Las mariposas nocturnas, irremediablemente se calcinan cuando siempre están bajo la influencia de una misma bombilla…

Uno de los grandes y absurdos atrasos del teatro en la región, ha sido la descalificación -muchas veces de manera arrogante e irresponsable- que nos hacemos entre los teatristas.

Esta disfunción conductual no respeta edad, sexo, condición social ni coeficiente intelectual… por muy alto que sea.

Si bien, algunos que nos tomamos el atrevimiento de dirigir obras de teatro resultamos ser pretenciosos o flacos en nuestros montajes, la educación, la objetividad y la sana intención de mejorar nuestro quehacer con nuestras opiniones y críticas, debe prevalecer.

Siempre he sostenido que cuando se hable con la verdad y de manera honorable, se podrán abatir los resquemores, prejuicios y rencores inútiles que se desatan debido a una bien o mal planteada crítica, propiciando así una mejor concordia y compañerismo auténtico entre los que hacemos teatro.

Cada director escénico en la Laguna ha labrado un camino de acuerdo a sus circunstancias personales y ambientales. Hace el teatro que siente, quiere y puede. Con diferentes propósitos, pero muy válido. Cada uno de ellos con un sello característico; con el deber de estar conscientes de sus propios alcances, y de si esos alcances pueden ir más lejos artísticamente hablando si su teatro así se lo pide.

Lo más importante de todo sea cual fuere nuestro estilo, guste o no, es que se reconozca la obtención de una calidad decorosa en nuestros montajes para que nos instigue a seguir mejorando.

Por otra parte, las personas que acuden a nosotros con la inquietud de adentrarse al ámbito escénico y que quieren develar los misterios de la actuación y del hecho dramático a nuestro lado, son finalmente teatristas en cierne que merecen una educación teatral responsable y objetiva; que diluya ese absurdo atraso del cual hablo. Que se erradique esa sobre estima que se vuelve perniciosa en algunos grupos diletantes, escolares y amateur que forman el grueso del censo teatral en la Laguna y que los hace caer en un innecesario y hartante chauvinismo, provocando una estulta intolerancia para con otros grupos.

Es irritante observar como algunos maestros y directores crean un sentimiento sectario entre sus alumnos. La restricción y el chantaje que imprimen a sus agrupaciones son el camino seguro a una nimia preparación con efecto bumerang tanto para el actor como a su director.

Claro que también hay estudiantes de teatro que lo que inconscientemente buscan es una figura predominante a quien admirar, olvidando el objetivo primordial de su incursión en este arte; dejando a segundo plano su superación y viviendo a expensas de la trayectoria de su maestro. Nada más ingenuo y peligroso.

Son como esas mariposas nocturnas, que irremediablemente tarde o temprano se calcinan cuando siempre están bajo la influencia de una misma bombilla… su atrayente luz genera en ellas un desequilibrio que, en cambio, no se da con la luz natural y lejana de la luna o de las estrellas, que es la que les ayuda a orientarse mientras existen.

Al encontrase con la luz artificial de un foco o lámpara cercana, su sentido de navegación se confunde y quedan atrapadas en un solo fulgor que finalmente les desgastará el poco tiempo que tienen de vida.

Por supuesto que es importante que una agrupación tenga sentido de pertenencia y esté cohesionada. Con una ideología como columna vertebral. Pero también lo es que cada uno de sus integrantes aproveche las diferentes opciones que hay para lograr cierta preparación en las diferentes disciplinas que el teatro involucra…sea dentro o fuera del terruño.

Un buen integrante –en nuestro contexto- es aquél que aprende lo mejor de cada maestro que tenga y lo comparte con su director escénico o de grupo y con sus demás compañeros. No debe tener miedo a represalias laborales, sentimentales y a chantajes; porque eso es una de las tantas causas por lo que el teatro en nuestra región no evoluciona.

Por fortuna, ha habido alumnos que se han zafado de ese injusto yugo y que ampliaron sus horizontes con otras propuestas de aprendizaje y de creación. Por lo general se avizoraban brillantes y al poco tiempo dan muestras de ello; gracias a la libertad con la que se procuraron algunas herramientas para ser mejores.

Caso contrario de otros que se antojaban para excelentes actores y que permanecen estancados; con la madurez encima y aun formando parte de grupos básicamente integrados por adolescentes. Pero en fin, también es válido si el teatro lo siguen haciendo como diletantes; claro, sin que intenten cruzar la muy trasgredida frontera del teatro con aspiraciones.

Es por eso que los que tenemos un poco más tiempo en la actividad teatral, seamos responsables y más conscientes que los estudiantes de teatro no son de nuestra propiedad; que si comparten un ideal con nosotros, no significa que no puedan aprender cosas nuevas en otra parte además de lo que aprendan en su propio grupo.

Si les hemos enseñado una sólida ética teatral, no descalificarán a sus compañeros; podrán trabajar en conjunto con sus colegas teatristas bajo la batuta de diferentes directores o maestros, enriqueciendo aun más su incursión por el arte escénico.

No hagamos que nuestros estudiantes de teatro sean como esas mariposas nocturnas que finalmente se calcinan con la luz egoísta de nuestra bombilla. Permitamos que vuelen libres bajo la tutela y generosa luz de la luna y las estrellas…