“De eso ya la lluvia lagunera y su polvo borraron muchas huellas, lo único que queda indeleble, son testigos mudos que se mecen y bailan al ritmo del viento, soportando el frio, la sequia, el maltrato y hasta la indiferencia de la gente”

Germán González Navarro, sin duda uno de los pocos hombres que en verdad podemos decir que venció el desierto en la Región Lagunera y no sólo lo venció, sino que lo moldeó y lo dejó para la posteridad.
Germán proviene de una dinastía de filántropos y la historia reciente nos dice cuando su padre Don José González Calderón, fundó el Bosque Venustiano Carranza, de eso ya la lluvia lagunera y su polvo borraron muchas huellas, lo único que queda indeleble, son testigos mudos que se mecen y bailan al ritmo del viento, soportando el frio, la sequia, el maltrato y hasta la indiferencia de la gente; Los árboles. Época cuando gobernaba el General Pedro V. Triana, entonces Germán tenía entre 13 0 14 años, desde ahí ayudando a su padre a plantar árboles Germán entendió que en la Laguna en particular y en su lucha por esta tierra no había lugar para cobardes y decidió llegar a la meta, como desde hace tiempo llega en todas las justas de atletismo en que participa.
Germán es tercero de siete hijos del frondoso tronco familiar González/Navarro; José de Jesús, Urbano Luis, Enrique, Jaime, Guillermo y Esther. Germán nace con los relámpagos del mes de agosto hace 85 años (a esta fecha).

Su vida es la de un triunfador, no para hacer dinero como en la actualidad se mide a los hombres, Germán es de otra cepa, es una palmera que no se quiebra, sólo ante los vendavales de la vida se balancea y logra sobrevivir, su figura quijotesca sobresale e impone presencia, tiene la dicha de deslumbrar con su humildad y sencillez en su conversación, rasgos ahora extraviados y perdidos en la gente soberbia y pedante, don Germán lo hace todo, sin clamores, ni conmociones, lenta y dulcemente resuelve situaciones que parecen abrumadoras y que él ha ido fundiendo y resolviendo poco a poco.
En plena carrera, cada paso a trote, simplemente caminando o sólo paseando, los atletas o los paseantes que ocurren al bosque Venustiano Carranza están sin saberlo en la mayoría, brindando una sonrisa de agradecimiento a este hombre y a la familia González Navarro y cuando el sol aprieta y el calor manda en esta tierra norteña, en cada sombra de esos milenarios arboles, esta la firme raíz como una firma indeleble de Don José González Calderón padre de Germán.

CONTEXTO HISTÓRICO
Don Germán nació para trabajar, para estar siempre en movimiento y, como el mismo lo recuerda, con tres pesos diarios comenzó a trabajar, $ 90,00 pesotes, casi cien al mes lo alentó a soñar y creer en la gente y en sí mismo. Corría el año de 1944 de ahí toma la dura decisión de ahorrar y para unos dos o menos años forma su propio negocio; una Tienda Popular, la número 29 en aquel entonces del viejo reciente Torreón, su historia en los negocios son fracasos, luchas, sudores, tomar decisiones al instante, caer, levantarse, seguir, buscar opciones, siempre hacia adelante; con la fe y confianza en Dios, en la carrera de la vida. Siempre dando gracias a Dios por su “mujercita” como llama a su esposa Consuelo “Chelito”, que al igual que sus hijas, hijos y nietos son la adoración de este hombre y como ejemplo hace poco participaron y más que participar compitió en la carrera de 10K tres generaciones, él, su hijo Guillermo y su nieto Mateo. Son incontables los maratones y carreras cortas, medianas, largas y extra largas entre las que está el correr 24 horas continuas en las que este larguirucho hombre ha participado a nivel nacional e internacional.
El bosque Venustiano Carranza con sus milenarios arboles es la constancia de una familia lagunera, el recreo de miles de niños, jóvenes y adultos, es el más grande y único pulmón que hay en Torreón , es el fruto de millones de aves que empollaron y siguen anidando en sus ramas…Es además una lástima que en Torreón y en la misma región lagunera, no existan familias con tanta filantropía como la familia Gonzales Navarro y que en vez de llenarnos de tiendas y megacomercios, de fríos edificios públicos y particulares, estadios particulares y oscuras y sucias calles rellenas de asfalto, nadie ha movido un dedo, ni por la sociedad, ni particular como una vez lo pregonaron por ahí algunas grandes empresas ( peñoles, y cementos ) de hacer otro bosque, por otro lado, esperar que la clase política pugne por otro lugar como este para esparcimiento, pues es esperar a que las vacas vuelen o a las gallinas les salgan dientes.
Para Don Germán González Navarro la vida sigue siendo un juego y cada día la juega—La vida es una carrera—dice –Y el cielo la meta–.

Sugerencias y comentarios; kinotre@hotmail.com