Comenzaré con una cita de Aristóteles que se aproxima al concepto de sentido común: “La vida intelectual se origina en el conocimiento de las cosas particulares a través de los sentidos del cuerpo. Una vez que logra fraguar determinado número de captaciones lógicas similares, el alma aprehende la primera idea universal, pues aunque el acto de percepción sensorial sea particular, su contenido es universal”. El sentido común es, pues, el juicio práctico que proviene de la experiencia; del conocimiento que tengamos a la mano de las cosas; así como también, de la intuición o corazonada que nos indica cómo decidir y actuar en determinadas circunstancias o momentos de nuestra vida cotidiana. La necesidad es la carencia de algún bien que requerimos realmente para poder subsistir, así tenemos necesidades básicas como la comida, vestido, medicina, educación, entre otros. Pero también se nos presentan necesidades ilusorias, son aquellas que realmente no necesitamos, y sin embargo, muy seguido nos la presentan como algo que tiene que ser cubierta para andar a la moda o actualizada a la vida moderna.

El sentido común en la actualidad, como que se soslaya, pues frecuentemente hacemos caso omiso de él; es más fuerte lo que la cultura popular nos indilgue, en detrimento de nuestra necesidad real. Tan sencilla que es la vida al emplear el sentido común, eres tú mismo, no necesitas parecerte a alguien. De esto se desprende, que el sentido común está en relación con la realidad que te rodea; eres consciente de tu existencia y consciente de la existencia de las cosas, del otro, de la naturaleza, de la cultura, entre otras cosas. El sentido común apertura brechas al tener relación auténtica con tu entorno, pero también, al profundizar en tu interior, sabes que puedes ir más allá de tu horizonte, pues sabes que éste se mueve conforme vas logrando metas y objetivos, y así se enriquece ampliamente aquél. Y lo que parecía una utopía es algo que se realiza: así, Cristóbal Colón pudo realizar su travesía a la que todos le decían que estaba loco; pero él, supo combinar sus conocimientos y su experiencia de marino, con la corazonada de que podía cuajar su idea de llegar a las indias, lo cual no fue así, pues llegó a otro mundo desconocido para el europeo.

Al ser arrojados al mundo, las primeras necesidades reales son la protección y cariño de nuestros progenitores, atención en la alimentación, salud y cobijo ante las inclemencias del tiempo. Desde ese momento, recibimos las manifestaciones de la cultura familiar, las cuales son inmediatas y reales para nuestra existencia. Cuando inicia nuestro principio de realidad, empezamos a través de nuestros sentidos a percibir que es lo que existe en el hogar – muebles, piezas de que consta la casa, persona que te rodean, entre otras -, y algo muy importante, lo que nos dan de comer, se forma en nuestro paladar el gusto en la dieta alimenticia. Como todavía no sabemos distinguir qué alimentos son nutritivos, de los que no lo son, nos inclinamos de inmediato por aquellos que son un deleite para nuestro sabor, por ejemplo, productos insustanciales que nos ofrecieron por accidente o ignorancia de parte de las personas que nos protegen. Desde ese momento, se distorsiona el sentido común; y aquí es donde se empieza a falsear la realidad. Me ha tocado ver en el urbano, como niños de dos años van con su mamila llena de refresco de cola y bolsa de papitas; otros, en sus casas piden a gritos los famosos dulces y le hacen el feo a la fruta y con mayor razón a las verduras; ¿qué tipo de dieta se cultiva para el futuro de estas generaciones?

Actualmente, en las familias la mayoría de las madres trabajan, pues ya no se completa para el gasto familiar con lo que ingresa el esposo, así que no hay otra, más que dejar al infante con la abuelita o algún pariente, y la televisión es el mejor entretenimiento para el niño o niña, con programas especiales para ellos. Por lo que los productores de programas infantiles en conjunción con los diseñadores de los guiones respectivos, trabajan a mil por hora para lanzar al aire diversas series que muevan la sensibilidad instintiva, que despierta la violencia o cosas banales no sustanciales al gusto estético y moral; además, en los intermedios les introducen publicidad de juguetes con tendencias a la agresión. Se distorsiona de nuevo la realidad, se distancia así, del sentido común.

En esos dos aspectos mencionados –gusto por la comida debilitada y videos infantiles-, en la década de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado, era comida y bebida sencilla y saludable. Me acuerdo que a la hora de recreo, corríamos a nuestra casa a comer tortilla con sal o frijoles y un vaso de agua; por la noche los que tenían radio a escuchar la radio- novela con un mensaje social de acuerdo a la época, así escuchábamos “Corona de Lágrimas” o “Chucho el Roto”, entre otras, cada receptor daba rienda suelta a su imaginación: al escuchar correr el agua por el arroyo, los grillos cantar, el galope del caballo, el sufrimiento de la madre por causa de la incomprensión del hijo. Se sentía que el espíritu se enlazaba con el escenario auditivo del programa. El sentido común relacionaba los sonidos y el mensaje afectivo de la radio-novela, tal como ocurría en la vida real, -había personas que soltaban las lágrimas-. ¿Por qué? Sencillamente, porque eran ruidos naturales que se escuchan en el campo y las escenas conmovedoras las relacionaba con su vida; es decir, estos programas reproducían fielmente lo que pasaba en la realidad. El interior se relacionaba con el exterior.

