser irrepetible y único que lo hace estar preparado para enfrentar de manera física este mundo material.

Lo sorprendente de todo esto es la mezcla del alma con el cuerpo; cómo la fisicalidad está al servicio del alma al proveerle de comunicación con esta realidad tridimensional por medio de los 5 sentidos. A través de lo sentidos el alma puede sentir todo lo que está alrededor. Puede hacer uso u abuso de lo que está a su alcance. Bien dicen que el cuerpo puede ser un templo o una cárcel según la solvencia espiritual del alma de la persona. Hay que recordar que el espíritu es el alma cultivada.
¿Qué queremos decir con esto? Que hay personas que nacen con “estrella” y cuando grandes se convierten en personas importantes o de gran influencia en su sociedad, o a la inversa. Al igual que hay otras que no tienen la misma suerte y a lo mucho llegan a pasar desapercibidos o bien a ser un gran perjuicio para quienes lo rodean, o a la inversa.
El karma no es un castigo divino ni es algo que deba causar superstición ni catalogarlo como cosa de herejes (Cristo mismo fue un hereje), es un ajuste universal que se realiza para que la humanidad continúe hacia la perfección espiritual en el universo. Como en varias avenidas en las que hay un semáforo…El semáforo regula el tráfico y hace que todo fluya y coadyuva a que todos lleguen a su destino.

Para que reclamarle a Dios el porqué de nuestra mala suerte o de la perdida de un ser querido…todo está regulado por el karma del mundo, del continente, del país, del estado, de la ciudad, de la colonia o sector donde vivimos y por último del karma de nuestra familia y de nosotros mismos como individuos. Se podrán imaginar el karma de países como Holanda, Canadá o Suiza que según sus acciones en el pasado hoy son países de primer mundo…claro, ahora se entiende por que hay países de tercer mundo… son aquellos que se han sumergido en una realidad cuyo karma es el de sufrir las consecuencias de un pasado. Los países del primer mundo apostaron por la educación, el trabajo y el libre albedrío.
Francia, Inglaterra y Japón fueron arrasados en la segunda guerra mundial; fue un ajuste devastador…Hoy son países con un extraordinario poder económico y cultural. Otro ajuste, pero ahora benigno, acorde a las acciones de esfuerzo y coraje de los japoneses, por ejemplo.
Los sacerdotes y los pastores pertenecen más a la manifestación del ritual y a la incertidumbre de lo desconocido que propició la reinvención de seres divinos. Se menciona reinvención porque con esto no se quiere decir que no exista uno o más seres superiores omnipresentes, sino que el ser humano en su imaginería y soberbia los ha hecho dioses con defectos idénticos al de los humanos- en el panteón griego- y cruel y despiadado -en el judeocristianismo-.
Por lo que las religiones, como se conciben hoy, son hijas apócrifas de la filosofía kármica y la trasmigración de las almas, cuya única aspiración es el de ser perfectibles para poder llegar hacia el todo poderoso. Lo mismo persiguen las religiones terrenales, las bizarras; pero la mayoría de ellas no ofrecen una vida más para la perfección sino que envían al infierno al creyente y usan ese argumento vulgar como chantaje para enriquecerse y tener poder en esta vida. Nada más despreciable y poco cristiano.

Nuestras omisiones también son acciones para esta ley universal que regula nuestro andar espiritual…Como mexicanos no hemos podido salir del bache cultural, social y económico en el que estamos paralizados. Todo debido a nuestro sino, a nuestra jetatura que nos hemos venido tejiendo desde hace siglos a raíz de una sangrienta y depredadora conquista que trajo consigo las peores abyecciones que pueda enarbolar una religión que predicaba y “predica” aun el amor de Jesucristo.
Hoy en día, nuestros políticos son gente que nació con un talento y habilidad que les permite sobresalir por encima de los demás; pero también nacieron con ese retoño de maldad que permite que este mundo esté al borde de la miseria de millones de personas que dependen de ellos, puesto que toda ley y todo organismo burocrático ha sido confeccionado para que siga la impunidad y el saqueo. No se trata de auto compadecernos y de culpar de todo a semejantes animales intelectuales que aberrantemente se proclaman servidores públicos; no hemos podido tener el valor de erradicarlos y cambiar el curso de nuestras vidas hacia un porvenir más decoroso y digno.

Ese es nuestro karma como mexicanos; el estar viviendo y soportando lo que solo en una película de Ed Wood o Juan Orol se puede originar. Las más increíbles pifias que pueda cometer hasta el más estúpido de los seres humanos surgen aquí en nuestro sistema político…y solo nos queda ladrar, pero no transformamos nuestra situación.
¿Será que tendrá que venir un gran dirigente que cambie todo este absurdo galimatías nacional, o viviremos por siempre, por varias generaciones, las consecuencias, producto de las causas que seguimos acumulando hasta que ya no haya país, hasta que los vende patrias se salgan con la suya y para no ser mexicanos solo basta que adopten otra nacionalidad hinchados ya de riquezas…?

Si el karma nacional prevalece, sólo nos queda por esperar a un iluminado, a alguien que haya reencarnado en esta época para cambiar el rumbo de nuestra nación, que fustigue y neutralice a los enemigos de la patria -vergonzosamente mexicanos- tal como lo hiciera Cristo o Gandhi, que cambiaron los derroteros de la humanidad con su filosofía y su persuasión, para que los que oigamos su mensaje podamos continuar con la misión perfectible de tener un mejor país; a la par que como individuos, llegar hasta ese ser superior que en un tiempo inmemorial echó a andar una maquinaria llamada karma. Un ser superior que sólo observa, pero no castiga.