PRIMERA DE TRES PARTES

La alimentación humana tiene sus bases en los productos de la agricultura; al derrumbe de ésta, ninguna civilización sobreviviría, eso queda totalmente claro. La evolución de la humanidad gira precisamente en la actividad agrícola que han sostenido y sostienen los diversos pueblos del mundo. Así se clasifican culturalmente éstos, de acuerdo a la producción y consumo de sus granos, ejemplo, la de México es la de maíz y frijol, la de los europeos es el trigo, los asiáticos es el arroz. La agricultura fue el fundamento para el desarrollo cultural ulterior de las grandes civilizaciones. Este desarrollo ha tenido sus variaciones en los pueblos a través del tiempo. Unos crecieron económicamente en forma vertiginosa, tal vez porque descubrieron el lucro, la ganancia, como fundamento para la acumulación originaria del capital y a raíz de eso, se inventaron nuevas formas de relación social de producción; otras culturas, como la nuestra, en el periodo prehispánico se trabajaba con relaciones comunitarias de producción; la producción se destinaba para las necesidades del pueblo y no para la ganancia.

Esta diferencia de pensamientos en las diversas culturas, trajo aparejadas diferencias en el crecimiento económico y desarrollo social de los pueblos, así surgen las clases dominantes en el sistema económico del lucro, con esto nace el mercado y por consiguiente la competencia, tanto en el volumen de producción como en la calidad de la mercancía, se inventan productos innecesarios para necesidades ficticias. Es evidente que el mercadeo de mercancías requiere de la investigación científica, había que inventar procedimientos técnicos más sofisticados, que acelerara la producción y expandir el mercado; en el siglo XV para el europeo el tiempo era finito y el espacio lo concebían infinito; para las culturas del nuevo mundo el tiempo era ilimitado pero el espacio era finito, así es que no se arriesgaban a salir más allá de las costas, era una cosmovisión cerrada, ligada a lo sagrado. Como lo dice Marx en su Economía Política, el europeo le encontró a los productos el valor de cambio, mientras que los indígenas, el valor de uso era el primordial.

Con estas concepciones divergentes, es obvio la diferencia en el crecimiento económico de los pueblos, y con ello, el impacto en la productividad y en todos los ámbitos de la vida social. Se vislumbra de hecho, la problemática alimentaria que nos ocupa en este tema: técnica sofisticada de la explotación agrícola en unos, contra la técnica tradicional de los pueblos sometidos a la colonización. Aunado a esto, la problemática de la tenencia de la tierra. En México, lo alimentario tiene diversas variantes: histórico social, económico, jurídico, político, técnico y ambiental. Estos aspectos tienen sus propios antecedentes, desde la época prehispánica, la colonia, independencia, porfiriato, revolucionario y posrevolucionario, hasta lo actual. Trataré de abarcar en forma sintética, dos o tres fases históricas del problema alimentario que nos ocupa:

PREHISPÁNICO Y LA COLONIA

Las diversas culturas indígenas tenían en común una forma en la tenencia de la tierra, y por consiguiente, con la agricultura; la tierra estaba distribuida de acuerdo a su cosmovisión sagrada, así, se tenía tierra para los reyes, a los sacerdotes, nobles, guerreros y la comunidad llamada calpulli. La tierra era la gran dadora de su estar en su existencia, se sentía un lazo indisoluble con el individuo, la comunidad, la naturaleza y con los dioses. Más que un derecho agrario como se conoce actualmente, existía una normatividad fundada en la costumbre y la religión. Netzahualcóyotl emitió la “Leyes de oro” (Alva Ixlixochitl,1973), dentro de las cuales se encontraron ciertos decretos, entre otros: los excedentes de la cosecha eran almacenados en bodegas oficiales para cuando hubiera escasez, a causa de sequías, heladas o inundaciones; era castigado en forma rigurosa aquel individuo que comerciara en tiempos precarios. Los reyes distribuían el grano en forma equitativa a la población, ¡cuánta sabiduría contenía los gobernantes para con sus gobernados!, se actuaba con rapidez y con energía, se reglamentaban los precios y había honestidad en las transacciones; pena de muerte se aplicaba a quienes no cumplían con las normas establecidas.