Actualmente, el exterior a través de la mercadotecnia, te insertan constantemente a tu interior lo que no necesitas, no hay relación alguna con tus necesidades reales, se fomentan las necesidades ilusorias; ¿cómo hacerle para contrarrestar el bombardeo de estas fantasías negativas que tendrán consecuencias funestas en nuestra manera de concebir el mundo?; ingesta de azúcares y grasas excesivas que contribuye a formar triglicéridos, colesterol, lo cual no favorece a un buen metabolismo, puesto que los órganos vitales como el hígado, páncreas en un determinado tiempo, no van a poder resistir el embate de la comida y bebida insustancial: sobreviene la desnutrición, por ende, faltos de atención, desgano, indiferencia, poca imaginación y deficiente actividad cerebral. Pues con la televisión y ahora con el internet, se piensa menos o muy poco, no existe creatividad; y todo esto lo enfrentan los padres y mayormente los maestros. ¡El sentido común se está perdiendo señores! ¡La afectividad se abandona en la familia!

Las familias que económicamente están bien, pueden tener un televisor en cada pieza, para que cada miembro de la familia pueda ver su programa favorito: los adultos para ver el reality schow, programas que humillan la dignidad humana con voces altisonantes; o bien, telenovelas con mujeres histéricas, al espectador le despiertan el morbo, y esos mensajes ilusorios, el o la televidente los quiere reproducir en su vida real. Los jóvenes interesados en ver programas que tratan sobre las celebridades, para estar al tanto de lo que le sucede al actor o cantante de moda, y poder imitar estereotipos falsos. Hago la aclaración, no soy moralista ni pretendo serlo, únicamente analizo lo que pasa con el sentido común. Lo que usted quiera, pueda y deba ver, comer y beber, es asunto totalmente suyo.

Por la pérdida gradual del sentido común, a consecuencia de las necesidades ilusorias, no analizamos las situaciones que se nos presentan en la vida real: compra de mueble, electrónico ¿es necesario?, a comprarlo, pero no porque la televisión te lo esté restregando cada cinco minutos, o porque el vecino lo tenga. Ingerir bebidas milagrosas, alimento adecuado a tu organismo, ¡adelante! Pero no porque te lo esté anunciando los deportistas famosos; las empresas que fabrican estos productos, aprovechan la imagen de esos personajes muy apreciados por su fama en el deporte, lástima que ellos se presten a las argucias de la mercadotecnia de las industrias trasnacionales. Educar a sus hijos ¿en la pública o en la privada? La pública no, porque allí estudia la prole; y en la privada se va a relacionar con gente pudiente. El sentido común te indica que debes hacer un alto, y analizar, en cuál de las dos debe estudiar tu hijo o hija. Tanto en la pública como en la privada se cuentan con maestros excelentes, muy buenos, buenos, regulares y mediocres. Por lo que se debe reunir información y balancear tus ingresos y egresos, qué es lo que más conviene. Porque si tu capacidad económica no resiste las enormes colegiaturas cuatrimestrales, ten por seguro, padre de familia, que en un futuro no muy lejano puede venir un infarto y adiós mundo cruel.

¿Momentos electorales?, el sentido común debe analizar correctamente qué candidato es el idóneo. Examinar atentamente qué proyecto de nación presenta cada uno de los candidatos, qué personas más cercanas le rodean, trayectoria, pensamiento e ideología, es la que más se aproxima a la auténtica realidad; y de ahí, aplicar el voto apropiado a tu sentido común; no lo que enuncien y despotriquen en las campañas estos personajes; no lo que te puedan ofrecer como dádiva, como si fuésemos personas carentes de inteligencia, y lo que es más importante ¡tu dignidad!; no necesitamos que nos distorsionen la realidad, es nuestra situación individual y colectiva, es ¡nuestro México!, el que hay que salvar de políticos depredadores que sólo piensan en sí mismo, en su familia y partido, porque para ellos, ¡las necesidades reales del pueblo les vale un cacahuate!

El sentido común te puede resolver problemas concretos que se presentan en la vida cotidiana, en lo económico, político, social, cultural y natural. Aclaro, para ir más allá del sentido común, es menester entrar en otra fase que es la investigación científica, pero esto equivale a tener la metodología apropiada de acuerdo a la problemática a resolver. En la vida ordinaria, es aplicar el sentido común, y no dejarte llevar por las fantasías que te impone el otro, las trasnacionales, a través de las herramientas mediáticas que nuestras autoridades permiten de acuerdo al libre mercado y libertad de expresión. Ser dueños de nuestro propio destino, es la fórmula sencilla.