NO LUCHARON PARA ESTO…

Antes, las injusticias cometidas en contra de la incipiente clase obrera del siglo XIX eran el mayor oprobio hacia la humanidad de la época moderna. El nacimiento del capitalismo a raíz de la industrialización de los países europeos trajo consigo una nueva forma de explotación del hombre por el hombre.
Los sistemas de producción imperantes provocaban la alienación del obrero no sólo por las lapidarias jornadas laborales a las que estaba sometido, sino por su corrosiva mecanización que mutilaba el proceso mental e inventivo del trabajador al estar gestando un producto.
De hecho, más que atacar la voracidad del sistema económico capitalista, lo que el comunismo resaltaba como raíz de esta alienación y motivo central de su sistema, era la pérdida de humanización en el proceso productivo al no ser retribuido salarialmente de manera justa en el desgastante proceso de dar manufactura a un producto.

El filósofo, economista y periodista alemán Karl Marx (1818-1883), con su aporte histórico a la humanidad por su influencia en el futuro económico mundial, trajo consigo también injerencia en otros ámbitos en todas las sociedades del orbe. La polaridad a la que estamos sujetos los seres humanos desde nuestros orígenes dio lugar a la encarnizada lucha entre capitalistas y comunistas. También en el arte y la cultura y sobre todo en la religión, tradición milenaria a la que Marx imputaba el atraso intelectual y educativo del hombre, dejó huella indeleble.
La explotación de la clase proletaria y las vejaciones a las que estaba determinada, pronto tuvieron una reacción por parte de líderes natos e intelectuales que empezaron a fraguar un sistema de defensa y justicia para tan vulnerable estrato social, sólo un escalón arriba del lumpen proletariado, conformado por indigentes, prostitutas y trabajadores eventuales.

En el teatro, Bertolt Brecht (1898-1856), poeta, dramaturgo, periodista y gran director de escena, fue uno de los más grandes revolucionarios de la escena y del mundo. Su teatro fue la gran iluminación del intelecto y del conocimiento que contrarrestó de manera heroica a todo un sistema caduco y oscurantista que solo beneficiaba a unos cuantos pertenecientes a las clases burguesa y pequeño burguesa.
Su dramaturgia fustigaba de manera reveladora la miseria espiritual de los ostentosos y la miseria circunstancial del proletariado menesteroso, resaltando a través de recursos metafóricos y expositivos las historias que no promovían la empatía con los personajes y sus vidas intricadas y lacrimógenas, sino la transformación hacia una sociedad más humana, preparada y educada. El teatro científico y político de Brecht, trajo consigo una rivalidad hasta hora injustificada con el teatro de otro teórico y quizá el más famoso director de nuestro tiempo: Constantin Stanislavsky.
En el teatro de Stanislavsky las unidades de tiempo, lugar y espacio que Aristóteles planteó en su Arte Poética, dominaban por pertenecer al estilo realista de la época en la que Rusia fue gran exponente con escritores como Gogol, Máximo Gorki, Andreyev , León Tolstoi; sin olvidar a Antón Chéjov y a Fedor Dostoiewsky.

Bertolt Brecht tenía una radical aversión a todo lo que producía empatía emocional y sentimental en la escena. Decía que eso hundía más al espectador en el marasmo y la paralización; que le impedía ser una agente de cambio, de transformación de su sociedad.
Las escenificaciones brechtianas rompían con las mencionadas unidades aristotélicas para mantener al público pendientes de la historia, no de los personajes. Con saltos de tiempo y con actuaciones que comúnmente iban acompañadas de recursos visuales como máscaras, elementos de utilería e iluminación sobre expuesta, Brecht constantemente recordaba a los asistentes que se encontraban en el teatro y no frente a una ilusión o reproducción de la realidad de manera naturalista como lo hacía el teatro de Stanislavsky. De ahí su marcada rivalidad que fue comúnmente propagada por los adeptos de uno y otro sistema de escenificación.

Uno de las invenciones más características de Brecht como demiurgo es el “Verfremdungseffekt” o “Efecto de distanciamiento” en el que personajes o efectos teatrales planteaban siempre una límite entre lo que se estaba representando y la objetividad del público hacia lo representado. Es decir, el público no estaba viendo una reproducción de la realidad, sino una realidad que debería ser y así estimular el cambio político y social a partir de cada uno de los asistentes.
Brecht desde su trinchera de lucha pugnó por la equidad social y económica; por la justicia y sensibilización de la clase que poseía los medios de producción como de la clase que poseía la fuerza de producción.
Ahora, si existieran Brecht o Marx, tendrían que luchar contra lo que ellos defendieron; pues aquellos trabajadores que antes eran vejados y humillados con salarios míseros, ahora se han transformado en depositarios de las más infames canonjías que hoy ostentan debido a la mayoría de los sindicatos actuales. Trabajadores con más beneficios pero sin cultura y conocimiento; con una cultura pero de la intriga y la rebatinga escalafonaria en la que la ética personal se deja a un lado para poder ir de acuerdo al axioma mexicano: “Vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error”. Esta premisa es el origen de nuestros males nacionales.

Aunado a esta manera de existir se agrega el infame parapeto de la religión católica -por su poder trasnacional-, el empleado u obrero de hoy vive en una mezcla de descarado influyentismo tanto en el plano laboral como en el religioso, propiciando con ello una pereza cultural y espiritual al tener asegurado el dormir y comer sin más aspiración que aumentar sus canonjías.
Karl Marx al hablar de las ignominiosas cómplices que a lo largo de la injusticia humana se ha apoyado siempre mutuamente en los pudientes y en los vulgares influyentes de baja categoría, sentenció lo siguiente: “La miseria religiosa es, por una parte la expresión de la miseria real y, por la otra, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, así como es el espíritu de una situación carente de espíritu. La religión es el opio del pueblo”.