A la llegada de los españoles y al término de la conquista, se llevó a cabo la primera reforma agraria: ¡el despojo arbitrario de la tierra!. Ahora, la tenencia de tierra se distribuía de acuerdo a las nuevas instituciones agrarias traídas de España: la Encomienda, las Capitulaciones, el Repartimiento, entre otras. Así se premiaba a los españoles que participaron exitosamente en la depredación continental. En las primeras décadas después de la conquista, estos invasores se tuvieron que acoplar a la dieta alimenticia indígena: frijol, maíz, calabaza, chile, entre otras. Aquí comienza el mestizaje gastronómico en esta historia avasalladora. Porque posteriormente se trajo de España, el trigo, avena, centeno, naranja, limón, la vaca, el caballo y el asno.

Se implanta una nueva cultura de explotación de la tierra, pues se trae el arado, el azadón, la pala y la hoz; se enfrenta lo tradicional, con la técnica europea, se reemplaza la coa por los nuevos instrumentos de labranza, se planifica la irrigación. La producción se encamina a una agricultura comercial, se inicia otro modelo de productividad agrícola. Con la agricultura intensiva, se esquilman los suelos de nutrientes, se intensifica la deforestación, y se despoja a los indígenas de las mejores tierras. En el cambio de lo tradicional a la modernización, comienza la acumulación originaria del capital y de bienes; de acuerdo a la nueva legislación agraria, se introduce un nuevo concepto, desconocido totalmente por los indígenas, el de la propiedad privada.

Las cosechas son destinadas a la población, pero a través de una nueva forma, el de la mercantilización de los productos. Se deja sentir el hambre en el grueso de la población conformada en un noventa por ciento por indígenas y las castas, Humboldt lo refiere: “en 1784, la falta de alimentos causó enfermedades asténicas en las clases más pobres del pueblo; y estas calamidades reunidas acabaron con un gran número de adultos y mucho mayor de niños; se cuenta que en la ciudad y minas en Guanajuato perecieron más de cinco mil individuos. Se cree pasó de 300 mil el número de habitantes y perecieron en todo el reino por la fatal conjunción, de hambre y enfermedades”

Ante el gran despojo arbitrario que sufrió el indígena, así como el hambre y las enfermedades que diezmó a esta población, el indígena no se quedó pasivo – aunque la gran mayoría de los historiadores nos lo presentan sumiso, doblegado, – ¡todo lo contrario!, elaboraron códices que son documentos agrarios, donde el indígena, a pesar del despojo sufrido, registró sus propiedades (Galarza, 1986: p.15), “estos documentos fueron elaborados en la época colonial a partir del siglo XVI hasta finales del XVIII, los cuales están estrechamente vinculados con el derecho agrario, porque establecen aspectos históricos, económicos, catastros, mapas e incluso planos” En las rebeliones hubo chispazos en diferentes lugares; conforme a estudios elaborados en el Archivo General de la Nación, se calcula que solamente en la Región Norte de la Nueva España, de 1680 a 1821, se gestaron más de 550 luchas indígenas. Como respuesta a las opresivas condiciones socioeconómicas y superestructurales que imperaron durante la colonia, surgió la rebelión social de diversa poblaciones indígenas, que encontraron en el despojo agrario, uno de sus fundamentos originarios.

México y América Latina desde tiempo de la colonia han contribuido copiosamente al progreso ajeno – no de España-, sino de los acreedores extranjeros de esa metrópoli. A través del saqueo de metales, oro y plata, extraídos del Potosí, Bolivia, Guanajuato y Zacatecas en México. Si hacemos una genealogía del desarrollo económico de Europa y Norteamérica, encontramos que las naciones latinoamericanas, incluido México, no hemos sido sino soporte – más allá de la historia- económico de aquéllas. Nos ha tocado ser la servidumbre física, socavados, despojados, expoliados y explotados en la colonia, con sus variantes en las demás fases de la historia como veremos posteriormente.