En días pasados, los inquietos estudiantes de la Licenciatura en Administración de Empresas Turísticas de la U.A.L., encabezadas por su maestra Nancy Ramírez, me invitaron a hacer un viaje en el tranvía turístico de la ciudad de Torreón y visitar algunos de los lugares misteriosos y encantados.

Acompañados por varios profesores, emprendimos la aventura nocturna -tenía que ser así- a bordo del trasporte turístico conocido como “tranvía”, para visitar el Canal de la Perla, el Museo del Ferrocarrril y regresar a la universidad.

En los distintos lugares, los estudiantes presentaron damatizaciones de leyendas urbanas, aprovechando los escenarios naturales y utilizando vestuarios de época, siempre demostrando las capacidades desarrolladas para su futura vida profesional.

Escenificaron la versión lagunera de Romeo y Julieta, vivida por Juan y María, enamorados que no pudieron consumar su amor por la oposición del padre de ella, que ahogó al muchacho, desilucionando a la hija; también nos hicieron vivir la historia de la cubana y la viruela negra, cuyo fantasma aún espanta en las calles céntricas de Torreón; recordaron a la aparecida del kilómetro 11-40, bella mujer que se presenta ante los viajeros pidiéndoles un aventón a la Perla de la Laguna; por último, el de la engreida Josefina, quien llena de soberbia rechazaba a los jóvenes laguneros que la pretendían y que, en semana santa, decidida a divertirse, asistió a un baile y concedió una pieza a un apuesto bailarín que resultó ser el mismísimo demonio, quien le marco la espalda con una quemadura en forma de mano.

Indudablemente la creatividad de nuestros muchachos universitarios, tomando ideas de otras ciudades y con el apoyo que les brindan sus maestros, dan para más que los simples objetivos académicos planteados; son, sin duda, alternativas para promover el turismo regional, oportunidad a la que debían estar atentos y aprovecharla hoteleros y promotores de la región, necesitados de actividades recreativas para visitantes en planes de negocio.

Ahí queda la información.

En la presentación del libro: “Habla el Desierto”, Don Antonio Irazqui y de Juambelz, escribió: “Son las leyendas parte importante de la cultura de un pueblo. Conforme una comunidad avanza en el tiempo y va formando su historia, junto a ella aparecen las leyendas, sucesos extraordinarios que se transmiten de padres a hijos, de generación en generación, relatados en la misma mesa o en la reunión de amigos, hechos inexorables, que a todos atraen porque conjungan lo real y lo mágico”.

En el citado documento, aparecen historias que nos hablan de las creencias de los laguneros, como la de Rubén Rodríguez, que narra las apariciones del Dr. Ceballos, médico de principios del siglo anterior, radicando en Matamoros, Coahuila, que después de fallecido sigue haciendo curaciones y expediendo recetas a los enfermos; otra versión del fantasma del kilómetro 11-40, del Bulevar Miguel Alemán, de Gómez Palacio, Dgo., afirma que, al parecer, pertenece a una jóven judía, que murió en un accidente automovilistico, según cuenta Mario Sergio Mijas Gómez.

El Dr. Manuel Estrada Quezada, también contribuyó con su historia: la de la monja que se presentaba a darle el medicamento a los enfermos hospitalizados en el antiguo Hospital General, particularmente como una llamada de atención a enfermeras que desatenden sus obligaciones, por quedarse dormidas durante la guardia de la noche.

Habrá que agregar historias de Tlahualilo, como la Prisciliano, tío de Celso Cortinas, recopidada por Horacio Omar Briano Martínez, quien al recibir la oportunidad de tomar el tesoro de una cueva y ante la alternativa de “todo o nada”, debió renunciar a la fortuna por el exceso de peso; o el “Fantasma del “Curro”, de la ahora Ciudad Juárez, Dgo.

Esas y otras historias, son la manifestación cultural; de las creencias, tabúes y temores de nuestros pobladores, que de fondo, reflejan nuestros sentimientos hacia la muerte, tema que nos ocasiona curiosidad, desconcierto y hasta temor; en todas queda un mensaje claro: portarse bien y evitar hacer el mal; reconocer lo negativo de la avaricia, el abuso o la violación a los derechos de los demás; “pecado” que nos puede ocasiona la muerte y la consecuente pérdida del alma.

El inolvidable Don Emilio Herrera, en el prólogo del citado documento promovido por el Siglo de Torreón, en 1995, escribió: “nos motivó el interés por conocer las historias que cuentan nuestros pueblos y ciudades, así como el deseo de incrementar el amor por nuestras propias raíces”.

Es evidente que nuestra región, con una cultura propia en formación, ya es rica en historias y leyendas que alimentan nuestros usos y costumbres, favoreciendo la identificación de sus habitantes, que desde siempre se han caracterizado por el trabajo, valor, esfuerzo y alegría por vivir, aún con sus padecimientos sociales.

Como esas, hay otras historias y sin duda usted debe conocer algunas, que bien puede compartir con los demás.